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Educación y Desarrollo de la Facultad Mediúmnica - EEM

Author: 
Javier Serrate
Date: 
Martes, 20 Noviembre, 2018 - 11:00
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Manos envolviendo una bola de cristal
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Objetivos Específicos

  • Explicar qué es educación de la mediumnidad y cómo realizarla.
  • Esclarecer por qué debe esforzarse el médium para educar su facultad.

¿QUÉ ES EDUCACIÓN O DESARROLLO DE LA MEDIUMNIDAD?

Educación o desarrollo de la mediumnidad es el conjunto de acciones educativas dirigidas para el ejercicio correcto de la mediumnidad. Esas acciones están formadas de cursos de estudio y educación mediúmnica y en los trabajos de larga duración de los grupos mediúmnicos, existentes en las Casas Espíritas.

La educación mediúmnica es para toda la existencia, pues a medida que el médium se vuelve más hábil y perfeccionado, mejores requisitos son necesarios para la realización del ministerio abrazado. (17)

En la educación mediúmnica, a la vez que son suministradas por los Espíritus las
orientaciones, el esfuerzo y la dedicación son factores preponderantes.

EDUCACIÓN ESPÍRITA DEL MÉDIUM

El lugar más adecuado para el desarrollo de las facultades mediúmnicas es el Centro Espírita, que funciona como escuela de formación espiritual y moral.

El Centro Espírita es un núcleo de estudio, de fraternidad, de oración y de trabajo, con bases en el Evangelio de Jesús, a la Luz de la Doctrina Espírita. (14)

Para el desarrollo de su mediumnidad, el médium cuenta con el auxilio de los benefactores espirituales, bajo la orientación de su Espíritu Protector. El Espíritu protector, ángel de la guarda o buen genio, es el que tiene por misión acompañar al hombre en la vida y ayudarlo a progresar. Es siempre de naturaleza superior, con relación al protegido. (6)

Su atención junto al protegido, es siempre discreta, regulada de manera que no coaccione el libre albedrío del encarnado. (5)

El Espíritu protector puede delegar la tarea de protección a otros Espíritus, en el caso que sea necesario. Esos Espíritu pueden ser familiares del médium, con el cual tienen lazos más o menos duraderos, con el fin de serles útiles, dentro de los límites del poder que poseen, en la mayoría de las veces restricto. Sólo actúan por orden o permiso de los protectores espirituales. (6)

El protector puede permitir, también, el auxilio de Espíritus simpáticos. Estos se sienten atraídos por el médium, por afectos particulares, por una cierta semejanza de gustos y de sentimientos. Normalmente, la duración de sus relaciones es circunstancial. (6)

En el plano físico, cabe a los instructores de los cursos de mediumnidad y a los dirigentes de grupos mediúmnicos la tarea de orientar a los médiums.

El equipo de encarnados que en el Centro Espírita actúa en las tareas de  formación y educación del médium debe permanecer muy atento a la naturaleza del trabajo, para obtener de él buenos frutos. El orientador o instructor encarnado, además de su moral, debe ser un estudioso de la Doctrina Espírita y, en especial, de la mediumnidad.

La formación de buenos médiums espíritas no sólo cuenta con los esfuerzos del candidato a la tarea, mas exige segura orientación doctrinaria y ejemplos de moralidad cristiana, de los orientadores de los Centros Espíritas. Fuera de esto es como querer machacar en hierro frío: no podemos prestar orientaciones o esclarecimientos si no estamos adecuadamente preparados o si nos mantenemos distanciados del estudio. No debemos exigir manifestaciones de paciencia, tolerancia o respeto, si aún no sabemos ejemplificar tales virtudes.

La educación o desarrollo de la mediumnidad, es un trabajo para toda la vida. Comienza antes de la reencarnación, continúa en ella y prosigue más allá del túmulo.

No obstante, considerando el trabajo educativo en los límites de una encarnación, podemos definir algunas directrices básicas.

a)      Necesidad de amparo espiritual, si la eclosión mediúmnica se revela problemática.

Ante la presencia de problemas psíquicos, emocionales o físicos, es necesario que el candidato al mediumnismo (*) reciba asistencia espiritual, a su disposición en la Casa Espírita. Es preciso que primero haya una cierta armonización espiritual, antes de entregarse al ejercicio mediúmnico.

Es el momento de recibir el pase y el agua fluidificada; de participar en actividades de asistencia y promoción social a nuestros hermanos necesitados; de frecuentar las reuniones públicas evangélico-doctrinarias. El atendimiento espiritual mediante el diálogo fraterno será de gran valía. La realización del culto del Evangelio en el Hogar, así como la adquisición del hábito de orar, complementarán el trabajo espiritual, equilibrando al médium poniéndolo en condiciones adecuadas para el desarrollo de la facultad mediúmnica.

El médium necesitado de educar sus facultades mediúmnicas debe comprender que, en la fase inicial, es natural el surgimiento de un clima psicológico inconstante, de altibajos porque la mediumnidad, propiciando la interferencia de los desencarnados en la vida humana, al principio genera estados peculiares en el área de la emotividad así
como en los estados fisiológicos. Porque más fácilmente se registran las presencias de seres negativos o perniciosos, la irradiación de sus energías produce esos estados anómalos, desagradables, que pueden ser confundidos con otros problemas patológicos. (15)

El orientador espírita encarnado debe ser capaz de convencerlo de que el ejercicio correcto de la mediumnidad no ofrece ningún peligro a quien quiera que sea.

Esa educación debe tener por objeto la facultad que está aflorando, a fin de que produzca los resultados superiores a que se destina. (16)

b) Necesidad de estudio.

El médium tiene la obligación de estudiar mucho, observar intensamente  trabajar en todos los instantes por su propia iluminación. Solamente de ese modo podrá habilitarse para el desempeño de la tarea que le fue confiada, cooperando eficazmente con los Espíritus sinceros y dedicados al bien y a la verdad. (19)

El estudio proporcionará conocimiento al médium, orientándolo respecto a la naturaleza de los Espíritus que utilizarán su facultad mediúmnica y elucidándolo en cuanto a las bases de esas relaciones.

Una multitud de Espíritus nos rodean, ávidos de comunicarse con los hombres. Esa multitud está compuesta sobre todo de almas poco adelantadas, de Espíritus livianos, algunas veces malos, que la densidad de sus propios fluidos conserva presos a la Tierra. Las inteligencias elevadas, animadas de nobles aspiraciones, revestidas de fluidos sutiles, no permanecen esclavizadas a nuestra atmósfera después de la separación carnal: remontan más alto, a regiones que su grado de adelantamiento les indica. De ahí bajan muchas veces – es cierto – para velar por los seres que les son queridos; se inmiscuyen con nosotros, pero únicamente para un fin útil y en casos importantes (…). (12)

El escollo con que tropieza la mayoría de los médiums principiantes es el de tener que vérselas con Espíritus inferiores y deben darse por felices cuando son apenas Espíritus livianos. Precisan poner toda la atención en que tales Espíritus no asuman predominio, por cuanto, ocurriendo eso, no siempre les será fácil desembarazarse de ellos. Este punto es de tal modo importante, sobre todo en el comienzo, que no siendo tomadas las precauciones necesarias, pueden perderse los frutos de las más bellas facultades. (8)

c) Necesidad del auto-conocimiento y moralización.

El empeño del médium en moralizarse, en verdad, debe hacer parte del proceso global de su auto-educación. Esto es porque, desarrollada en el hombre la razón, hasta el punto de hacerle posible juzgar y discernir, él llega al período en que, por el desarrollo de su libre albedrío (…), asumiendo la responsabilidad de sus actos, le cumple tomar sobre sí la tarea de la propia educación. (9)

Lo primero, pues, que la criatura humana debe procurar es conocerse a sí misma, para saber cómo orientar su auto-educación. (…) Le cabe al mismo tiempo, conocer las cualidades que debe procurar desarrollar en sí y los hábitos viciosos y los obstáculos que pueden dificultarle en el desempeño de su tarea, hábitos y vicios que le importa destruir sin contemplaciones. (10)

Para una esmerada auto-educación, es preciso un permanente examen de conciencia, a fin de conocerse siempre, en todo momento, el estado de la propia alma. De este modo, resuelto a perfeccionarse, el individuo no pierde ocasión de estimular el desarrollo de las virtudes nacientes en sí y de ahogar los vicios y los malos hábitos que lo perjudican. (11)

Esta tarea es plenamente realizable por medio del poder de la voluntad y de la perseverancia, auxiliada por la práctica equilibrada y bien orientada de la mediumnidad.

d) Importancia del trabajo continuo en el bien.

Nada verdaderamente importante se adquiere sin trabajo. Una lenta y laboriosa iniciación se impone a los que buscan los bienes superiores. Como todas las cosas, la formación y el ejercicio de la mediumnidad encuentran dificultades bastantes veces marcadas; conviene que insistamos en eso, a fin de prevenir a los médiums contra las falsas interpretaciones, contra las causas de errores y de desánimo. (12)

En la educación mediúmnica no existen reglas fijas ni programas simples para una orientación de resultados rápidos. (16)

Es imprescindible enriquecer el pensamiento, incorporándole los tesoros morales y culturales, los únicos que nos posibilitan fijar la luz de lleno para nosotros, de las Esferas Más Altas, a través de los genios de la sabiduría y del amor que supervisan nuestras experiencias. (20)

El aprendiz de la mediumnidad debe rendir culto al deber; trabajar espontáneamente; no creerse superior ni inferior a nadie; no esperar recompensas en el mundo; no centralizar las tareas en su persona; no dejarse conducir por las dudas; estudiar siempre; evitar la irritación; disculpar incesantemente; no temer a los perseguidores en cuanto en las tareas de la caridad y del amor en beneficio del prójimo. (18)

Facultades medianímicas y cooperación del mundo espiritual surgen por todas partes. Donde hay pensamiento hay corrientes mentales y donde hay corrientes mentales existe asociación. Y toda asociación es interdependencia e influencia recíproca. De ahí concluimos en cuanto a la necesidad de vida noble, a fin de atraer pensamientos que nos ennoblezcan. Trabajo digno, bondad, comprensión fraterna, servicio a los semejantes, respeto a la Naturaleza y oración, constituyen los medios más puros de asimilar los principios superiores de la vida, porque damos y recibimos, en espíritu, en el plano de las ideas, según leyes universales que no conseguiremos eludir. (21)

El médium vigilante, incluso en el inicio de sus tareas, procura estar atento a las artimañas y a los asaltos de nuestros hermanos retardatarios que habitan el plano espiritual. Ellos no tienen escrúpulo en aprovecharse de nuestras imperfecciones para engañar.

El médium debe estar informado de que el inspirador invisible, aún preso a imperfecciones, conociéndole los lados vulnerables, le lisonjea el amor propio y las opiniones, súper-excitándole la vanidad, acumulándolo de elogios y prometiéndole maravillas. Poco a poco, desviándolo de cualquier influencia benéfica, de todo examen esclarecido, lo lleva a aislarse en sus trabajos. Es el comienzo de una obsesión, de un dominio exclusivista, que puede conducir al médium a sufrimientos mayores.

Esos peligros fueron, desde los principios del Espiritismo, señalados por Allan Kardec; pero todos los días estamos viendo médiums dejarse llevar por las sugerencias de Espíritus embusteros y ser víctimas de mistificaciones que los vuelven ridículos y vienen a caer sobre la causa que ellos creen servir. (13)

El médium debe comprender que la mediumnidad es cosa santa, que debe ser practicada santa y religiosamente. (4)

e) Necesidad de aprender a relacionarse con el mundo espiritual.

La mediumnidad no basta por sí sola.

Es imprescindible saber qué tipo de onda mental asimilamos para conocer la calidad de nuestro trabajo y de enjuiciar nuestra dirección. (21)

Por tanto, necesitamos comprender (…) que nuestros pensamientos son fuerzas, imágenes, cosas y creaciones visibles y tangibles en el campo espiritual.

Atraemos compañeros y recursos, de conformidad con naturaleza de nuestras ideas, aspiraciones y llamadas.

Energía viva, el pensamiento mueve a nuestro alrededor, fuerzas sutiles,
construyendo paisajes o formas y creando centros magnéticos u ondas, con los cuales emitimos nuestra actuación o recibimos la actuación de los otros (…). Nos comunicaremos con las entidades y núcleos de pensamientos, con los cuales nos ponemos en sintonía. (23)

f) La mediumnidad no debe ser profesionalizada.

La mediumnidad seria no puede ser y no será nunca una profesión, no solo porque se desacredita moralmente, al identificarla con los que leen la buena suerte, sino también porque hay un obstáculo que se opone a eso. Es que se trata de una facultad esencialmente móvil, que puede desaparecer, mutable, con cuya perennidad nadie puede contar. Constituiría, por tanto, para el explotador, una fuente absolutamente incierta de recetas, de naturaleza a poder faltarle en el momento exacto en que más necesaria le fuese. Otra cosa muy diferente es el talento adquirido por el estudio, por el trabajo y que, por esa misma razón, representa una propiedad de la cual es naturalmente lícito a su poseedor, obtener partido. La mediumnidad, sin embargo, no es
un arte, ni un talento, por lo que no puede hacerse una profesión. Ella no existe sin el concurso de los Espíritus; faltando estos, ya no hay mediumnidad. Puede subsistir la aptitud, pero su ejercicio se anula. (…) Explotar alguien la mediumnidad es, por consiguiente, disponer de una cosa de la cual no es realmente dueño.
(3)

g) Son pocos los médiums investidos de mandato mediúmnico.

La mediumnidad debe ser siempre entendida como uno de los instrumentos que Dios nos concede para nuestro perfeccionamiento espiritual. Mientras tanto, la práctica mediúmnica puede ocurrir bajo la forma de una prueba o rescate de actos cometidos en existencias pasadas (mediumnidad de prueba), o como misión.

Por la mediumnidad de prueba, el médium aprende a armonizarse con el bien, desarrolla virtudes morales, en el contacto con el sufrimiento de los Espíritus, que lo utilizan en sus manifestaciones. Hecho diverso ocurre con la mediumnidad de misión. En esa situación, el médium ya está armonizado con el bien. Se revela un misionero, un instrumento de renovación social en el seno de una sociedad.

El médium misionero – incluso aunque no se dé cuenta de la misión de que fue investido – es siempre un Espíritu esclarecido, superior, cuyos ejemplos se asemejan a los de un pastor conduciendo a sus ovejas. No significando esto, no obstante, que no tenga pruebas o incluso expiaciones que vencer, una vez que no es aún un Espíritu
puro.

Las misiones de los Espíritus tienen siempre por objetivo el bien. (…) Ellos están encargados de auxiliar al progreso de la humanidad, de los pueblos y de los individuos, dentro de un círculo de ideas más o menos amplias, más o menos especiales y de velar por la ejecución de determinadas cosas. Algunos desempeñan misiones más restringidas y, en cierto modo, personales o enteramente locales, como son asistir a los enfermos, a los agonizantes, a los afligidos; velar por aquellos de quien se constituyeron guías y protectores, dirigirlos, dándoles consejos o inspirándoles buenos pensamientos (…). El Espíritu adelanta conforme la manera que desempeña su tarea. (7)

Allan Kardec en El Libro de los Médiums, capítulo XXXII – Vocabulario Espírita – denomina mediumnato la misión providencial de los médiums. Es importante destacar que esa misión representa, de ordinario, una renovación social, capaz de impulsar al progreso en una determinada área del saber humano. Hecho diverso ocurre con algunas
personas, inclusive médiums, que a pesar de promover un cierto movimiento de ideas no son portadores de una misión superior.

En ese sentido, es importante recordar los caracteres del verdadero misionero, según palabras de Kardec: En todas las cosas, el maestro debe saber  siempre más que el discípulo; para hacer que la Humanidad avance moral e intelectualmente, son necesarios hombres superiores en inteligencia y en moralidad. Por eso, para esas misiones son siempre escogidos Espíritus ya adelantados, que hicieron sus pruebas en otras existencias, a la vista de que, si no fuesen superiores al medio en que tienen que actuar, les resultaría nula la acción. (1)

Siendo así, habréis de concluir que el verdadero misionero tiene que justificar, por su superioridad, por sus virtudes, por la grandeza, por el resultado y por la influencia moralizadora de sus obras, la misión de la que se dice portador. (1)

El misionero de Dios es siempre modesto y humilde, generalmente se ignora así mismo como portador de una misión especial, revela, por el carácter, por las virtudes y por la grandeza moral, la misión de la que es portador. (2)

* * *

Médiums Conscientes

Si te habitúas a un gran silencio interior, tras el ejercicio de un comportamiento moral noble, oirás… Registrarás sutiles impresiones psíquicas que vibran en los dobleces de la mente, articulando ideas, al mismo tiempo creando clichés, en los cuales se esculpen imágenes y se corporifican pensamientos imprimiéndose en los paneles de tus reflexiones proviniendo de otras inteligencias…

Mentes en vigorosas emisiones, conscientes o no, vibran en todas las direcciones.

Inapelablemente, por un proceso de sintonía en la misma faja de frecuencia de intereses, producen intercambio saludable o dañoso, en proceso de transmisión y de recepción.

Si te elevas por el pensamiento, alcanzas vibraciones nobles; si te perturbas y vulgarizas, registras las más groseras.

En la problemática de la mediumnidad, la cuestión de relevancia no se prende a la lucidez por la conciencia o al sueño por la inconsciencia para que el fenómeno sea auténtico, antes a la sintonía que resulta de los procesos de vinculación mental del sensitivo con las ideas e intereses que mejor le aprovechen.

Es de poca monta la algarabía como la desconfianza en torno de las manifestaciones por psicofonía y por psicografía bajo el control consciente del médium.

La relevancia está en el comportamiento moral de este, de lo que resultará el contenido del mensaje, por cuanto, de acuerdo con las construcciones mentales y el clima psíquico de cada uno, serán atraídos los Espíritus que se afinan por semejanza y necesidad emocional.

Sin duda, el escrúpulo debe siempre sortear al individuo en todas las labores a las que se enfervorice. Sin embargo, conviene considerar que el exceso de cautela es tan pernicioso como su falta.

No te excuses de producir mediúmnicamente, si te asoman conflictos, en cuanto al estado en la conciencia en que por tanto te encuentras.

Procura desincumbirte del ministerio, apoyado a las santas intenciones, y estructurado en los postulados del conocimiento doctrinario, con cuyos valores no tropezarás.

De forma alguna cultives recelos improcedentes tales como los fantasmas del animismo y de la mistificación.

En todo proceso mediúmnico intelectual o físico siempre encontrarás algo que se exterioriza del instrumento. No podría ser diferente.

Mediumnidad, como el propio nombre dice, es medio. La finalidad es el progreso del medianero, como de aquellos que le rodean en uno como en otro plano de la vida.

Consciente de las responsabilidades, manteniendo lucidez mental durante la manifestación del fenómeno, no delinquirás.

La vigilia te auxiliará a corregir los excesos y la disciplina los abusos.

* * *

Paulatinamente, mediante el ejercicio metódico de las facultades mediúmnicas y a través de la conducta correcta en el bien, conjugando la oración al trabajo, lograrás el éxito y los resultados felices que anhelas.

Mucho mejor para el trabajo en la Siembra del Bien el médium consciente, cuyos deberes están en pauta de equilibrio, a los inconscientes, cuyo comportamiento los señala con
irresponsabilidad e insensatez.

La conciencia o lucidez durante el trance no es un impedimento para el desempeño de las tareas que te cabe desarrollar.

Jesús prosigue consciente de sus deberes, esperando a los hombres que, conscientemente y no autómatas, inermes, deseen cooperar en Su Viña de Luz.

 

FRANCO, Divaldo Pereira. Rumbos Libertadores. Por el Espíritu Juana de Ángelis.
Salvador (BA): Editora Alborada, 1978, p. 139-140.

FUENTES DE CONSULTA

  1. KARDEC, Allan. Falsos Cristos y Falsos Profetas. El Evangelio Según elEspiritismo. Trad. De Guillén Ribeiro. 116. ed. Río de Janeiro: FEB, 1999. Cap. XXI. Ítem
    9, p. 323.
  2. ______ p. 324.
  3. ______ Mediumnidad Gratuita. Cap. XXVI, Ítem 9, p. 366-367.
  4. ______ Ítem 10, p. 367.
  5. ______ De la Intervención de los Espíritus. El Libro de los Espíritus. Trad. De Guillén Ribeiro. 80 ed. Río de Janeiro: FEB, 1998. Preg. 508, p. 262.
  6. ______ Preg. 514, p. 263-264.
  7. ______ De las Ocupaciones y Misiones de los Espíritus. Preg. 569, p. 284-285.
  8. ______ De la Formación de los Médiums. El Libro de los Espíritus. Trad. De Guillén Ribeiro. 62. ed. Río de Janeiro: FEB, 1996. Cap. XXVI, ítem 211, p. 254-255.
  9. AGUAROD, Ángel. Auto-educación. Grandes y Pequeños Problemas. 3 ed. Río de Janeiro: FEB, 1976, p. 217.
  10. ______ p. 218-219.
  11. ______ p. 219-220.
  12. DENIS, León. Educación y función de los médiums. En lo Invisible. Trad. De Leopoldo Cirne. 17. ed. Río de Janeiro: FEB, 1996, p. 60.
  13. ______ p. 61.
  14. FEDERACIÓN ESPÍRITA BRASILEÑA/CFN. Orientación al Centro Espírita. 4. ed. Río de Janeiro: FEB, 1996, p. 13
  15. FRANCO, Divaldo Pereira. Educación de las Fuerzas Mediúmnicas. Médiums y Mediumnidades. Por el Espíritu Vianna de Carvalho. 2. ed. Niteroi, RJ: Arte y Cultura,
    1991, p. 61.
  16. ______ p. 62.
  17. ______ p. 63.
  18. XAVIER, Francisco Cándido y VIEIRA, Waldo. Decálogo Para Médiums. El Espíritu de Verdad. Diversos Espíritus. 12. ed. Río de Janeiro: FEB, 2000, p. 22-
    23.
  19. XAVIER, Francisco Cándido. Preparación. El consolador. Por el Espíritu Emmanuel. 22. ed. Río de Janeiro: FEB, 2000. Preg. 392, p. 217-218.
  20. ______ Estudiando la Mediumnidad. En los Dominios de la Mediumnidad. Por el Espíritu André Luiz. 26. ed. Río de Janeiro: FEB, 1999. Cap. I, p. 18.
  21. ______ p. 20.
  22. ______ Fuerzas viciadas. Cap. 15, p. 144.
  23. ______ Sintonía. Por el Espíritu Emmanuel. 9. ed. Río de Janeiro: FEB, 1994. Cap. 28, p. 120.

feb    FEDERACIÓN ESPÍRITA BRASILEÑA

CURSO DE ESTUDIO Y EDUCACIÓN DE LA MEDIUMNIDAD

PROGRAMA I Módulo Nº. 3
1ª Parte: Fundamentación Espírita: La Práctica Mediúmnica.
Guía 6: Educación y desarrollo de la facultad mediúmnica.