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Justicia de las Aflicciones

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Enviado por javier el Sáb, 30/04/2016 - 10:48
Justicia Aflicciones

Conferencia/Estudio 

 Bienaventurados los que lloran, porque ellos serán consolados. Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos serán hartos. - Bienaventurados los que padecen persecuciones por la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos." data-share-imageurl="">

Date: 
Jueves, 28 Abril, 2016 - 20:00
Body: 

Justicia Aflicciones

Conferencia/Estudio 

 Bienaventurados los que lloran, porque ellos serán consolados. Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos serán hartos. - Bienaventurados los que padecen persecuciones por la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos. (San Mateo, cap. V, v. 5, 6 y 10). 

 A todas las personas, en momentos de nuestra vida nos han llegado y llegarán aflicciones de muy variadas naturalezas; ¿porqué? Son el resultado de las acciones que a lo largo de las existencias vividas, incluso en la de ahora mismo, hemos acumulado como deudas o pruebas que habrán de ser asimiladas y reajustadas. Las aflicciones deberían servir para que nuestra mente reflexione en las situaciones diversas de la vida... en nuestra altanería humana, le pedimos a Dios que nos libre de sufrirlas, ¡claro, Él es Todopoderoso....Él puede....! alegamos; cuando pasa el tiempo y vemos que no sucede lo que pedimos según nuestros deseos, que por cierto, han de ser de la forma y en el momento preciso que nosotros queremos, culpamos a Dios de todas nuestras desdichas y sino le culpamos, rechazamos su existencia y nos quedamos tan tranquilos, achacando a la “suerte” las situaciones que nos llegan... ¡casi siempre evitamos pensar que pudiéramos ser nosotros los culpables!

 En este asunto estamos cuestionando la justicia divina....¡no es justo que suceda esto....! ¡no es justo que suceda aquello....! ¡nos damos demasiada prisa para juzgar a la ligera!

 Nos sobra orgullo, soberbia, altanería. Recordemos: Somos seres inteligentes, dotados de libre albedrío o voluntad propia para elegir pensamientos, palabras, acciones....

 Muchas veces me pregunté en el pasado, porqué los espiritistas le daban tanta importancia al estudio detallado del Evangelio de Jesús, he tenido que ser constante en el tiempo para averiguar ese porqué....

 Jesucristo, sin dejar nada escrito de su puño y letra, sólo a través de sus palabras y acciones nos dejó la enseñanza; esa enseñanza recogida y registrada en los libros por sus contemporáneos es ¡tan valiosa para la educación moral y el progreso del Espíritu, que se hace absolutamente necesario profundizar en esa enseñanza!, para comprender cualquier duda acerca de los temas transcendentales de la Humanidad, aunque hayan pasado varios siglos es de una vigencia extraordinaria.

 Hoy, ahora, en estos momentos de nuestras existencias actuales, al recordar las palabras del Maestro Jesús en el sermón más sublime y notable de la Historia de la Humanidad nos resultan un tanto extrañas sus palabras y su rotundidad al expresar:

 “Bienaventurados los que lloran, porque ellos serán consolados. Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos serán saciados.

Bienaventurados los que padecen persecuciones por la justicia, porque de ellos es el Reino de los Cielos.” (Mateo, 5...)

 “Bienaventurados vosotros, los que soís pobres, porque vuestro es el Reino de los Cielos. Bienaventurados vosotros, los que tenéis hambre ahora, porque seréis saciados. Felices vosotros, los que lloráis ahora porque reiréis”. (Lucas, 6...)

 “Más... ¡Ay de vosotros, los ricos! porque tenéis vuestro consuelo en el mundo. ¡Ay de vosotros, los que estáis saciados! porque tendréis hambre. ¡Ay de vosotros, los que reís ahora! porque gemiréis y lloraréis”. (Lucas, 6...)

 Nos resulta difícil de comprender cuando vemos por todas partes a muchos responsables del bienestar espiritual y social de los pueblos, actuar de forma tan abusiva, inmoral, desproporcionada; utilizando de forma embrutecida por la avaricia, el vicio, la envidia, el orgullo.... los recursos ofrecidos por Dios para todos; gobernando de forma tan cruel para muchos de sus súbditos. Es lógico que una gran mayoría de personas sinceras pero, ignorando la ley de Causa y Efecto... caigan en el desanimo y den por sentado que no hay justicia por parte de Dios.

 Tendremos mucho cuidado nosotros, cómo vamos entendiendo este asunto, con nuestro limitado punto de vista egocéntrico, absoluto, juzgando aquí y allá...; siendo cada uno individual, algunas veces, creemos ser el centro del universo y casi siempre queremos tener la razón, incluso más, pretendemos en ocasiones, que los de nuestro entorno más cercano aplaudan y apoyen esa “razón” que sólo nosotros tenemos.

 Jesús, en las palabras antes leídas, habla de un Reino de los Cielos en el cual los afligidos, tendrán su recompensa con justicia verdadera; además es rotundo al darnos la certeza de ese porvenir. También se comprende de estas palabras que para conseguir ese bienestar, el sufrimiento o la aflicción nos es útil para ser felices; esto que digo parece un despropósito.

 El mismo Jesús incomprendido, asediado por la astucia y la perversidad de su época, perseguido tenazmente, jamás se dejó atemorizar o desviar del objetivo para el cual había venido consiguiendo desconcertar, a sus adversarios astutos y despiadados con respuestas sabias y lúcidas acerca de ese Reino de Dios; ese Reino en aquel tiempo era entendido por la élite religiosa sólo y exclusivamente para el pueblo judío, entonces Jesús, con sus respuestas sabias y de una lógica absoluta desbarató el montaje interesado de los líderes de aquel tiempo, derrumbando los privilegios de castas o pureza de razas, esas fronteras de ese Reino de los Cielos se ampliaban, acogiendo a todos los seres humanos sedientos de justicia, hambrientos de paz, carentes de amor.

 Pero Él, no se permitió impedir el sufrimiento para la tarea por la cual vino, ni el padecimiento de muchas aflicciones que se impuso, ¿para qué...? para enseñar elevación espiritual y moral, para enseñar desprendimiento de lo material, para enseñar abnegación en las vicisitudes de la vida, a aquellos que Lo quisiesen seguir. Con este razonamiento comprendemos mejor esa utilidad de las aflicciones para ser felices en el porvenir, ese despropósito se debilita si aceptamos las respuestas de Jesús.

 ¡Ese fue el trabajo fundamental de Jesús, educar, enseñar, instruir a la Humanidad a través del amor y la educación moral! Es lo único que nos hace libres a todos por igual.

 Muchos de nosotros nos preguntamos:

¿Por qué algunos sufren más que otros?

¿Por qué algunos nacen en la miseria y otros en la opulencia, sin que hayan hecho nada que justifique esa situación?

¿Por qué a algunos todo les sale bien, mientras que a otros nada?

 El Espiritismo, es decir - la voz de los Espíritus – mediante este término, espiritismo, nos aclara bastante bien estas preguntas.

 Hay muchas leyes naturales, una de ellas llamada, Ley de Igualdad; los Espíritus nos dicen a través de sus mensajes: “Todos los seres humanos son iguales ante Dios. Todos tienden hacía el mismo objetivo (ser felices) y Dios ha creado sus leyes para todos. Con frecuencia decís: el sol sale para todos, con esta frase, expresáis una verdad más importante y más general de lo que pensáis”.

 A. Kardec nos amplía: Todos los humanos se hallan sometidos a las mismas leyes de la naturaleza. Todos nacen con la misma debilidad, están sujetos a los mismos dolores y, el cuerpo del rico se destruye tanto como el del pobre. Así pues, Dios no ha otorgado a ningún hombre una superioridad natural, ni por el nacimiento ni por la muerte. Todos son iguales para Dios.

 En cambio, las desigualdades que se ven en la raza humana son obra del propio ser humano, no de Dios, aunque en nuestra ignorancia le culpamos de todo lo malo que nos ocurre. Esas desigualdades de las aptitudes, se establecen en los grados de experiencia y en la voluntad de cada Espíritu, que es el libre albedrío para elegir esforzarse o no, en su evolución propia. Sin voluntad de esfuerzo y trabajo personal, nadie puede vencer esas desigualdades.

 Las desigualdades en las condiciones sociales, son obra predominante del egoísmo y del orgullo, la avaricia, el vicio.

 (Ejemplo en la prensa de todos los días...) Nos siguen diciendo Los Espíritus:

 Día vendrá, en que los miembros de la gran familia de los hijos de Dios ya no tendrán necesidad de distinguirse, por la mayor o menor pureza de su sangre, o debido al nacimiento en cunas de apellidos ilustres. Sólo el Espíritu es más o menos puro para Dios; esa pureza no depende para nada de la posición social”.

 Las desigualdades de las riquezas, son muchas veces el resultado de la astucia y el robo”. (Solemos decir... -el que trabaja honradamente no se hace rico- ¿verdad?)

 Se puede argumentar acerca de la riquezas heredadas que las personas puedan recibir, aunque en su origen haya sido fruto de una expoliación o una injusticia, no serían responsables de ello; efectivamente, los herederos no son responsables del mal que sus antepasados hayan hecho y menos aún si lo ignoran.

Aun así, debemos saber que a menudo cuando alguien recibe una fortuna o nace en el seno de una familia con muchos recursos, es sólo porque se le brinda la oportunidad de reparar una injusticia. ¡Dichosa la persona que así lo comprende y actúa en consecuencia!” (El Libro de los Espíritus, preguntas: 803-809)

 Por eso Cristo-Jesús introdujo esos “ayes” en el sermón del monte. Él hablaba del futuro que a todos nos espera en la vida espiritual; mediante la reencarnación, ¡bendita reencarnación! todos pasamos por distintas etapas en las que demostramos nuestra verdadera personalidad actuando en el bien o en el mal.

 La paciencia, la resignación, nos alivian las pruebas y nos reservan las satisfacciones con nuestra conciencia profunda en paz, en ese porvenir dichoso.

 Continuamente Jesús nos habla y nos muestra con su ejemplo que El Padre Creador de la Vida, escompletamente imparcial, justo, permitiendo al ser individual que somos, elevar su moral voluntariamente sin interferir en su libre albedrío.

 Las religiones cristianas enseñan y confirman en sus templos, iglesias, escuelas, ésta imparcialidad de Dios. Una muestra son las palabras citadas a continuación:

 El apóstol Pedro dice en Hechos 10: 34

“Con certeza, percibo, que Dios no es parcial”

 Pablo en su carta a los Romanos 2: 11

“Porque con Dios no hay parcialidad”

 Pablo de nuevo, en su carta a los Efesios 6: 9 se refiere a Dios diciendo:“...con Él no hay parcialidad”

 Si Dios, nuestro creador no es parcial ¿deberíamos serlo nosotros, fomentando las desigualdades...?

 Así pues, nadie padece sin una razón justa, pues Dios no lo permitiría. Es inaceptable, creer en una Inteligencia Suprema, Universal y pensar que las injusticias y aflicciones provienen de esa Inteligencia Perfecta, Celestial que es Todo Comprensión, Sabiduría, Verdad...

 Teniendo fe y, queriendo llegar al destino espiritual de Salud, Amor, Paz, Bienestar... ¡es el momento justo de absorber en lo más profundo de nuestro Espíritu, toda la enseñanza saludable de Jesús-Cristo y los Espíritus del Bien! ¡Hacer crecer cada día un poco más ese “árbol” que cada uno de nosotros somos, con las raíces en la tierra y las ramas hacia lo Alto, como hace el agricultor trabajando en el campo para producir cosechas, frutos excelentes....! ¡Que la ramas de la paciencia, la abnegación, sean robustas, fuertes, sanas!, recordando siempre que la vida futura nos aguarda con incontables alegrías.

 Muchas gracias,

 

 

 

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