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El Suicidio y la Locura

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Enviado por javier el Mar, 07/06/2016 - 12:12

La calma y la resignación resultantes de la manera de considerar la vida terrestre y de la fe del porvenir, dan al espíritu una serenidad que es el mejor preservativo contra "la locura y el suicidio".

ElSuicidio y la Locura

El Evangelio Según el Espiritismo; cap." data-share-imageurl="">

Author: 
J. Rodríguez
Date: 
Jueves, 2 Junio, 2016 - 20:00
Body: 

Suicidio y locura

La calma y la resignación resultantes de la manera de considerar la vida terrestre y de la fe del porvenir, dan al espíritu una serenidad que es el mejor preservativo contra "la locura y el suicidio".

ElSuicidio y la Locura

El Evangelio Según el Espiritismo; cap. V ítem 14

Señoras y señores buenas tardes y muchas gracias por estar aquí acompañándome.

El objetivo del estudio/charla de hoy es mostrar algunas causas que incitan al suicidio y a la locura, resaltando que la calma, la resignación profunda, la fe en Dios y la fe en el futuro son los medios que deberemos utilizar para evitarlos.

Hay casos de trastornos psiquiátricos que son provocados por fuertes choques nerviosos, traumas psicológicos que afectan a la mente de las personas débiles. Si estas personas se hubiesen fortalecido mentalmente cultivando ideas positivas como las que promulga el Espiritismo, se tomaría con cierta indiferencia y hasta con alegría los reveses de la vida. Ello preservaría su razón de los choques negativos.

En los casos de suicidio, si exceptuamos los llevados a cabo en estado de alteración mental, casi siempre tienen por causa la desesperación. Si esta persona tuviese la certeza de que la desgracia que le ocurre es pasajera y que tras la tormenta siempre sale el Sol, soportaría mejor esas vicisitudes. Si estuviese convencido que esta vida es pasajera y que tenemos la eternidad por delante se tomaría las cosas con otra actitud. Para el que cree que todo se acaba con esta vida, que no hay nada más, el suicidio es una opción válida para acabar con los sufrimientos de esta.

El materialismo como filosofía de vida engendra la “cobardía moral”, las personas no se sienten con fuerza para afrontar los desafíos que se le presentan. Los apóstoles del materialismo, de la nada tras la vida física, han adquirido una gran responsabilidad ante su conciencia, ya que son responsables indirectos del suicidio de muchos que siguen sus enseñanzas. ¿Que pueden ofrecerles a la gente desesperada sino el estoicismo, el sufrir sin nada a cambio que alivie sus penas? De ahí que muchos prefieran abreviar cuanto antes sus sufrimientos quitándose la vida. El Espiritismo, sin embargo, ofrece una certeza en esa vida futura, lo que hace que nazca en esas personas la paciencia y la aceptación de sus males, de ahí viene el “valor moral”.

El Espiritismo además ofrece testimonios de los propios suicidas que vienen a comunicarse en las sesiones mediúmnicas, ofreciendo detalles de su situación particular.

Para ilustrar esto voy a narrarles algunos ejemplos de comunicaciones de suicidas sacados de “El Cielo y el Infierno”, el quarto libro de la codificación espírita, de los cuales se pueden sacar importantes lecciones:

 

El suicida de la Samaritana.

Un hombre, bien vestido, sin papeles que lo identifiquen, se suicida cortándose el cuello en un establecimiento de baños. Evocado poco después, no sabe dónde está, ni si sigue vivo y manifiesta que se ahoga en el ataúd. Dice haber "huido del sufrimiento para encontrar el tormento", no se sentía amado por nadie ni creía en el porvenir por lo que optó por el suicidio. Siente como los gusanos le roen el cuerpo.

San Luis, guía del Centro, explica que estará así hasta el término de su vida física que le fue marcada.

Kardec comenta que ese estado de incertidumbre de vida o muerte del fallecido es muy común entre los recién fallecido. El Espíritu se siente muy vivo, siente, habla, piensa, por ello no entiende su nuevo estado, cree que la muerte es el aniquilamiento de todo.

Añade que la sensación del roer de los gusanos y de descomposición noes exclusivo de los suicidas, también lo padecen los que han vivido más de la vida material que de la vida espiritual. No hay una regla uniforme como castigo al infractor.

 

El padre y el recluta.

Un padre de familia, al enterarse de que su único hijo iba a ser reclutado para ir a la guerra, concibe la idea de quitarse la vida para librarlo, ya que la ley exime al hijo único de una viuda el ser reclutado, y la lleva a cabo.

Es evocado un año después y cuenta que sufre doblemente en su alma y su cuerpo, aunque ya no lo posee, es como el amputado de un brazo que aún siente la extremidad. Aunque el amor filial que lo llevó a tomar esa decisión es un eximente, no le libra de sufrir las consecuencias de ese acto criminal contra las leyes divinas, aunque su prueba será acortada por ello.

Sufre porque no ha confiado en Dios. La buena intención, o la falta de intención, atenúa al mal pero no deja de ser mal, y punible por ello. Si se tuviese que perdonar del castigo a todo aquel que matase por ayudar a alguien, por ejemplo la eutanasia, se justificarían todas las barbaries que se han cometido en nombre de una causa cualquiera.

El suicidio, además, no es únicamente aquel que acaba con la vida instantáneamente. Se trata también de cualquier actuación a sabiendas que acorte la vida del cuerpo físico.

No hay que confundir con los actos heroicos para salvar vidas ajenas. Saber que uno puede morir por salvar a otro, y exponerse a ello, es un acto de abnegación muy meritorio. Además, no sabemos si la providencia nos salvará por no haber llegado nuestra hora.

 

El caso de Francisco Simón Louvet del Havre.

Se trata de un Espíritu que se comunica de forma espontánea el 12/02/1863 en una reunión espírita de Le Havre. Cuenta que fue pobre y que para olvidar el hambre le dió a la bebida. Sufre desde hace mucho y se ve continuamente cayendo al vacío porque se arrojó al mismo.

El guía del médium informa que se trata de un pobre miserable que no soportó más la prueba que estaba viviendo y se arrojó desde la torre de Francisco I el 22/07/1857.

Se investigó en los periódicos y se corroboró la veracidad del hecho en cuestión. Un hombre de 77 años se había arrojado al vacío desde la torre en la fecha indicada.

Este Espíritu llevaba ya 6 años padeciendo la repetición ininterrumpida de su acto suicida.

 

Una Madre y su Hijo

Una madre tiene un hijo de 21 años, al cual adora, que se le muere de una enfermedad. No soporta la idea de la separación y se suicida poco después.

Se evoca al hijo fallecido muchos días después, y este informa que su madre, debido a que se suicidó, no podrá estar a su lado durante mucho tiempo aún. Su acto, en vez de reunirla con su hijo, la ha alejado por mucho.

Se evoca a la madre y esta se muestra rebelde a los designios divinos, acusando a Dios de injusto y cruel por no permitirle reunirse con su hijo. Finalmente, tras larga conversación en que el orientador le hace ver su error, y una breve oración, ella se siente algo aliviada en su sufrimiento y dice que va a orar.

 

Doble Suicidio por Amor y por Deber

Una joven, aunque enamorada de otro hombre, obedece a su padre y se casa con otro preferido por él. El marido, amigo íntimo del amante, le invita a menudo a su casa. Estuvieron así cuatro años en que no faltaron a su deber.  En una ocasión en que los dos amantes se encuentran solos se declaran su mutuo amor y concuerdan en poner fin a ese sufrimiento quitándose la vida y así lo hacen.

Evocados para su estudio en la Sociedad de París, contesta un Espíritu que informa: “Los dos amantes que se han suicidado no pueden aún responderos. Los veo, están sumergidos en la turbación y espantados por el soplo de la eternidad. Las consecuencias morales de su falta les castigarán durante emigraciones sucesivas, en las que sus almas desunidas se buscarán sin cesar, y sufrirán el doble suplicio del presentimiento y del deseo. Cumplida la expiación, se reunirán para siempre en el seno del eterno amor. Dentro de ocho días, en vuestra próxima sesión, podréis evocarlos. Vendrán, pero no se verán, una noche profunda oculta por largo tiempo al uno del otro.

 

Un Ateo

Un hombre instruido que no creía en Dios, ni en su alma, se suicida y es evocado dos años después a petición de un familiar. Dice que se reconoce forzado a reconocer la existencia de Dios y manifiesta que sufre porque se ve forzado a creer en todo aquello que negaba en vida. Que se suicidó por fastidio de la vida sin esperanza. Que fue malo en otra vida y estaba condenado a sufrir los tormentos de la duda.

 

El Sr. Felicien

Hombre rico, instruido, poeta espiritual, de buen carácter, servicial, ameno, pierde su fortuna, se deja llevar por la desesperanza y se suicida. Evocado cuatro meses después, explica que se encuentra entre espíritus inferiores, que ya son cuatro veces las que ha fallado en la misma prueba y que tendrá que volver a sufrirla de nuevo.

 

Antonio Bell

Contable, padre de familia e inofensivo, en los últimos tiempos de su vida se imaginaba que había comprado un veneno y había asesinado a alguien. Evocado cuenta que en otra vida había envenenado al que se iba a casar con su amada. Tras sufrir la vista de su víctima como todos los asesinos, de la cual se libró después de muchos años con oración y arrepentimiento, volvió a empezar esta última existencia. Pero un espíritu obsesor y vengativo, el padre de la víctima, le hizo revivir en la tela mental los recuerdos del pasado hasta empujarlo al suicidio.

Leemos a continuación las explicaciones dadas por el guía del médium:

“Al guía del médium:

6. ¿Un espíritu obsesor puede realmente empujar al suicidio?

R. Seguramente, porque la obsesión, que por sí misma es un género de prueba, puede revestir todas las formas, pero esto no es una excusa. El hombre siempre tiene libre albedrío, y en consecuencia, es libre de ceder o de resistir a las sugestiones a que está expuesto. Cuando sucumbe, es siempre por su voluntad. El espíritu tiene razón, por otra parte, cuando expresa que aquel que hace el mal por instigación de otro es menos reprensible y menos castigado que cuando lo comete por su propio impulso, pero no es inocente, porque desde el instante en que se deja apartar del camino recto, es porque el bien no está fuertemente arraigado en él.

7. ¿Cómo es que, a pesar de la oración y del arrepentimiento que habían libertado a este espíritu del tormento que sentía por la vista de su víctima, haya sido aún perseguido por la venganza del espíritu obsesor en su última encarnación?

R. El arrepentimiento, ya lo sabéis, no es más que el preliminar indispensable de la rehabilitación, pero no basta para librar al culpable de toda pena. Dios no se contenta con promesas, es necesario probar con actos la solidez de la vuelta al bien. Por esto el espíritu está sometido a nuevas pruebas que lo fortifican, al mismo tiempo que le hacen adquirir un mérito más cuando sale victorioso. Es el blanco de las persecuciones de los malos espíritus, hasta que éstos le consideran bastante fuerte para resistirlas. Entonces le dejan en descanso, porque saben que sus tentativas serían inútiles.

Comentario de Allan Kardec:

Estos dos últimos ejemplos nos demuestran la misma prueba renovándose en cada encarnación tanto tiempo como se sucumbe en ella. Antonio Bell nos manifiesta además el hecho, no menos instructivo, de un hombre perseguido por el recuerdo de un crimen cometido en una existencia anterior, como un remordimiento y una advertencia. Vemos por esto que todas las existencias son solidarias entre sí. La justicia y la bondad de Dios resplandecen en la facultad que deja al hombre de mejorarse gradualmente sin cerrarle jamás la puerta del rescate de sus faltas. El culpable es castigado por su misma falta, y el castigo, en lugar de ser una venganza de Dios, es el medio empleado para hacerle progresar.”

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Además de las consecuencias inmediatas en el mundo espiritual, donde el suicida sufre un periodo de reeducación en los círculos cercanos a la Tierra material, también deberá sufrir las secuelas de su acto en el nuevo cuerpo en que reencarne, siendo este el papel secante que objetiviza los daños ocasionados en el antiguo cuerpo finiquitado y en su organismo periespiritual, guardián de nuestra memoria espiritual. Así podemos reconocer al ex suicida recién nacido, en los disturbios varios de su organismo físico y, ya más mayor, en las tendencias suicidas que padece.

Para concluir diré que el suicidio y la locura no resuelven los efectos del infortunio y de las decepciones. Al contrario: abreviando los días de vida, se libera de un mal y se entra en otro más largo y terrible, pues nadie viola impunemente la ley divina, que prohíbe al hombre acortar su vida.

Buenas noches y gracias por vuestra atención.

J. Rodríguez

 

La calma y la resignación resultantes de la manera de considerar la vida terrestre y de la fe del porvenir, dan al espíritu una serenidad que es el mejor preservativo contra "la locura y el suicidio".

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