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Caridad Material y Caridad Moral 1ª Parte - ESEE

Autor: 
L. Pretti
13.12.18
Corazón hecho con las manos con fondo del Sol

9. “Amémonos los unos a los otros y hagamos a los demás lo que nos gustaría que ellos nos hicieran.” Toda la religión y toda la moral se hallan contenidas en esos dos preceptos. Si en la Tierra fueran observados, todos vosotros seríais perfectos: ya no habría odios ni resentimientos. Agregaré además: ya no habría pobreza, porque de lo superfluo de la mesa de cada rico se alimentarían muchos pobres, y ya no veríais, en los lóbregos barrios donde viví durante mi última encarnación, esas pobres mujeres que arrastran consigo a niños hambrientos a los que les falta todo.

¡Ricos! Reflexionad un poco acerca de eso. Ayudad a los desdichados lo mejor que podáis. Dad, para que Dios os retribuya un día el bien que hayáis hecho; para que encontréis, al salir de vuestra envoltura terrenal, un cortejo de Espíritus agradecidos, que os recibirán en el umbral de un mundo más dichoso.

¡Si supierais la alegría que experimenté al reencontrar en el Más Allá a aquellos a los que había prestado servicio durante mi última vida!…

Así pues, amad a vuestro prójimo. Amadlo como a vosotros mismos, pues ahora sabéis que ese menesteroso al que rechazáis, es tal vez un hermano, un padre, un amigo, al que expulsáis lejos de vosotros. En ese caso, ¡cuánta será vuestra desesperación al reconocerlo en el mundo de los Espíritus!

Deseo que comprendáis debidamente en qué consiste la caridad moral, esa que todos pueden poner en práctica, esa que no cuesta nada desde el punto de vista material y que, sin embargo, es la más difícil de aplicar.

La caridad moral consiste en ejercer la tolerancia mutua, y es lo que menos hacéis en ese mundo inferior donde por el momento estáis encarnados. Creedme, existe un gran mérito en hacer silencio para dejar que hable otro más ignorante que vosotros. Ese es también un tipo de caridad. Saber hacer oídos sordos a una palabra burlona que se escapa de una boca habituada a denigrar. No ver la sonrisa desdeñosa con que os reciben esas personas que, muchas veces equivocadamente, se consideran superiores a vosotros, mientras que, en la vida espiritual, la única verdadera, están a veces muy por debajo. Ese es un merecimiento, no desde el punto de vista de la humildad, sino desde el de la caridad, porque no prestar atención a las equivocaciones de los demás es caridad moral.

Con todo, esa caridad no debe ser un impedimento para la otra. Cuidaos, sobre todo, de no despreciar a vuestro semejante. Tened presente siempre lo que os he dicho: cuando rechazáis a un pobre, es probable que estéis rechazando a un Espíritu al que habéis querido, y que de modo circunstancial se halla en una posición inferior a la vuestra. De hecho, yo he vuelto a ver aquí a uno de los que fue pobre en la Tierra, a quien felizmente auxilié en algunas ocasiones, y al cual por mi parte ahora imploro asistencia.

Recordad que Jesús dijo que todos somos hermanos, y pensad siempre en eso antes de rechazar al leproso o al mendigo. Adiós. Tened presentes a los que sufren, y orad. (Hermana Rosalía. París, 1860.)

Kardec Allan. El Evangelio Según El Espiritismo. Cap. XIII, ítem 9.