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El mal y el Remedio

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Enviado por javier el Vie, 10/06/2016 - 20:54

"Todo aquel, pues, que escucha estas mis palabras y las practica, le compararé al hombre prudente que edificó su casa sobre la roca." – Jesús. (Mateo, 7:24.)

El Mal y el Remedio

Evangelio Según el Espiritismo; cap." data-share-imageurl="">

Author: 
Javier Rodríguez
Date: 
Jueves, 9 Junio, 2016 - 20:00
Body: 

Mal y remedio

"Todo aquel, pues, que escucha estas mis palabras y las practica, le compararé al hombre prudente que edificó su casa sobre la roca." – Jesús. (Mateo, 7:24.)

El Mal y el Remedio

Evangelio Según el Espiritismo; cap. V ítem 19

Objetivos:

Esclarecer a los participantes acerca de la finalidad del sufrimiento aquí en la Tierra, y mostrar como es posible al hombre soportarlo.

Este mundo que habitamos no es perfecto, seguimos igual como hace 2000 años, vemos como la humanidad que lo puebla en su gran mayoría, el 80 %, sufre escasez de alimento, de agua, de educación, de servicios de salud, de seguridad, de comodidades mientras que el resto del mundo acapara las riquezas. Hay guerras, corrupción, delincuencia, terrorismo, epidemias, hambrunas, sequías, cataclismos naturales que hacen la vida aún más difícil. Aquí en el 1º mundo, sin ir más lejos en España, existe también la escasez, debido a la actual crisis el 27 % de la población vive por debajo del umbral de la pobreza, y más de 3 millones viven en la extrema pobreza, por lo que se ven abocado a depender de la ayuda social, de la beneficencia, de los comedores sociales y los albergues.

Y esto es así, porque aún este es un mundo de expiación y prueba. Es un mundo inferior en el que tratamos nuestra alma, que hemos enfermado a través de los siglos, a través de las diferentes encarnaciones vividas y los múltiples errores cometidos. Pero, gracias a la ayuda del Evangelio del Cristo que nos invita a la paciencia, a la bondad, al perdón y a la fe en el eterno porvenir, conseguimos nuestra reforma íntima y como consecuencia directa la cura de nuestros males. Cura que no tiene porque ser inmediata y plasmarse en esta vida, ya que la mayoría de las veces se demora para el más allá y otras vidas. Por ello, porque esta vida es efímera, porque estamos trabajando para nuestra vida eterna, debemos de alegrarnos y dar gracias por las dificultades que se nos presentan en nuestra vida.

Por otra parte, las experiencias y pruebas que vivimos en esta vida han sido muchas veces elegidas por nosotros. Antes de reencarnar, cuando nuestra capacidad de discernimiento lo permite, elegimos nuestros futuros padres, las condiciones de la infancia, nuestra pareja e incluso los hijos que vamos a tener, las condiciones económicas que vamos a vivir, y todo un etc. que planeamos concienzudamente. Entonces ¿de qué nos quejamos? si las condiciones actuales de nuestra vida son determinadas por las acciones buenas y malas de nuestro pasado. Los que sufren las tentaciones de la riqueza y de la fama, es porque la han pedido para luchar contra las mismas y vencerlas. Los que padecen las escaseces, penurias y males físicos de todo tipo, es porque sabían que cuanto más difícil fuese la prueba más grandes serían los méritos. Y si se sale triunfante de esas pruebas, nuestra alma saldrá de ella resplandeciente y purificada por el bautismo de la expiación y del sufrimiento.

Pero ¿qué remedios se le puede ofrecer al que sufre y padece? Pues hay un remedio infalible y es la fe, la confianza absoluta en la justicia divina y saber que nada ocurre por casualidad, Dios no juega a los dados. En los momentos de mayor sufrimiento podemos y debemos recurrir a la oración dirigida a lo alto, pidiendo ayuda para salvar las dificultades, fuerza para resistir a la tentación y recibiremos lo que pedimos. Y debemos de tener fe, fe en Dios y en nosotros mismos y así seremos inexpugnables, resistiremos a los embates de la vida como la roca resiste a los embates de las olas embravecidas, como el barco bien dirigido vence a los elementos desatados de la tormenta. Ahora bien si nos dejamos vencer por la duda, en el mismo instante seremos vencidos y sucumbiremos a la aflicción y a la desesperanza.

Para conseguir esa fe hay que ejercitarla, hay que practicar ciertos hábitos que nos harán más fuertes y seguros.

Primero tenemos que conocernos a nosotros mismos, estudiar nuestros puntos débiles, observar dónde fallamos y corregir esos fallos, poco a poco sin prisa pero sin pausa. Analizar nuestro comportamiento con los demás y reacciones a las diversas situaciones que se nos presentan y corregirlas cuando se nos vuelvan a presentar. Así veremos, dentro de un tiempo, como reaccionamos con más prontitud y con más fuerza en cuanto detectamos esos comportamientos inadecuados, esas reacciones destempladas, esas debilidades que nos tientan.

Segundo debemos de practicar el bien con nuestros hermanos los humanos, y nuestros hermanos inferiores, los animales, en cuantas ocasiones se nos presenten. Lo que nos hará acreedores de simpatías por parte de los buenos espíritus que nos acompañarán en nuestros quehaceres diarios, y ayudarán como buenos amigos.

Tercero fijar nuestro norte en las enseñanzas de Jesús recopiladas en su Evangelio (Buena Nueva), y explicadas en “El Evangelio según el Espiritismo”. Para ello es imprescindible haberlas leídas e interiorizadas, no basta con escuchar algunos sermones, como esta charla/estudio, que al rato se nos olvida. Y si no creemos en la validez de los remedios ¿como vamos a utilizarlos? Es como el enfermo que va al médico para que le mande un remedio contra el mal que padece, y al salir de la consulta despotrica del profesional, de su incompetencia, y no se toma los medicamentos recetados ni hace lo recomendado porque no confía en él ni en su medicina.

“Bienaventurados los que sufren, porque ellos serán consolados.” Los que perseveren hasta el fin de su vida actual, se llevarán gloria y honor, porque nada se pierde y todo queda registrado en la memoria personal e universal. En el momento de su muerte, por muy dolorosa que sea, su espíritu se desprenderá con facilidad del cuerpo material y se alejará acompañado por espíritus protectores. Cada cual recibirá el premio a su fe y perseverancia y será recibido en el más allá por amigos, familiares y afines.

Puede resultar contradictorio decir que sufrir es motivo de alegría, pero cuando el que sufre sabe que con ello está rescatando viejas deudas adquiridas ante la ley divina, que su sufrimiento tiene un límite en el tiempo y no es eterno, aguanta con resignación y aceptación su mal. Además si se apoya en el Evangelio de Jesús, leyendo, meditando sus enseñanzas, sus padecimientos serán más llevaderos, adquirirá la certeza de que son pasajeros y que tras la tormenta siempre sale el sol.

"Todo aquel, pues, que escucha estas mis palabras y las practica, le compararé al hombre prudente que edificó su casa sobre la roca." – Jesús. (Mateo, 7:24.)

No basta pues leer, escuchar y repetir como un loro lo aprendido, que es mi caso. Los grandes personajes, ejemplos de virtud, de la historia, no solamente predicaron con la palabra sino que también lo hicieron con el ejemplo de su vida. No basta hablar, ser entusiasta y comunicador, hay que vigilar los pensamientos y actos de nuestra vida diaria para adecuarlos a las leyes de amor del universo vertidas en la Buena Nueva, y conseguir así que las palabras viajen cargadas de energías positivas y se conviertan en detonador en mentes ajenas.

En todos los servicios, el concurso de la palabra es sagrado e indispensable, pero ningún aprendiz deberá olvidar el sublime valor del silencio, a su tiempo, en la obra superior del perfeccionamiento de sí mismo, a fin de que la ponderación se haga oír, dentro de su propia alma, norteándole los destinos.” - Emmanuel (9 Hombres de fe - Pan Nuestro)

Si tenemos fe, no nos detendremos en la inercia de la no acción, reflexionaremos y actuaremos.

Si tenemos fe, ningún acontecimiento del mundo turbará nuestro corazón, el Divino Equilibrio permanece vigilante y reajustará los desequilibrios.

Si tenemos fe, no nos alcanzará la maledicencia e incomprensión de los demás, identificaremos su causa en la ignorancia del espíritu inferior y educaremos con generosidad la boca que injuria y la mano que apedrea.

Si tenemos fe, no nos limitaremos simplemente a decirlo, sino que caminaremos en la senda de la Inteligencia Suprema, del Amor Infinito, del bien hacia todas las criaturas.

Tenemos numerosos ejemplos en la historia de personas que se sobrepusieron a las adversidades y dejaron un legado imperecedero a la humanidad. Por ejemplo:

  • Cervantes estuvo preso, perdió la mano izquierda, sin embargo dejó el tesoro literario de “Don Quijote de la Mancha” a la posteridad.

  • Bernard Palissy se arruinó experimentando para conseguir producir porcelana, hasta el punto de tener que quemar los muebles de su casa para alimentar al fuego del horno. Más consiguió su propósito.

  • Shakespeare sufrió una gran penuria económica lo que no le impidió escribir obras literarias universales.

  • Victor Hugo estuvo exiliado dieciocho años, pero nunca dejó de escribir y su obra es hoy admirada en el mundo entero.

  • Faraday, descubridor entre otro de la inducción electromagnética, el diamagnetismo y la electrólisis, tuvo que trabajar de ayudante de herrero para costearse los estudios, no obstante se convirtió en uno de los físicos más respetado por todas las naciones.

  • Hertz fue vendedor de periódicos para sobrevivir, venció las dificultades y se convirtió en uno de los mayores científicos de la Tierra.

Entre los espiritistas tenemos también numerosos ejemplos:

  • Kardec sufrió durante más de diez años las burlas de sus contemporáneos, pero jamás se desanimó dejándonos la luminosa Codificación.

  • Amalia Domingo Soler pasó hambre y vivió casi ciega, a pesar de ello nunca dudo de la Providencia Divina y se consagró a escribir bellísimas páginas inmortales.

  • Bezerra de Menezes renunció a los fastos de la política, a los beneficios de su profesión médica y partió de la Tierra en extrema necesidad material, hoy día es considerado un Apóstol del Espiritismo.

En fin, estos son solo unos ejemplos entre tantos, muchos de ellos han pasado desapercibidos y quedado en el olvido de la intimidad.

Si ellos lo han conseguido, nosotros también podemos hacerlo.

Conclusión:

El sufrimiento, los problemas, al contrario de ser una desgracia, constituyen una oportunidad para corregir nuestros errores. No nos dejemos vencer por los obstáculos que se nos presenten. La humilde aceptación de los hechos, hace que nos sirvan de trampolín para elevarnos sobre las dificultades. En la fe encontramos el remedio seguro del sufrimiento. Ella nos permite ver que los mayores dolores de hoy son el presagio de la felicidad que nos aguarda mañana.

Muchas gracias por vuestra atención.

J. Rodríguez

 

"Todo aquel, pues, que escucha estas mis palabras y las practica, le compararé al hombre prudente que edificó su casa sobre la roca." – Jesús. (Mateo, 7:24.)

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