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Pluralidad de Mundos Habitados - EEM

Via Lactea

Pluralidad de Mundos Habitados - EEM

Objetivos:

-          Explicar a la luz del Espiritismo la afirmativa de Jesús de que Hay Muchas Moradas en la casa de mi Padre.

-          Esclarecer qué son los mundos transitorios y cuáles son sus finalidades." data-share-imageurl="">

Pluralidad de Mundos Habitados - EEM

Via Lactea

Pluralidad de Mundos Habitados - EEM

Objetivos:

-          Explicar a la luz del Espiritismo la afirmativa de Jesús de que Hay Muchas Moradas en la casa de mi Padre.

-          Esclarecer qué son los mundos transitorios y cuáles son sus finalidades.

1. LAS MORADAS DE LA CASA DEL PADRE

La Doctrina Espírita enseña que los globos del universo pueden ser habitados a pesar de la no comprobación de la Ciencia Oficial: Dios pobló de seres vivos los mundos, concurriendo todos esos seres para el objetivo final de la Providencia. Creer que sólo los haya en el planeta que habitamos sería dudar de la sabiduría de Dios, que no hace cosa alguna inútil. Él debió asignar a esos mundos una finalidad más importante que la de recrear nuestra vista. Por otra parte, nada, ni en la posición, ni en el volumen, ni en la constitución física de la Tierra, puede razonablemente llevar a suponer que sólo ella posea el privilegio de estar habitada, con exclusión de tantos millares de mundos similares. (8)

Cuando Jesús dice: “No se preocupen. Confíen en Dios y confíen también en mí. En la casa de mi Padre hay muchas moradas. Si no fuera cierto, no les habría dicho que voy allá a prepararles un lugar. Después de esto, volveré para llevarlos conmigo. Así estaremos juntos.” (Juan, 14:1-3), estaba enseñándonos el principio de la pluralidad de las existencias. (11)

La casa del Padre es el Universo. Las diferentes moradas son los mundos que circulan en el espacio infinito y ofrecen, a los Espíritus que en ellos encarnan, moradas correspondientes al adelantamiento de los mismos Espíritus. (1)

En función de eso, es diversa la constitución física de cada mundo y, consecuentemente, de sus habitantes. Cada mundo ofrece a sus habitantes condiciones adecuadas y propias a la vida planetaria. Las necesidades vitales en un planeta podrán no ser las mismas, siendo hasta opuestas en otros.

El mundo que habitamos hace parte de un séquito de planetas y asteroides que acompañan al Sol en su viaje por la vastedad inconmensurable del espacio. (12)

Nuestro sistema planetario, todavía, no ocupa sino un punto ínfimo en el universo. Él pertenece a un grupo estelar, o galaxia, llamada Vía Láctea, donde existen más o menos 40 billones de estrellas, algunas de las cuales tan grandes, que una sola ocupa un espacio igual al ocupado por el Sol y casi todos los planetas que este arrastra consigo. (13) Vale la pena considerar que nuestro sistema planetario no solamente es un punto pequeñísimo en la Vía Láctea sino que está colocado casi a su final.

Para tener idea de las dimensiones estelares o de las distancias entre los mundos del Universo, basta decir que la galaxia de Andrómeda, una de las más próximas a la Tierra (y consecuentemente a la Vía Láctea), dista cerca de 2,5 millones años luz[1] de nuestro sistema solar. Ahora, si el Universo tiene tales dimensiones y si el número de planetas que en él existe debe contarse por el orden de los trillones o más, ¿no constituye una ingenuidad, o peor, una falta de inteligencia, suponer que sólo la Tierra sea habitada por seres racionales? ¿Habría Dios creado todo eso, sólo para recrear la vista de los terrícolas? Claro que no, pues Dios nada hace sin un fin útil. Los mundos que gravitan en el espacio infinito, tal es la enseñanza del Espiritismo, son las diferentes moradas de la casa del Padre Celestial (Juan, 14: 2), donde otras Humanidades, en varios grados de adelantamiento, encuentran habitación adecuada a su avance. (14)

De la enseñanza dada por los Espíritus, resulta que son muy diferentes unas de las otras las condiciones de los mundos, como el grado de adelantamiento o de inferioridad de sus habitantes. Entre ellos los hay en que estos últimos son también inferiores a los de la Tierra, física y moralmente; otros, de la misma categoría que el nuestro; y otros que son más o menos superiores en todos los aspectos. En los mundos inferiores, la existencia es toda material, reinan soberanas las pasiones, siendo casi nula la vida moral. A la medida que ella se desarrolla, disminuye la influencia de la materia, de tal manera que, en los mundos más adelantados, la vida es, por así decir, toda espiritual. (2)

Evidentemente, no podemos hacer una clasificación completa de las categorías de mundos habitados, mas Allan Kardec nos ofrece una que nos permite una visión general del asunto: mundos primitivos, destinados a las primeras encarnaciones del alma humana; mundos de expiación y prueba, donde domina el mal; mundos de regeneración, en los cuales las almas que aún tienen que expiar aspiran nuevas fuerzas, reposando de las fatigas de la lucha; mundos dichosos, donde el bien sobrepuja al mal; mundos celestes o divinos, habitaciones de Espíritus depurados, donde exclusivamente reina el bien. La Tierra pertenece a la categoría de los mundos de expiación y prueba, razón por la que ahí vive el hombre abrazado con tantas miserias. (3)

En los mundos primitivos, destinados a las primeras encarnaciones del alma humana, la vida, toda material, se limita a la lucha por la subsistencia, el sentido moral es casi nulo y, por eso mismo, las pasiones reinan soberanamente. (14)

En los mundos intermediarios, sus habitantes se caracterizan por una mezcla de virtudes y de defectos, y de ahí la alternativa de muchos momentos alegres y felices con horas de amargura y de sufrimiento.

Ya en los mundos superiores, el bien sobrepuja al mal, y, en los mundos celestes o divinos, morada de Espíritus depurados, la felicidad es completa, ya que todos han alcanzado la cumbre de la sabiduría y de la bondad. (15)

Tal como ocurrió con la estructura física de la Tierra, la evolución moral ha caminado gradualmente, en proceso continuo. Los períodos geológicos marcan las fases del aspecto general del globo, en consecuencia de sus transformaciones. Pero, con excepción del Período Diluviano, que se caracterizó por una subversión repentina (fue época de grandes cataclismos en el planeta), todos los demás transcurrieron lentamente, sin transiciones bruscas. Durante todo el tiempo que los elementos constitutivos del globo llevaron para tomar posiciones definitivas, los cambios fueron generales. (6)

Así también viene ocurriendo con la parte moral e intelectual de los Espíritus que habitan la Tierra.

A pesar de ser nuestro planeta, en cierta forma, un mundo expiatorio, no se caracteriza como primitivo, o sea, destinado a las primeras encarnaciones de los Espíritus, por ser sus habitantes poseedores de algún progreso espiritual. Pero, también, los numerosos vicios a que se muestran propensos constituyen el índice de gran imperfección moral. Por eso, los colocó Dios en un mundo ingrato, para expiar ahí sus faltas, mediante penoso trabajo y miserias de la vida, hasta que hayan merecido ascender a un planeta más dichoso. (4)

Debemos comprender, no obstante, que no todos los Espíritus que nacen en nuestro planeta vienen para expiar faltas. Están las razas salvajes, en su mayoría, formadas por Espíritus aún en la infancia espiritual. Están aquí en proceso de educación. Están también las razas semi-civilizadas de Espíritus un poco más adelantados que los anteriores. (5) Existen aquí igualmente, los Espíritus superiores en misiones de amor y dedicación.

2. MUNDOS TRANSITORIOS

También con relación a los mundos habitados existentes en el Universo, la Codificación Espírita se refiere a una categoría denominada mundos transitorios.

Son mundos particularmente destinados a los seres errantes[2], mundos que les pueden servir de habitación temporaria, especie de vivaques[3], de campos donde descansan de una erraticidad demasiado larga, estado este siempre un tanto penoso. Son, entre los otros mundos, posiciones intermedias, graduadas de acuerdo con la naturaleza de los Espíritus que a ellas pueden tener acceso y donde ellos gozan de mayor o menor bienestar. (9)

Los mundos transitorios no se prestan a la encarnación de seres corpóreos, porque en él es estéril su superficie. (10) E incluso esa esterilidad no es permanente. La Tierra, que hoy es clasificada como planeta de pruebas y expiaciones, ya fue mundo transitorio, (10) como también ya fue mundo primitivo. (7)

Concluimos diciendo que los mundos transitorios pueden ser constituidos por un planeta, un satélite, un cometa, un asteroide, desde que su superficie física sea estéril.

Nada es inútil en la Naturaleza; todo tiene un fin, un destino. En lugar alguno está el vacío; todo está habitado, hay vida en todas partes. Así, durante la dilatada sucesión de los siglos que pasaron antes de la aparición del hombre en la Tierra, durante los lentos periodos de transición que las capas geológicas atestiguan, antes incluso de la formación de los primeros seres orgánicos, en aquella masa informe, en aquél árido caos, donde los elementos se hallaban en confusión, no había ausencia de vida. Seres exentos de nuestras necesidades, de nuestras sensaciones físicas, allá encontraban refugio. Quiso Dios que, incluso así, aún imperfecta, la Tierra sirviese para alguna cosa. ¿Quién osaría afirmar que, entre los millares de mundos que giran en la inmensidad, uno sólo, uno de los menores, perdido en el seno de la multitud infinita de ellos, goza del privilegio exclusivo de ser poblado? ¿Cuál es entonces la utilidad de los demás? ¿Los habría hecho Dios únicamente para recrearnos la vista? Suposición absurda, incompatible con la sabiduría que resplandece en todas sus obras e inadmisible desde que ponderemos en la existencia de todos los que no podemos percibir. Nadie dirá que, en esta idea de la existencia de mundos aún impropios para la vida material y, no obstante, ya poblados de seres vivos apropiados a tal medio, hay cualquier cosa de grande y sublime, en que tal vez se encuentre la solución de más de un problema. (10)

CONCLUSIÓN

El Universo está lleno de vida orgánica e espiritual.

Hay lugares sin vida orgánica, estériles, los mundos transitorios, que sirven como lugar de descanso de los Espíritus errantes.

Nada es inútil en la Naturaleza.

FUENTES DE CONSULTAS

  1. Kardec, Allan. Hay muchas morada en la casa de mi Padre. El Evangelio Según el Espiritismo. Cap. II, ítem 2.
  2. ítem 3.
  3. ítem, 4.
  4. ítem 13.
  5. ítem 14.
  6. Periodos Geológicos. La Génesis. cap. VII, ítems. 1 a 49.
  7. ítems 48 y 49.
  8. De la Creación. El Libro de los Espíritus. Cap. III, preg. 55 (comentario).
  9. De la vida Espírita. Cap. VI, preg. 234.
  10. Preg. 236 y comentario, p. 1558-159.
  11. LA BIBLIA. La última cena de Jesús con sus Discípulos. Juan, cap. 14: 1-3. https://www.bible.com/bible/176/JHN.14.1-3
  12. CALLIGARIS, Rodolfo. En la casa de mi Padre hay muchas moradas. cap. 4.
  13. p. 17.
  14. p. 18.
  15. p. 18-19.

Aprovecha

“Si alguien dice: - yo amo a Dios, y aborrece a su hermano, es mentiroso. Pues quien no ama a su hermano, a quien ve, ¿cómo puede amar a Dios, a quien no ve?" (I Juan, 4:20)

La vida es proceso de crecimiento del alma al encuentro de la Grandeza Divina.

Aprovecha las luchas y dificultades de la senda para la expansión de ti mismo, dilatando tu círculo de relaciones y de acción.

Aprendamos para esclarecer.

Atesoremos para ayudar.

Engrandezcámonos para proteger.

Eduquémonos para servir.

Con el acto de hacer y dar alguna cosa, el alma se extiende siempre más allá...

Guardando la bendición recibida para sí solamente, el Espíritu, muchas veces, apenas se adorna, pero esparciendo la riqueza de que es portador, crece constantemente.

En la prestación de servicio a los semejantes, se incorpora, naturalmente, al coro de las alegrías que provoca.

En la enseñanza al aprendiz, se une a los beneficios de la lección.

En la creación de las buenas obras, en el trabajo, en la virtud o en el arte, vive en el progreso, en la santificación o en la belleza con que la experiencia individual y colectiva se engrandece y perfecciona.

En la distribución de pensamientos sanos y elevados, se convierte en fuente viva de gracia y alegría para todos.

En el concurso espontáneo, dentro del ministerio del bien, se une a la prosperidad común.

Da, pues, de ti mismo, de tus fuerzas y recursos, obrando sin cesar, en la institución de valores nuevos, auxiliando a los otros, a beneficio de ti mismo.

El mundo es camino vasto de evolución y perfeccionamiento, donde transitan, a tu lado, la ignorancia y la flaqueza.

Aprovecha la gloriosa oportunidad de expansión que la esfera física te confiere y ayuda a quien pasa, sin pensar en pagos de cualquier naturaleza.

El prójimo es nuestro puente de unión con Dios.

Si buscas al Padre, ayuda a tu hermano, amparándoos recíprocamente, porque, según la palabra iluminada del evangelista, “si alguien dice: - yo amo a dios, y aborrece al semejante, es mentiroso, pues quien no ama al compañero con quien convive, ¿cómo puede amar a Dios, a quien aún no conoce?"

*  *   *

XAVIER, Francisco Cándido. Fuente Viva. Por el Espíritu Emmanuel. Lección 71.




[1] Un año luz es una unidad de distancia. Equivale aproximadamente a 9,46 × 1012 km (9 460 730 472 580,8 km). Se calcula como la longitud que recorre la luz en un año.

[2] Espíritus errantes: los que aguardan una encarnación; se encuentran en la espiritualidad entre una y otra encarnación.

[3] Vivaque: campamento provisional al aire libre.

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