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El Odio - EESE

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Enviado por javier el Dom, 25/11/2018 - 13:02
Mujer pegando hombre

El Odio

10. Amaos unos a otros y seréis felices. Procurad, sobre todo, amar a los que os inspiran indiferencia, odio o desprecio. Cristo, a quien debéis considerar vuestro modelo, os dio ese ejemplo de abnegación. Misionero de amor, Él amó hasta dar su sangre y su vida." data-share-imageurl="">

Author: 
SEA
Date: 
Jueves, 20 Septiembre, 2018 - 19:30
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Mujer pegando hombre

El Odio

10. Amaos unos a otros y seréis felices. Procurad, sobre todo, amar a los que os inspiran indiferencia, odio o desprecio. Cristo, a quien debéis considerar vuestro modelo, os dio ese ejemplo de abnegación. Misionero de amor, Él amó hasta dar su sangre y su vida. El sacrificio que os obliga a amar a los que os ultrajan y os persiguen es penoso; pero eso es precisamente lo que os hace superiores a ellos. Si los aborrecieseis, como ellos os aborrecen, no valdríais más que ellos. Amarlos es la hostia sin mancha que ofrecéis a Dios en el altar de vuestros corazones, hostia de agradable aroma cuya fragancia asciende hasta Él. Aunque la ley de amor prescriba que amemos indistintamente a todos nuestros hermanos, no protege al corazón contra los malos procederes. Por el contrario, esa es la prueba más penosa, bien lo sé, pues durante mi última existencia terrenal experimenté esa tortura. Con todo, Dios existe, y castiga tanto en esta vida como en la otra a los que transgreden la ley de amor. No olvidéis, queridos hijos, que el amor os aproxima a Dios, mientras que el odio os aparta de Él. (Fenelón. Burdeos, 1861.) (1)

*  *  *

Enemigos

"Amad, pues a vuestros enemigos." —Jesús.
(Lucas, 6:35.)

La afirmativa del Maestro Divino merece meditación en todas partes. Naturalmente que la recomendación, en cuanto al amor a los enemigos, pide análisis especial.

La multitud, en general, no traduce el verbo amar sino por las actividades de las  caricias. Para que un hombre demuestre capacidad afectiva, ante los ojos vulgares, precisará movilizar inmenso caudal de palabras y actitudes tiernas, cuando sabemos que el amor puede resplandecer en el corazón de las criaturas sin ninguna exteriorización superficial. Porque el Padre nos confiera experiencias laboriosas y rudas, en la Tierra o en otros mundos, no le podemos atribuir cualquier negación de amor.

En el terreno a que se reporta el Amigo Divino, es justo nos detengamos en legitimas ponderaciones.

Donde hay lucha hay antagonismo, revelando la existencia de circunstancias con las cuales no sería lícito concordar tratándose del bien común. Cuando el Señor nos aconsejó amar a los enemigos, no exigió aplausos al que roba o destruye, deliberadamente, que auxiliáramos a los más crueles; no obstante, no con aprobación indebida y si con la disposición sincera y fraternal de ayudarles a erguirse para la senda divina, a través de la paciencia, del recurso reconstructivo o del trabajo restaurador. El Maestro, por encima de todo, se preocupó en preservarnos contra el veneno del odio, evitándonos la caída en disputas inferiores, inútiles o desastrosas.

Ama, pues a los que se muestran contrarios a tu corazón, amparándolos fraternalmente con todas las posibilidades de socorro a tu alcance, convencido de que semejante medida te librara del calamitoso duelo del mal contra el mal. (2)

*  *  *

Perdón

332.- ¿Perdonar y no perdonar significa absolver y condenar?

En las más expresivas lecciones de Jesús, no existen, propiamente, las condenaciones implícitas al sufrimiento eterno, como quisieran los inventores de un infiero mitológico.
Las enseñanzas evangélicas se refieren al perdón o a su ausencia.
¿Qué se hace al mal deudor al que ya se toleró muchas veces? No habiendo más solución para las deudas que se multiplican, ese hombre es obligado a pagar.
Es lo que se verifica con las almas humanas, cuyos débitos, en el tribunal de la justicia divina, son rescatados en las reencarnaciones, de cuyo círculo vicioso podrán apartarse, tarde o temprano, por el esfuerzo en el trabajo y buena voluntad en el pago.

333.- En la ley divina, ¿hay perdón sin arrepentimiento?

La ley divina es una sola, esto es, la del amor que alcanza a todas las cosas y a todas las criaturas del Universo ilimitado.
La concesión paternal de Dios, en lo que se refiere a reencarnación para la sagrada oportunidad de una nueva experiencia, ya significa, en sí, el perdón o la magnanimidad de la Ley.
Todavía, esa oportunidad sólo es concedida cuando el Espíritu desea regenerarse y renovar sus valores íntimos por el esfuerzo en los trabajos santificantes.
He aquí por qué la buena voluntad de cada uno es el arrepentimiento que la Providencia Divina aprovecha a favor del perfeccionamiento individual y colectivo, en la marcha de los seres hacia las cumbres de la evolución espiritual.

334.-Antes de perdonar a alguien, ¿es conveniente el esclarecimiento del error?

Quien perdona sinceramente, lo hace sin condiciones y olvida la falta en lo más íntimo del corazón; todavía, la buena palabra es siempre útil y la ponderación fraterna es siempre un elemento de luz, clarificando el camino de las almas.

335.- Cuando alguien perdona, ¿deberá mostrar la superioridad de sus sentimientos para que el culpable sea llevado al arrepentimiento de la falta cometida?

El perdón sincero es hijo espontáneo del amor y, como tal, no exige reconocimiento de ninguna naturaleza.

336.- El culpable arrepentido ¿puede recibir de la justicia divina el derecho de no pasar por
determinadas pruebas?

La oportunidad de reparar la falta ya constituye, en sí misma, un acto de misericordia divina, y de ahí, consideramos el trabajo y el esfuerzo propio como la luz maravillosa de la vida.
Extendiendo, todavía, la cuestión a la generalidad de las pruebas, debemos concluir aún, con la enseñanza de Jesús, que “el amor cubre la multitud de pecados”, trazando la línea recta de la vida para las criaturas y representando la única fuerza que anula las exigencias de la ley del talión, dentro del Universo infinito.

337.-“Reconcíliate deprisa con tu adversario”.- Esa es la palabra del Evangelio, mas si el adversario no estuviera de acuerdo con el buen deseo de la fraternidad, ¿cómo efectuar semejante conciliación?

Cumpla cada cual su deber evangélico, buscando al adversario para la reconciliación necesaria, olvidando la ofensa recibida. Perseverando la actitud rencorosa de aquel, sea la cuestión olvidada por la fraternidad sincera, porque el propósito de represalia, en sí mismo, ya constituye una llaga viva para cuantos lo conservan en el corazón.

338.- ¿Por qué habría aconsejado Jesús perdonar “setenta veces siete”?

La Tierra es un campo de experiencias y reparaciones a veces bastantes penosas, y aquel que se sienta ofendido por alguien, no debe olvidar que él mismo puede también errar setenta veces siete.

339.-Hablándose de perdón, ¿podremos ser esclarecidos en cuanto a la naturaleza del odio?

El odio puede traducirse en las llamadas aversiones instintivas, dentro de las cuales hay mucho de animalidad, que cada hombre alejará de sí, con los valores de la auto-educación, a fin de que su entendimiento sea elevado a una condición superior.
Todavía, en la mayor parte de las veces, el odio es el germen del amor que fue sofocado y desvirtuado por un corazón sin Evangelio. Las grandes expresiones afectivas convertidas en las pasiones desorientadas, sin comprensión legítima del amor sublime, se incendian en lo íntimo, a veces, en el instante de las tempestades morales de la vida, dejando detrás de sí las expresiones amargas del odio, como carbones que ennegrecen el alma.
Sólo la evangelización del hombre espiritual podrá conducir a las criaturas a un plano superior de comprensión, de modo que las energías afectivas se conviertan en fuerzas destructoras del corazón.

340.- ¿Perdón y olvido deben significar la misma cosa?

Para la convención del mundo, perdón significa renunciar a la venganza, sin que el ofendido precise olvidar plenamente la falta de su hermano; entre tanto, para el espíritu evangelizado, perdón y olvido deben caminar juntos, aunque prevalezca para todos los instantes de la existencia la necesidad de oración y vigilancia.
Además, la propia ley de la reencarnación nos enseña que sólo el olvido del pasado puede preparar la alborada de la redención.

341.- Los Espíritus de nuestra convivencia, en la Tierra, y que parten para el Más Allá sin experimentar la luz del perdón, ¿pueden sufrir con nuestras opiniones acusatorias, con relación a los actos de su vida?


La entidad desencarnada mucho sufre con el juicio ingrato o precipitado que, a su respecto, se formula en el mundo.
Imaginaos recibiendo el juzgamiento de un hermano de humanidad evaluad cómo desearíais la remembranza de aquello que poseéis de bueno, a fin de que el mal no prevalezca en vuestro camino, sofocándoos las esperanzas de regeneración.
Recordando a aquel que os precedió en el túmulo, tened compasión de los que erraron y sed fraternos.
Rememorar el bien es dar vida a la felicidad. Olvidar el error es exterminar el mal. Después de todo, no debemos olvidar que seremos juzgados con la misma medida con la que juzgáramos. (3)

*  *  *

Resistencia al Mal

“Pero, yo, os digo que no resistáis al mal.”
Jesús (Mateo, 5:39)

Los exponentes de la mala fe acostumbran interpretar falsamente las palabras del Maestro, con relación a la resistencia al mal.

Jesús no determinaba que los aprendices se entregasen, inermes, a las corrientes destructoras.

Aconsejaba que ningún discípulo retribuyese violencia por violencia.

Enfrentar la crueldad con semejantes armas seria perpetuar el odio y la descomedida ambición en el mundo.

El bien es el único disolvente del mal, en todos los sectores, revelando diferentes fuerzas.

En razón de eso, la actitud requerida por el crimen jamás será la indiferencia, sino la del bien activo, enérgico, renovador, vigilante y operoso.

En todas las épocas, los hombres perpetraron graves errores, intentando reprimir la maldad, hija de la ignorancia, con la maldad, hija del cálculo. Y las medidas infelices, gran número de veces, fueron concretadas en nombre del propio Cristo.
Guerras, revoluciones, asesinatos, persecuciones, fueron movilizados por el hombre, que así presume cooperar con el Cielo. No obstante, las empresas sombrías no hicieron nada más que acentuar la catástrofe de la separación y de la discordia. Semejantes réplicas siempre constituye pruritos de hegemonía indebida del sectarismo pernicioso en los partidos políticos, en las escuelas filosóficas y en las sectas religiosas, pero nunca determinación de Jesús.

Reconociendo, anticipadamente, que la miopía espiritual de las criaturas le desfiguraría sus palabras, el Maestro reforzó el concepto, aseverando…

“Pero, yo, os digo...”

El plano inferior adopta patrones de resistencia, reclamando “ojo por ojo, diente por diente”…

Jesús, mientras tanto, nos aconseja la defensa del perdón, setenta veces siete, en cada ofensa, con la bondad diligente, transformadora y sin fin. (4)

*  *  *

Fuentes

1. Kardec, Allan. El Odio. El Evangelio según el Espiritismo. Cap. XII, ítem 10.

2. Xavier, Francisco C.. Enemigos; mens. 137. Pan Nuestro. Espíritu Emmanuel.

3. __________________ Perdón. El Consolador. Espíritu Emmanuel. 3ª parte. Cap. III, preg. 332 a 341.

4. __________________ Resistencia al Mal; mens. 62. Viña de Luz. Espíritu Emmanuel.

 

 

Mujer pegando hombre

El Odio

10. Amaos unos a otros y seréis felices. Procurad, sobre todo, amar a los que os inspiran indiferencia, odio o desprecio. Cristo, a quien debéis considerar vuestro modelo, os dio ese ejemplo de abnegación. Misionero de amor, Él amó hasta dar su sangre y su vida." data-share-imageurl="">