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Marcha del Progreso 1ª Parte - ESDE

El Libro de los Espíritus. Allan Kardec

365. ¿A qué se debe que hombres muy inteligentes, lo que denota en ellos un Espíritu superior, a veces sean también profundamente viciosos?

“Sucede que el Espíritu encarnado no es suficientemente puro. El hombre cede a la influencia de otros Espíritus más imperfectos. El Espíritu progresa mediante una marcha ascendente imperceptible, pero el progreso no se lleva a cabo de manera simultánea en todos los aspectos." data-share-imageurl="">

Marcha del Progreso 1ª Parte ESDE

El Libro de los Espíritus. Allan Kardec

365. ¿A qué se debe que hombres muy inteligentes, lo que denota en ellos un Espíritu superior, a veces sean también profundamente viciosos?

“Sucede que el Espíritu encarnado no es suficientemente puro. El hombre cede a la influencia de otros Espíritus más imperfectos. El Espíritu progresa mediante una marcha ascendente imperceptible, pero el progreso no se lleva a cabo de manera simultánea en todos los aspectos. En un período puede avanzar en ciencia; en otro, en moralidad.”

751. ¿A qué se debe que en determinados pueblos, ya adelantados desde el punto de vista intelectual, el infanticidio forme parte de las costumbres y esté consagrado por la legislación?

“El desarrollo intelectual no implica la necesidad del bien. Un Espíritu superior en inteligencia puede ser malvado. Es el caso del que ha vivido mucho sin mejorar: solamente sabe100.”

779. El hombre, ¿extrae de sí mismo la fuerza progresiva, o el progreso es sólo el producto de una enseñanza?

“El hombre se desarrolla por sí mismo, naturalmente. Sin embargo, no todos progresan al mismo tiempo y de la misma manera. De modo que los más adelantados ayudan al progreso de los otros a través del contacto social.”

780. El progreso moral, ¿sigue siempre al progreso intelectual?

“Es su consecuencia, pero no siempre lo sigue de inmediato.” (Véanse los §§ 192 y 365.)

785. ¿Cuál es el mayor obstáculo para el progreso?

“El orgullo y el egoísmo. Me refiero al progreso moral, pues el progreso intelectual avanza siempre. Incluso parece, a primera vista, que el progreso intelectual confiere a esos vicios una actividad redoblada, por el desarrollo de la ambición y el apego a las riquezas que, a su vez, incitan al hombre a las investigaciones que esclarecen su espíritu. Así pues, todo está relacionado, tanto en el mundo moral como en el mundo físico, y del propio mal puede surgir el bien. Con todo, ese estado de cosas sólo durará algún tiempo: habrá de cambiar a medida que el hombre comprenda mejor que, fuera del goce de los bienes terrenales, hay una dicha infinitamente mayor e infinitamente más duradera.” (Véase Acerca del egoísmo, Cap. XII.)

Hay dos clases de progreso que se prestan mutuo apoyo, aunque no marchan juntos: el progreso intelectual y el progreso moral. En los pueblos civilizados, el primero de ellos recibe, en este siglo, todos los estímulos deseables. Por eso ha alcanzado un grado desconocido hasta nuestros días. Falta mucho para que el segundo alcance el mismo nivel. No obstante, si se lo compara con las costumbres sociales de algunos siglos atrás, habría que ser ciego para negar ese progreso. ¿Por qué, pues, esa marcha ascendente habría de detenerse de preferencia en relación con la moral que con la inteligencia? ¿Por qué no habría entre el siglo diecinueve y el veinticuatro tanta diferencia como la que hay entre el siglo catorce y el diecinueve? Dudar de eso sería pretender que la humanidad se encuentra en el apogeo de la perfección, lo cual sería absurdo; o que no es perfectible moralmente, lo que la experiencia desmiente.

La Génesis. Cap. XVIII, ítem 19. Allan Kardec

19. Una señal no menos característica del período en que ingresamos es la reacción evidente que se opera en el sentido de las ideas espiritualistas. Una repulsión instintiva se pone de manifiesto contra las ideas materialistas. El espíritu de incredulidad que se había apoderado de las masas, fueran estas ignorantes o instruidas, y que las llevaba a rechazar, junto con la forma, la sustancia misma de toda creencia, parece que ha sido un sueño, y al despertar se siente la necesidad de respirar un aire más vivificante. Involuntariamente, donde había un vacío se busca algo, un punto de apoyo, una esperanza.

La Ley de Progreso. Las leyes Morales. Rodolfo Galigari.

Según la Teología, el hombre fue creado justo, puro y feliz, y así podría haberse mantenido por toda la eternidad. Habiendo sido tentado, sin embargo, por satanás, desobedeció al Creador, sufriendo, en consecuencia de ese grave pecado, “la privación de la gracia, la perdida del paraíso, la ignorancia, la inclinación al mal, la muerte y toda suerte de miserias del cuerpo y del alma”.

En otras palabras, eso quiere decir que el género humano había surgido en la Tierra perfecto, o casi, pero después se degradó. Existe hasta quien opina que se viene volviendo cada vez peor.

La Doctrina Espírita, por el contrario, afirma que el progreso es una ley natural, cuya acción se hace sentir en todo el Universo, no siendo admisible, por consiguiente, que el hombre pueda frustrarla o contraponérsele.

En efecto, impulsado por ella, lejos de haber “decaído”, “el rey de la creación” fue perdiendo, a lo largo de los siglos, la ferocidad del troglodita, la anormalidad del bárbaro, la ignorancia del salvaje, en un desarrollo intelecto-moral lento, pero seguro e ininterrumpido, he aquí que, “imagen y semejanza de Dios”, está predestinado a adquirir todos los conocimientos de la Sabiduría y todas las virtudes de la Santidad.

Está claro que el hombre aún se encuentra bastante lejos de esa perfección, pero quien conozca un poco la historia de la civilización, no puede dejar de reconocer el [- 96 -]enorme avance, no sólo en la técnica, sino en las costumbres, que consiguió realizar.

Sí, es verdad, que su progreso moral se halla muy atrás del fabuloso progreso intelectual al que llegó, y de ahí el por qué prevalece, en nuestros días, una ciencia sin conciencia, valiéndose, no pocos, de sus adquisiciones culturales, sólo para la práctica del mal.

Los funestos resultados del mal empleo de su inteligencia recaerán, no obstante, fatalmente, sobre sí mismo, arrancándole “sangre, sudor y lágrimas” en abundancia, hasta que, trabajando por el Dolor, ganará experiencia, aprendiendo entonces a equilibrar las fuerzas de la mente y del corazón, como le convenga, para que su marcha ascensional se efectúe sin caídas ni desvíos.

Es verdad, también, que el egoísmo y el orgullo, inspiradores de muchas de las leyes perversas en vigencia en este mundo, favoreciendo a los poderosos en perjuicio de los débiles, pueden retardar, como efectivamente han retardado, la prosperidad y el bienestar comunes.

Es que la Providencia, para darle al hombre el mérito de elevarse por el propio esfuerzo y libre iniciativa, siempre le concede moratoria para que corrija y perfeccione sus instituciones, mirando aquél objetivo.

De vez en cuando, entretanto, agotadas las medidas de espera, las sacude violentamente, destruyendo privilegios odiosos, preconceptos estúpidos y gobiernos opresores, dando oportunidad a que, aunque en contra de los reaccionarios y de los retrógrados, el progreso se haga y la conducta humana se armonice, gradualmente, con la Ley [- 97 -]Divina, que no quiere otra cosa sino que los bienes terrenos sean repartidos equitativamente por cuantos hayan concurrido a producirlos, y que la Paz, basada en la Justicia, sea una bendición para felicitar a todas las razas y naciones.

Algunos filósofos argumentan que la civilización sólo sirve para aumentar la ambición, estimular la vanidad, multiplicar los vicios, complicar y dificultar la vida, etc., y que sería mejor para el hombre que él volviese al estado primitivo, de ignorancia e irresponsabilidad.

Si tales pensadores tuviesen la razón, y el gozo fuese inversamente proporcional al grado evolutivo de las criaturas, nos convendría retroceder, no sólo a la semi-inconsciencia del bruto, sino a la condición de meros gusanos...

El absurdo de semejante concepción es evidente, ¿no creen?

Antes de condenar a la civilización, urge que cada uno de nosotros ofrezca su contribución personal para que ella se depure; y, en vez de intentar obstaculizar la fuerza del progreso, acompañémoslo, porque, resistirse a él, es correr el riesgo de ser vencido.

 

El Libro de los Espíritus. Allan Kardec

365. ¿A qué se debe que hombres muy inteligentes, lo que denota en ellos un Espíritu superior, a veces sean también profundamente viciosos?

“Sucede que el Espíritu encarnado no es suficientemente puro. El hombre cede a la influencia de otros Espíritus más imperfectos. El Espíritu progresa mediante una marcha ascendente imperceptible, pero el progreso no se lleva a cabo de manera simultánea en todos los aspectos." data-share-imageurl="">