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La Reencarnación II

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Enviado por javier el Dom, 10/04/2016 - 11:44

Y desde los días de Juan el Bautista hasta ahora, el reino de los cielos padece fuerza y los que se la hacen lo arrebatan. - Porque todos los profetas y la Ley hasta Juan profetizaron. - Y si queréis recibir, "él es aquel Elias que ha de venir". - El que tiene orejas para oír, oiga. (San Mateo, cap. XI, v." data-share-imageurl="">

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Jueves, 7 Abril, 2016 - 20:00
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Reencarnacion II

Y desde los días de Juan el Bautista hasta ahora, el reino de los cielos padece fuerza y los que se la hacen lo arrebatan. - Porque todos los profetas y la Ley hasta Juan profetizaron. - Y si queréis recibir, "él es aquel Elias que ha de venir". - El que tiene orejas para oír, oiga. (San Mateo, cap. XI, v. de 12 a 15). 

La Reencarnación II  

La Reencarnación, o Pluralidad de Existencias en las diversas vidas corporales son razonamientos basados en la enseñanza de Jesús y en los profetas del Antiguo Testamento, añadiendo que, esta creencia o doctrina es conocida y sostenida desde la antigüedad por las diversas religiones y enseñada en escuelas filosóficas de los primeros siglos de nuestra era, algunas con denominación de -Transmigración del alma- ésta escuela en concreto, estaba compuesta por astrónomos, matemáticos, músicos y filósofos. Digo esto para que se valore que el tema de la reencarnación ya lo consideraban y asumían personas dedicadas al estudio y a las artes combinando la filosofía, la moral y la ciencia. De todas esas observaciones y reflexiones profundas se ha nutrido siempre el ser humano para su propio progreso, tanto intelectual como espiritual.

Es por tanto la Reencarnación una doctrina milenaria. Ya la encontramos en todos los pueblos primitivos y en sus diversas culturas, al igual que todas las religiones en sus sabios orígenes también la han sustentado.

Los llamados Magos por los caldeos y persas, mucho antes de Jesús, eran maestros en esta Sabiduría Oculta; oculta para la mayoría de las gentes de entonces, ¿porqué digo esto de oculta? por la falta de recursos y conocimientos para el estudio que tenían esas personas, pero el que fuese oculta no quiere decir que tuviese la connotación de “ocultismo” lo que se conoce ahora como oculto, oscuro, de baja vibración...esto hay que aclararlo bien; esta sabiduría enseñaba la doctrina de los renacimientos (un mismo espíritu renaciendo muchas veces) como una de las verdades fundamentales. Y estos sabios sostenían que el alma o espíritu era un ser espiritual complejo y que pasaba por una serie de existencias terrestres y también en otros mundos, hasta que finalmente alcanzaba un grado de pureza tal, que quedaba liberada de la necesidad de nuevas encarnaciones, pudiendo habitar en la región de la sublime gloria. Este concepto de volver a habitar en la Tierra o en otros mundos ya lo escuchábamos en semanas pasadas, por lo tanto nos resultará familiar.

Los egipcios enseñaban la reencarnación ya 3.000 años antes de nuestra era común con estas palabras: - “Antes de nacer, el niño ha vivido ya y la muerte no termina en la nada. La vida es un devenir (acontecimiento), que transcurre semejante a un día de sol, que recomenzará siempre”-.

De los egipcios pasó a los griegos, por Pitágoras y sus discípulos. Después, Sócrates, Platón, Empédocles, Apolonio y muchos otros la popularizaron más todavía. Pitágoras enseñaba que la doctrina de la reencarnación, tenía en cuenta la desigualdad que se observa en la vida terrestre de las personas, es decir, la inteligencia, los recursos materiales, la moralidad etc..... Decía: -Una vida en la carne, no es más que una anilla en la larga cadena de la evolución del alma o espíritu-. …... Y algunas veces, incluso, relataba a sus discípulos mas aventajados, pasajes de algunas de las últimas cuatro vidas que recordaba. A los seres humanos ya muy evolucionados, les es posible conocer las últimas vidas pasadas, mediante la actualización de la memoria espiritual o subconsciente y, también alcanzando la super-conciencia por medio del éxtasis. A los llamados Santos de las religiones les sucedía este éxtasis. (Un ejemplo es Santa Teresa de Avila o de Jesús como también se la nombra.) En el libro ¡Te perdono! escrito por Amalia Domingo Soler, tenemos al Espíritu llamado Iris, reencarnado varias veces y relatando algunas de sus existencias corporales.

El filósofo alejandrino de nombre Ammonio Saccas del I siglo; más conocido por Teodidaktos, sostenía la doctrina del renacimiento de las almas o espíritus en nuevos cuerpos, yo a partir de aquí me referiré al alma con el termino espíritu ya que, la palabra espiritismo, viene de espíritu, y nosotros estudiamos el espiritismo; bien, fue este filósofo quien transmitió esta enseñanza de la reencarnación a San Clemente, (4º Papa de la iglesia primitiva desde el año 88-97 en el primer siglo de nuestra Era).

Orígenes ya cristianizado, discípulo de San Clemente, considerado uno de los tres pilares de la teología cristiana junto a S. Agustín y Santo Tomas, también aceptaba y enseñaba la doctrina de las vidas sucesivas, ya que esta misma doctrina, era del conocimiento y creencia común por las gentes de los tres primeros siglos del cristianismo. Por ello fue anatematizado (condenado) en aquél famoso Concilio de Constantinopla II celebrado entre el 5 de mayo al 2 de junio del año 553. Orígenes decía: “Cada alma o espíritu recibe un cuerpo de acuerdo a sus merecimientos y a sus acciones previas”. Observamos qué no dice: Cada cuerpo recibe un espíritu; sino que, Cada espíritu recibe un cuerpo. También aprendimos en semanas anteriores esta misma cuestión, por el razonamiento lógico de que el cuerpo material al cesar su funcionamiento se descompone por completo.

Krishna, hacia el año 3.000 antes de nuestra era, al igual que los egipcios dijo: “….yo y vosotros hemos tenido muchos nacimientos...”

Las palabras de Krishna las podemos aplicar perfectamente, ahora mismo, a todos los que estamos aquí pues la mayoría, estamos convencidos de que así sigue ocurriendo.

Los Vedas, que son monoteístas al igual que los cristianos afirmaban la inmortalidad del espíritu y la vuelta de nuevo a la carne. Ratificaban: “Qué el alma o espíritu es la parte inmortal del hombre; que unos espíritus vienen hacia nosotros y regresan y, vuelven a venir; que todo nacimiento, feliz o desdichado, es la consecuencia de las obras practicadas en las vidas anteriores”.

En el Corán se encuentran registradas estas palabras: “Alá nos envía muchas veces hasta que regresemos a Él”. En las semanas pasadas aprendimos que cuando el espíritu ya está purificado y hoy también he mencionado al principio este punto, es en el momento que ese espíritu se libera de las necesarias y sucesivas encarnaciones; pero.... es sólo en ese momento, que el espíritu alcanza la pureza necesaria a través de las buenas obras por medio del amor y no por la violencia o actos que van en contra de las leyes de Dios, ¡todos conocemos las primeras Leyes de Dios a la humanidad!.... Todos sabemos en nuestra conciencia lo que es el bien y lo que es el mal; (incluso un niño, cuando hace algo que en su interior sabe que está mal, lo hace a escondidas, porque sabe que le van a regañar, su intuición le dice que está mal...). Entonces, cuando el espíritu comprende que está purificado, es cuando domina y controla los graves impulsos que pueden hacer daño para uno mismo y para los demás, ahí es cuando una vez liberado y purificado puede disfrutar de esa gloria Divina, cuando transforma el Mal en el Bien.

Los intelectuales romanos como Ovidio, Virgilio, Cicerón, entre otros, todos ellos cultos, estudiosos, escritores, poetas, a través de sus imperecederas obras, citan frecuentemente la reencarnación de los espíritus o vuelta a la vida física; estas palabras de Ovidio así lo confirman : “Las almas van y vienen. Cuando vuelven a la Tierra, dan vida y luz a nuevas formas”. Virgilio, en su obra Eneida, asegura qué: “El alma al hundirse en la carne pierde el recuerdo de sus vidas pasadas”. El espíritu, al penetrar en el nuevo cuerpo que se desarrolla en el vientre materno, pierde el recuerdo de sus vivencias pasadas. También en semanas anteriores se habló de éste punto, el olvido del pasado. En el libro de Los Espíritus, que es una recopilación de preguntas y respuestas de los mismos espíritus a través de los médiums, trabajo realizado por A. Kardec, desde la pregunta 392-399, se explica muy adecuadamente entendiéndose muy bien, qué es y porqué sucede este Olvido del Pasado.

El pueblo hebreo, también mantenía la creencia de la reencarnación porque les fue predicada por los profetas que enseñaban la Ley de Moisés recogida en el Antiguo Testamento.

Y pasamos al tiempo de Jesús, nuestra era común:

Hay una frase que Jesús repite mucho, por eso los cuatro evangelistas S. Mateo, S. Marcos, S. Lucas y S. Juan (aquí diré como una curiosidad añadida, qué existen más de 20 versiones de los evangelios, aunque en la Biblia sólo se recogen cuatro) Bien, la frase a la que me refiero la reflejan repetidamente estos evangelistas y es: “El que tenga oídos para oír, que oiga”.

Jesús explico la reencarnación muy bien, sin posibilidad ninguna de equivocarse refiriéndosea la controversia que tenían sobre si Juan Bautista era Elías o no con estas palabras recogidas por S. Mateo, cap. 11: concretamente el versículo 14 dice así: “Si queréis comprender lo que os digo, él mismo es Elías, el que iba a venir. (Esto estaba anunciado por elprofeta Malaquias,con mucho tiempo de antelación, Elías hacía ocho siglos que había muerto).

“¡El que tenga oídos para oír, que oiga!”. Estas palabras, que Jesús repite con tanta frecuencia, expresan claramente que no todos se hallaban en condiciones de comprender ciertas verdades. Incluso ahora, nos viene muy bien ésta frase, breve pero rotunda.

Ya se habló en semanas pasadas la cuestión siguiente, pero... -la repetición es la madre de la retención- por eso volvemos a repetir este punto: Están muy claras las palabras del Mesías.....

Él mismo (Juan el Bautista) es Elías, el que iba a venir”

Aquí no hay figura simbólica ni alegoría: es una afirmación contundente y garantizada, claro qué, por supuesto, se ha de tener fe y confianza en la palabra de Jesús. Siempre habrán personas negando todo, alegan no creer en nada, es el nihilismo, que nosotros también respetamos ¡por supuesto!.

 

Isaías también nos habla sobre la reencarnación: cap. 26 - v. 19.....“Aquellos de vuestro pueblo a quienes hicieron morir, vivirán de nuevo. Los que eran muertos en medio de mí, resucitaran. Despertad de vuestro sueño y cantad alabanzas a Dios, vosotros que habitáis en el polvo. Porque el rocío que cae sobre vosotros es un rocío de luz....”

 

Se entiende que cuando dice “despertad de vuestro sueño... los que habitáis en el polvo...” se refiere al espíritu que es inmortal, el cuerpo físico se ha descompuesto pasando a formar parte de los elementos químicos de la tierra; es imposible que después de varios días, meses, años o siglos, se pueda aprovechar el mismo cuerpo, incluso el mismo Jesús que se apareció a los tres días de estar en la tumba, utilizó un cuerpo nuevo, para presentarse a sus discípulos, de hecho, no le reconocieron hasta que al escucharle supieron que era Él por las cosas que les decía.

La lectura de Isaías es muy explícita: “Aquellos de vuestro pueblo a quienes hicieron morir, vivirán de nuevo. Así pues, no cabe duda de que bajo la palabra resurrección, aparece el principio de la reencarnación que era una de las creencias fundamentales del pueblo judío y, que ese principio fue confirmado por Jesús, así como por los profetas también, de una manera formal y precisa.

De ahí se sigue que negar la reencarnación implica renegar de las palabras de Cristo.

Llegará un día que sus palabras establecerán autoridad en nuestra sociedad humana en relación con ese punto, así como sobre otros muchos, cuando se reflexione acerca de ellas sin las ideas preconcebidas que tenemos ahora.

Con todo, a esa autoridad, desde el punto de vista religioso, se le sumará, el punto de vista filosófico y asimismo también, el de las pruebas que son el resultado de la observación científica de los hechos.

Cuando queremos remontarnos a los efectos de las causas, la reencarnación aparece como una necesidad absoluta y necesaria para la humanidad, en pocas palabras, como una ley más de la naturaleza. Por sus resultados se evidencia, por decirlo así, de la misma forma que el motor oculto de una maquina se descubre por el movimiento que genera en esa maquina. (Un ejemplo sería, un coche, avión, etc. el cuerpo es la “carcasa” de la maquina que “va y viene” el avión va y vuelve, el coche va y vuelve.... entonces para entender bien, el motor oculto que no se ve, sería el espíritu que “va y viene” necesitando una carcasa nueva en cada encarnación).

Sólo la reencarnación puede decir al hombre de dónde viene, a dónde va y para qué está en la Tierra, así como justificar todas las desigualdades y todas las injusticias aparentes que presenta la vida. Sin la preexistencia del espíritu y de la pluralidad de existencias, la mayoría de las máximas del Evangelio de Jesús son incomprensibles. Debido a esta razón se dio origen a las interpretaciones tan contradictorias que desde los siglos pasados, en los cuales, la manipulación de lideres religiosos, políticos y comerciales enredaron lo que tan claro estaba, llegando hasta la confusión que hay en nuestros días.

El principio de la reencarnación es la clave que habrá de restablecer su verdadero sentido y aclarar por fin la verdad.

Todos estos ejemplos de la antigüedad reafirman la doctrina de la reencarnación como una enseñanza natural de la vida misma, al igual que el nacimiento, la vejez o la muerte.

Ahora, después de lo considerado aquí, surge una pregunta:

¿Podemos concluir que la reencarnación es un principio reciente defendido por el Espiritismo?

No, esta enseñanza fundamental está presente en la cultura de los pueblos antiguos y en los libros sagrados del Antiguo Testamento y de las demás religiones; además, fue enseñada hace más de dos mil años por el Maestro Jesús. El espiritismo como tal, desde el siglo XIX hasta nuestros días sólo profundiza su entendimiento y lo presenta accesible a muchos, con vistas al esclarecimiento de la humanidad y el progreso de los espíritus.

 

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 Teresa Fondevila

 

 

 

 

 

 

Y desde los días de Juan el Bautista hasta ahora, el reino de los cielos padece fuerza y los que se la hacen lo arrebatan. - Porque todos los profetas y la Ley hasta Juan profetizaron. - Y si queréis recibir, "él es aquel Elias que ha de venir". - El que tiene orejas para oír, oiga. (San Mateo, cap. XI, v." data-share-imageurl="">