Usted está aquí

Invitar a los Pobres. Dar Desinteresadamente - EESE

En este estudio, explicamos a la luz del Espiritismo el sentido de la expresión: "Pobres y Estropeados", e invitamos a la práctica desinteresada del bien, tal como enseñó Jesús en vida.

Texto de estudio:

7. Dijo también al que lo había invitado: “Cuando ofrezcas una comida o una cena, no convides a tus amigos, ni a tus hermanos, ni a tus parientes, ni a tus vecinos ricos, no sea que ellos te inviten a su vez, y así retribuyan lo que recibieron de ti." data-share-imageurl="">

Autor: 
L. Pretti
Fecha: 
Jueves, 29 Noviembre, 2018
Imagen: 
Panes

Objetivo del estudio:

En este estudio, explicamos a la luz del Espiritismo el sentido de la expresión: "Pobres y Estropeados", e invitamos a la práctica desinteresada del bien, tal como enseñó Jesús en vida.

Texto de estudio:

7. Dijo también al que lo había invitado: “Cuando ofrezcas una comida o una cena, no convides a tus amigos, ni a tus hermanos, ni a tus parientes, ni a tus vecinos ricos, no sea que ellos te inviten a su vez, y así retribuyan lo que recibieron de ti. En cambio, cuando ofrezcas un banquete, convida a los pobres, a los lisiados, a los cojos y a los ciegos. Y serás dichoso, porque ellos no disponen de medios para retribuirte, pues eso te será retribuido en la resurrección de los justos”.

 

Uno de los que se encontraban sentados a la mesa, al escuchar esas palabras, le dijo: “¡Dichoso el que coma pan en el reino de Dios!” (Lucas, 14:12 a 15.)

 

8. “Cuando ofrezcas un banquete -dijo Jesús- no convides a tus amigos, sino a los pobres y a los lisiados.”

 

Estas palabras, absurdas en caso de que fueran tomadas al pie de la letra, resultan sublimes cuando indagamos su sentido. No es posible que Jesús haya querido decir que, en lugar de a los amigos, debemos reunir alrededor de nuestra mesa a los mendigos de la calle. Su lenguaje era muy a menudo figurado y, para los hombres incapaces de captar los delicados matices del pensamiento, necesitaba recurrir a imágenes fuertes, que produjeran el efecto de un color intenso. El fondo de ese pensamiento se revela en estas palabras: “Y serás dichoso, porque ellos no disponen de medios para retribuirte”, lo cual quiere decir que no debemos hacer el bien teniendo en cuenta una retribución, sino tan sólo por el placer de practicarlo. A fin de ofrecer una comparación que impresionara, dijo: “Invita a los pobres a tus banquetes, pues sabes que ellos no te pueden retribuir”. Por banquetes debe entenderse, no los alimentos propiamente dichos, sino la participación en la abundancia de la que disfrutáis.

 

No sepa tu mano izquierda lo que da tu mano derecha Sin embargo, aquellas palabras también pueden ser aplicadas en un sentido más literal. ¡Cuántos hay que sólo comparten su mesa con los que, como ellos mismos dicen, están en condiciones de honrarla o de invitarlos a su vez!

 

Otros, por el contrario, hallan satisfacción en recibir a aquellos de sus parientes y amigos que son menos afortunados. Ahora bien, ¿quién no los tiene entre los suyos? De ese modo, les hacen un gran servicio sin que lo noten. Sin necesidad de ir a convocar a los ciegos y a los lisiados, ponen en práctica la máxima de Jesús, toda vez que lo hagan con benevolencia, sin ostentación, y si saben disimular el beneficio mediante una sincera cordialidad.

 

Kardec, Allan. El Evangelio Según el Espiritismo. Cap. XIII.

 

 

 

Ellos Antes

 

 

“Cuando dieres un festín, no convides a tus amigos, ni a tus hermanos, ni a tus ricos vecinos, para que no suceda que ellos también te devuelvan la invitación y te sea recompensado.”

 

Jesús (Lucas, 14: 12)

 

“Por festines debéis entender, no las fiestas propiamente dicha, sino la participación en la abundancia de la cual disfrutáis.”

 

(cap. 13, Item 8)

 

“Cuando dieres un festín, dice Jesús, no convidéis al mismo a vuestros amigos, sino a los pobres y estropeados”.

 

De cierto que el Divino Maestro no establecía la desasistencia de las relaciones fraternales, ni el abandono del culto a las afinidades del corazón. Considerando, sin embargo, a la Humanidad como única família, nos inducía a observar los hermanos menos felices em la categoría de acreedores rincipales de nuestra atención, a la manera de enfermos queridos, que esperan en el hogar la prioridad de la asistencia por parte de aquellos que comparten la misma sangre.

 

En las celebraciones de alegría, es inutil convocar a los entes amados, toda vez que todos ellos se encuentran automaticamente dentro de las mismas. Recuerda los que peregrinan por el mundo, trabados por los grilletes de austeras privaciones y comparte con ellos las ventajas que te facilitan la vida.

 

Si ejerciese autoridad, es natural que te dispongas a la sustentación de los compañeros honestos que te apoyan em la lucha. Antes de ello, no obstante, piensa em el amparo que debes a todos los que padecen aflicción e injusticia.

 

Obtuviste merecimientos sociales elevados por los títulos de competencia que granjeaste al precio de esfuerzo y estudio, y, con semejantes valores, es razonable que te empeñes en la confortabilidad, en beneficio de los que viajan en el vehículo de tus facilidades terrestres. Antes de esto, sin embargo, atiende a la cooperación en favor de los que yacen cansados en las pruebas sin remedio.

 

Disfrutas extensas posibilidades económicas, en la cual es comprensible te devotes en obsequiar a los amigos de tu nivel doméstico. Antes de eso, aún, socorre a los que desfallecen de fatiga y penuria, para quienes, muchas veces, la felicidad reside en una sonrisa amistosa o en un pedazo de pan.

 

Almacenaste conocimientos y, enlos tesoros culturales que adquiriste, es justo que te demores en los torneos verbales de salón, enriqueciendo el cerebro de los oyentes que te absorben las normas superiores. Antes de nada, sin embargo, comparte la luz que te clarea el mundo mental con los hermanos del camino, que aún se debaten, en la noche de la ignorancia.

 

Jesús no te pide que desertes de los círculos afectivos.

 

Él mismo, cierto día, aseveró a los compañeros de apostolado: “Ya no os llamo siervos, porque el siervo no sabe lo que hace mi señor; os llamo amigos, porque os revelé todo cuanto oí de mi Padre”.

 

Con los amigos, entretanto, se consagró primero a aliviar la carga de todos los sufridores, como para decirnos que todos podemos cultivar afecciones preciosas que nos llenan de alegría, pero delante de los que lloran, en los transes de dolorosas necesidades, es preciso, adoptar la frase “ellos antes”.

 

XAVIER, Francisco C. Mens. 35; El Libro de la Esperanza. Por el Espíritu Emmanuel.

 

En la Hora de la Asistencia

 

“Mas cuando hicieres convite, llama a los pobres, estropeados, cojos y ciegos.”

Jesús (Lucas, 14:13)

“Auxilia a los infelices lo mejor que puedas.”

(Cap. XIII, ítem 9)

En las obras de asistencia a los hermanos que nos favorecen con las oportunidades de servicio fraterno, en nombre del Señor, vale destacar la autoridad amorosa del Cristo que nos lo recomendó.

Al recibirlos en la puerta, intentemos ofrecerles alguna frase de confortamiento y buen ánimo, sin herirles el corazón, aún cuando no podamos ser útiles.

Visitándoles en el hogar, diligenciemos aliviarles el ambiente doméstico, afectuosamente, reconociéndonos, en la intimidad de la propia familia, que nos merece respeto natural y cooperación espontánea, sin ánimo de censura.

En los servicios de la mesa, huyamos de reprocharles los modos o expresiones, diferentes de las nuestras, callando comentarios desagradables y manifestaciones de amargura, lo que les agravaría la inferioridad y la desventura.

 

Socorriéndoles el cuerpo enfermo o dolorido, reflexionemos sobre los seres que nos son particularmente amados e imaginemos la gratitud de la que seríamos embargados, delante de aquellos que los amparasen en los constreñimientos orgánicos.

 

Si aceptamos la incumbencia de probarlos en las filas organizadas para la distribución de diminutos favores, preservemos el reglamento establecido, con llaneza y bondad, sin fomentar impaciencia o tumulto; y, si algunos de ellos, después de ser atendidos, volviesen para una nueva solicitación, recordemos a los hijos queridos, cuando nos piden repetir el plato, y procuremos satisfacerlos, dentro de nuestras posibilidades, sin humillarlos con cualquier reprimenda.

 

En la ocasión en que estuviesemos reunidos, en equipo de trabajo, con el fin de ayudarlos, estemos de buen humor, resguardando la disciplina sin intolerancia y cultivando la generosidad sin relajamiento, en la convicción de que, usando la gentileza, en el vehículo del orden, es siempre posible situar a los trabajadores del bien, en el lugar adecuado, sin desperdiciar su valioso concurso.

 

Nosotros que sabemos acatar con aprecio y solicitud a todos los representantes de los poderes transitorios del mundo y que traemos buenas maneras para el comportamiento digno en los salones aristocráticos de la Tierra, sabemos también ser afables y amigos, junto a nuestros compañeros en dificultades mayores.

 

Ellos no son apenas nuestros hermanos. Son convidados de Cristo, en nuestra casa, por los cuales encontramos la enseñanza de demostrar cariño y consideración para con Él el Divino Maestro, en pequeñitos, gestos de amor.

XAVIER, Francisco C. Mens. 36; Libro de la Esperanza. Por el Espíritu Emmanuel.

 

 Oración del Pan

Cap. XIII – Item 7

¡Señor!

 

Entre aquellos que te piden protección, estoy yo también, siervo humilde a quien mandaste extinguir el flagelo del hambre.

 

Compartiendo el movimiento de aquellos que te sirven, hice hoy igualmente mi ronda.

 

Me vi frecuentemente demorado, en lugares fastuosos, cooperando en las alegrías de la mesa repleta, ¡mas vi pobres mujeres que me extendían, en balde, las manos!...

 

Vi criaturas escuálidas que me miraban ansiosas, como si estuviesen viendo un tesoro perdido.

 

Encontré hombres tristes, transpirando sudor, que me contemplaban agónicos, rogando en silencio para que les socorriese los hijitos abandonados al extremo infortunio...

 

¡Escuche dolientes que no precisaban tanto de remedio, sino de mi, para que pudiesen atender al estomago torturado!...

 

Vi la penuria cansada de llantos y reparé, en muchos corazones desvalidos, mudo desespero por mi causa.

 

Entretanto, Señor, casi siempre estoy encarcelado por aquellas mismas criaturas que dicen honrarte.

 

Hablan en tu nombre, confortadas y distraídas en el molde de lo superfluo, olvidando que caminaste por el mundo, sin retener una piedra donde reposar la cabeza.

Elogian tu bondad y exaltan tu gloria, sin percibir junto a si, sus propios hermanos fatigados y desnutridos.

 

Y, muchas veces, después de hermosas disertaciones en torno de tus enseñanzas, me aprisionan en gavetas y armarios, cuando no me colocan sobre telas coloridas de costosas vitrinas o en el recinto oscuro de los almacenes.

 

Enseñales, Señor, en las lecciones de caridad, a compartirme por amor, para que no sea motivo de delincuencia.

 

Y, si fuese posible, multiplícame, por misericordia, otra vez, con el fin de que pueda aliviar todos los hambrientos del mundo, porque cierto día, Señor, cuando enseñabas al hombre a orar, me incluiste en las necesidades más justas de la vida, suplicando también a Dios:

 

- “El pan nuestro de cada día dánoslo hoy.”

 

Meimei

Francisco Cândido Xavier / Waldo Vieira – El Espíritu de Verdad

En este estudio, explicamos a la luz del Espiritismo el sentido de la expresión: "Pobres y Estropeados", e invitamos a la práctica desinteresada del bien, tal como enseñó Jesús en vida.

Texto de estudio:

7. Dijo también al que lo había invitado: “Cuando ofrezcas una comida o una cena, no convides a tus amigos, ni a tus hermanos, ni a tus parientes, ni a tus vecinos ricos, no sea que ellos te inviten a su vez, y así retribuyan lo que recibieron de ti." data-share-imageurl="">