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La Felicidad No es de este Mundo

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Enviado por javier el Vie, 17/06/2016 - 16:58

 

Nuestro objetivo de hoy va a ser mostrar dónde se encuentra la verdadera felicidad y cómo conquistarla.

Es rara la persona que no comenta que no es feliz, que tiene este u otro problema en su vida, ya sea de índole económico, sentimental o de salud." data-share-imageurl="">

Author: 
J. Rodríguez
Date: 
Jueves, 16 Junio, 2016 - 20:00
Body: 

Felicidad no de este mundo

 

Nuestro objetivo de hoy va a ser mostrar dónde se encuentra la verdadera felicidad y cómo conquistarla.

Es rara la persona que no comenta que no es feliz, que tiene este u otro problema en su vida, ya sea de índole económico, sentimental o de salud. Ya lo dijo “eclesiastés”, el predicador, en el libro del mismo nombre incluido en La Biblia: “La felicidad no está en este mundo”. Si uno analiza detenidamente todas las fuentes de placer y felicidad de este mundo, tal como hizo el predicador, verá que todas ellas son temporales, satisfacen por un tiempo pero al cabo ya no nos hacen tan feliz y, además, esa felicidad nunca es completa, siempre hay algo a nuestro alrededor que la empaña. Ni la abundancia de dinero o de bienes, ni la fama, ni el poder, ni la salud, ni la juventud, ni siquiera el amor de pareja nos hace completamente feliz, ni dura eternamente. Ni siquiera la reunión de todos esos elementos nos asegura la total felicidad.

Esto nos muestra que la Tierra es un planeta de pruebas y expiación, donde cada uno de nosotros, rico o pobre, joven o viejo, sano o enfermo, tiene su parte de sufrimientos y desengaños. Así que los que predican que solo tenemos esta existencia para alcanzar la felicidad, que tenemos que disfrutar lo máximo posible ahora que podemos, se engañan y nos engañan. Esto no quiere decir que la felicidad sea imposible aquí en esta Tierra, pero el alcanzarla se convierte en una misión imposible ya que muy raramente se dan las condiciones necesarias para su consecución. Así como es raro encontrar a un sabio entre la multitud, es raro encontrar a una persona totalmente dichosa, la inmensa mayoría sufre alguna infelicidad.

Muchos de nosotros anhelamos alcanzar una posición destacada y de éxito en la vida, de riqueza, de fama, de poder y nos fijamos en los ricos, famosos y poderosos que salen en la TV, en la prensa, revistas, internet aparentemente felices y sin ningún problema. Envidiamos su posición sin darnos cuenta que ellos también tienen su parte de trabajo y miseria, su parte de sufrimientos y desengaños. Solo vemos la parte que nos interesa, que deseamos, o sea el lujo, las joyas, los coches, las mansiones, la comodidad, el ocio y los placeres asociados como el alcohol, la lujuria, el juego, creyendo que con ello seremos felices para siempre. Y obviamos que todas esas cosas son efímeras, podremos ser aparentemente felices por un tiempo limitado, disfrutando de todas esos placeres materiales, pero tarde o temprano la amargura y el desengaño nos alcanza en algún momento de nuestra vida. Y unos dirán “pues que me quiten lo bailao”, posiblemente tiene razón y lo pasaremos muy bien en esos momentos de placeres, pero ¿cuánto dolor soportaremos por un momento de placer? con el añadido que seremos considerados como suicidas en el más allá por los excesos cometidos sobre nuestro cuerpo físico, delicado vehículo usado por nuestra alma en esta encarnación.

De forma general, con las lógicas y raras excepciones, se puede decir que la búsqueda de la felicidad completa aquí en la Tierra es una utopía. Se puede conseguir una felicidad relativa, si, pero siempre será pasajera. Además no hay nadie que esté libre de sorpresas desagradables como por ejemplo la muerte de un ser querido, una enfermedad inesperada, una ruina financiera no deseada, por lo que cuando se presentan esas desgracias, sino estamos preparados moralmente, seremos como el alumno que se presenta a un examen sin haber estudiado. Por eso la importancia de atesorar serenidad con las herramientas de la oración y de la vigilancia.

Ahora vamos a ver un poquito de ciencia.

Aunque los conocimientos sobre el Universo que nos rodea han avanzado mucho desde el siglo XIX, aún se desconoce muchísimo sobre él. La teoría más aceptada por la mayoría de los científicos es que el Universo tuvo un principio, la famosa teoría del Big Bang, y que tendrá un final de dos posibles, el Big Crunch o implosión sobre sí mismo, o el Big Rip o expansión infinita hasta desgarrarse. Por lo tanto esa teoría implica que este universo es finito, o sea que tiene límites ya que surgió de un escenario finito, ese punto de materia en el espacio infinitamente denso e infinitamente caliente. Esa afirmación se basa además en las observaciones realizadas con los instrumentos disponibles hoy en día, que muestran como el universo se expande y que tiene una cantidad (observada) finita de materia y energía. Otros sin embargo, afirman que este universo conocido y observado sería solo una pequeña parte de un universo no observable, por escaparse este del alcance de nuestros limitados instrumentos. Luego no hay unanimidad en la comunidad científica sobre la infinitud o no del universo. Pero la lógica nos dice que no puede ser finito, ya que sino ¿que habría más allá?¿la nada?¿y qué es la nada? además la nada sería algo indefinido e infinita y englobaría al universo finito que se podría expandir hasta el infinito.

Pero suponiendo que sea cierto y tenga límites, aún así se estima que hay aproximadamente unos 100.000 millones de galaxias con sus correspondientes soles y sistemas solares. La galaxia dónde se ubica la Tierra, la Vía Láctea, tiene por sí sola 200.000 millones de soles, y no es de las más grandes, que pueden potencialmente tener un sistema planetario similar al nuestro orbitando en torno de ellas. De momento la NASA anunció haber detectado 1.284 exoplanetas, de los cuales muchos de ellos son potencialmente habitables, siempre según los conocimientos actuales que se tienen sobre la formación de la vida en el planeta Tierra. Así que, utilizando un poquito la imaginación y la lógica, es muy probable que existan otras humanidades que habitan otros planetas, y que esas humanidades están en un nivel de evolución diferente al nuestro, unas menos evolucionadas y otras más avanzadas.

De ello se deduce que hay humanidades extraplanetaria que han alcanzado, por la ley del progreso, un nivel de convivencia pacífico, de respeto y de amor al prójimo, tal como está previsto también para nuestro querido planeta Tierra que en algún siglo o milenio venidero llegará a ser un planeta dichoso. Lo vemos en los progresos realizados a través de los siglos, progresos que anuncian futuros progresos, y en las mejoras sociales conseguidas que prevén mejores y más fecundas mejoras.

Pero no tenemos que esperar a que la humanidad terrena alcance dicha cota de felicidad, ya que podemos por nuestro propio esfuerzo purificarnos y perfeccionarnos lo suficiente como para ser merecedores de emigrar a esos planetas superiores. Y para ello debemos de liberarnos de todo aquello que nos lastra y nos impide alcanzar los cielos de la felicidad, debemos de trabajar sobre nosotros mismo, luchar contra nuestros defectos y vicios milenarios con inteligencia y con perseverancia. Tal como nos dijo Jesús en el Evangelio de Mateo: “Pero el que perseverare hasta el fin, ése será salvo.” (Mateo 24:13), debemos de perseverar hasta el fin de nuestros días aquí en la Tierra, y yo añadiría y más allá, en el camino de perfeccionamiento que hemos elegido, para alcanzar esa felicidad anhelada.

Todos buscamos ser felices y la felicidad del mundo, y despotricamos contra los políticos, contra los religiosos, contra la sociedad en general acusándolos de ser los culpables de nuestros males. No nos damos cuenta de que si queremos nuestra felicidad y la de este mundo debemos empezar a buscarla dentro de nosotros, si queremos que nos respeten nuestros ideales debemos respetar al otro, si queremos que no nos critiquen nuestras acciones debemos no criticar las de los otros, si queremos que nos perdonen nuestros errores debemos perdonar los errores ajenos, si queremos que nos quieran por lo que somos debemos querer al otro como es. Resumiendo debemos proceder con los otros tal como deseamos que procedan con nosotros, y si cada persona hiciera lo mismo en breve tendríamos el paraíso establecido entre nosotros.

Esto es lo que nos dice la doctrina espírita, y su misión es recordar la Buena Nueva a la humanidad, dar esperanza a las personas desengañadas de todo, mostrar que nos espera un futuro dichoso si nos esforzamos en ser mejores. El Espiritismo no viene a buscar prosélitos en las filas de las religiones, si esas personas están satisfechas con lo que tienen, si esas creencias que profesan les hacen felices y mejores ciudadanos, no tienen porque cambiar su ideario. No, el Espiritismo no quiere captar adeptos a cualquier precio para engrosar sus filas, lo que quiere es la mejora del planeta y de la humanidad que lo habita, va dirigido a los que buscan respuestas lógicas y racionales a los interrogantes que les presenta la vida y que no han encontrado satisfactorias en otros sitios, tales como ¿existe Dios?, ¿como es ese Dios?, ¿hay vida más allá de la muerte?, y si hay vida ¿cómo es?, ¿será una vida de contemplación y eterno ocio, o  de eterno sufrimiento según nuestros merecimientos como lo pintan algunos?.

Así pues, los que hemos encontrado en esta doctrina un puerto seguro donde resguardarnos de las embestidas de las olas de materialismo, hedonismo y negativismo que nos rodean, los que estamos agradecidos porque nos ha protegido de nuestras inferioridades y nos ha mostrado la manera de hacer frente a las mismas para hacernos más felices, consideramos nuestro deber vulgarizar estos conocimientos que nos han ayudado y regenerado. Y por eso estamos aquí, haciendo frente a las burlas, a los sarcasmos, a las críticas de negacionistas, materialistas y también de espiritualistas y religiosos.

Conclusión:

Como hemos visto a lo largo de esta charla, y como podemos comprobar asomándonos a los contenidos de diarios y telediarios, la Tierra no es un mundo de dicha y felicidad sino más bien un mundo de lamentos y penalidades. Y ello es así porque su humanidad, en su gran mayoría, aún no ha entendido que no hay que buscar la felicidad fuera, ella no está en la consecución de las cosas materiales, ni en la búsqueda de placeres efímeros, ni siquiera está en la conquista del amor del otro, sino que está en su interior. Este planeta aún no reúne las condiciones necesarias y esenciales para proporcionar la felicidad a sus criaturas. En la escala espiritista de los mundos, este ocupa la posición de Mundo de Prueba y Expiación, no es el último en la escala pero aún le falta para alcanzar la de Regeneración, la siguiente en la escala, aunque según parece estamos en un periodo de transición de uno a otro. Esto no significa que debamos tirar la toalla y desanimarnos. Al contrario debemos de trabajar y seguir luchando en la consecución de nuestros ideales de paz y felicidad para la Tierra y para nosotros en particular. Si no lo vemos en esta vida, lo veremos en futuras por venir.

 J. Rodríguez

(Basado en el cap. V, ítem 20 de El Evangelio según el Espiritismo)

 

Nuestro objetivo de hoy va a ser mostrar dónde se encuentra la verdadera felicidad y cómo conquistarla.

Es rara la persona que no comenta que no es feliz, que tiene este u otro problema en su vida, ya sea de índole económico, sentimental o de salud." data-share-imageurl="">