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¿Hay Demonios?

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Demonio

¿HAY DEMONIOS?

 

Preguntar si hay demonios es lo mismo que preguntar si hay ángeles ya que esas dos palabras son sinónimos, según la propia Biblia existen los ángeles del bien y los ángeles del mal. La palabra "ángel" procede del latínangĕlus, que a su vez deriva del griego ἄγγελος ángelos, 'mensajero'. Luego su significado original es mensajero, y un mensajero puede ser portador de buenas o malas noticias, de buenos o malos consejos.

Los Demonios son en la tradición cristiana los Ángeles que se rebelaron contra Dios, los Ángeles caídos, liderados por uno en particular: Satanás, el engañador, el embaucador, la serpiente de La Génesis bíblica. Desde entonces fueron condenados a sufrir hasta el fin de los tiempos, eternamente, los tormentos del Infierno y a influir negativamente en las conductas de los seres humanos.

Esta misma tradición cristiana, que toma su fuente de las interpretaciones de pasajes de la Biblia, nos dice que esos Seres especiales han sido creados por Dios, desde el principio de los tiempos, perfectos en todos sus atributos. Y surge una primera pregunta: si fueron seres especiales creados perfectos ¿cómo es que cayeron en el error? Así que una de dos: o Dios cometió un error de cálculo y una discriminación con respecto a los demás seres de la creación, lo cual es imposible si Le atribuimos la perfección infinita en todos sus atributos, o no fueron creados especiales y perfectos. Si uno de los atributos que se le supone a Dios es su equidad y justicia elevado al máximo exponente, el infinito, ¿cómo es que crearía unos seres especiales, perfectos y anteriores a la Creación del hombre, mientras que los demás mortales tenemos que penar y sufrir para alcanzar una pequeña cota de felicidad? Habrían así diferentes clases de seres inteligentes creados ex profeso unos para el bien, otros para el mal y el resto para elegir entre uno u otro bando. No sería justo ni equitativo por su parte. ¿No sería más correcto pensar que no ha habido discriminación ni parcialidad, y que fuimos todos, ángeles, demonios y mortales, o encarnados en la etimología espiritista, creados simples e ignorantes con todas las perfecciones en potencia y sujetos al error en nuestra evolución personal? Esto es la respuesta que nos dan los Espíritus superiores en el “El Libro de los Espíritus” y que satisface más a la razón:

115. ¿Algunos de los Espíritus han sido creados buenos, y malos otros?

- Dios creó a todos los Espíritus simples e ignorantes, vale decir, desprovistos de ciencia. Asignó a cada uno una misión con el objeto de iluminarlos y hacerlos acercarse progresivamente a la perfección mediante el conocimiento de la verdad, y a fin de aproximarlos a Él. La dicha eterna pura reside para ellos en esa perfección. Los Espíritus adquieren tales conocimientos al pasar por las pruebas que Dios les impone. Unos las aceptan con sumisión y llegan más pronto a la meta que les ha sido asignada. Otros sólo las soportan de mala gana y quedan así, por su culpa, lejos de la perfección y de la felicidad prometida.

Allan Kardec comenta con gran sabiduría en este mismo libro, hacia el final del capítulo I, XI Ángeles y demonios: “La primera condición de toda doctrina consiste en ser lógica. Y la de los demonios, en el sentido absoluto, carece de esa base esencial”.

Este principio del mal se encuentra en todas las épocas y creencias de la humanidad. En un principio este se encontraba enfrentado al del bien, siendo dos principios de orígenes diferentes y opuestos, ya que no se entendía que el mal tuviese su origen en el bien y por lo tanto tenía que tener entidad propia. Es la creencia en el principio dual de la naturaleza, por ejmplo: el día y la noche, el Sol y la Luna, el color blanco y el negro, el calor y el frío, lo material y el espiritual, el bien y el mal, etc., tan arraigada en el común de los terrestres. Sin embargo no se cae en la cuenta que la parte negativa de esas parejas es la resta de cualidades de la otra parte positiva. Así tenemos que la noche es la ausencia de luz solar, vemos la Luna porque refleja la luz del Sol pero no tiene luz propia, el negro es la inexistencia de color y el blanco es la suma de todos ellos, el frío es la falta de fuente calorífica, la materia no se organiza sin el espíritu, y el mal es la expresión de la ausencia de bondad, etc.

Hoy encontramos en las doctrinas religiosas cristianas y musulmanas la herencia de esa tradición cultural de ángeles y demonios, de dualidad aparente. Vemos como el error se perpetúa.

Pero la doctrina espiritista ha venido a traernos algo de luz y nos explica en el ítem 20 y siguientes, cap. IX de la 1ª parte de El Cielo y el Infierno de Allan Kardec, que Satanás solo es una alegoría que representa al mal, y que los “demonios” solo son Espíritus imperfectos, estancados temporalmente por voluntad propia en su evolución, que se complacen en el error, “que están profundamente inclinados hacia el mal, y que se complacen en él”.

En este mismo libro, 2ª parte, cap. VII Espíritus endurecidos, encontramos algunos ejemplos de estos Espíritus rebeldes a las Leyes Divinas. Destacaría el primero de ellos, en el que se manifiesta de manera espontánea, en una de las sesiones de la Sociedad de París, un condenado a muerte por la justicia humana. Se sabe muerto y dice estar rodeado de luz que le “deslumbra y penetra como aguda flecha la sutileza de mi ser”. Se rebela contra “esta odiosa luz” que dice vencerá por ser fuerte mentalmente. Kardec nos comenta al final: “Este espíritu se coloca en este lugar, entre los endurecidos, porque tardó mucho en manifestar el menor arrepentimiento. Es un ejemplo de la verdad de que el progreso moral no sigue siempre al progreso intelectual. No obstante, poco a poco se ha enmendado, y más tarde dio comunicaciones sabiamente razonadas e instructivas. Hoy puede colocarse entre los espíritus arrepentidos.”

Siguen apreciaciones de algunos Espìritus, Lamennais, Erasto y Jean Reynaud, guías de la Sociedad Espírita de París, dictadas de forma simultánea a través de distintos médiums, todas ellas muy instructivas e interesantes.

Podemos concluir, apoyándonos en más de 150 años de estudio continuado de esta ciencia de observación de las comunicaciones inter-mundos, el material y el espiritual, que no hay “demonios”, tal como se conciben por las diversas doctrinas espiritualistas, eternos e irreductibles. Solo hay seres humanos malos por voluntad propia que, una vez fallecidos, siguen con la tendencia adquirida. La muerte física no trunca sus personalidades, que siguen vivas y pujantes, y que solo cambiarán de signo cuando ellos así lo quieran.

Dios, o como queramos llamarlo, en Su Inconmensurable Amor, nos da plena libertad para tomar el camino que deseemos o estancarnos en el estado que prefiramos.

 

Javier Rodríguez.