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El Punto de Vista

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Enviado por javier el Jue, 04/02/2016 - 20:00
Date: 
Jueves, 4 Febrero, 2016 - 20:00
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El punto de vista

 

EL PUNTO DE VISTA

El 4 de febrero de 2016, una de nuestras compañeras nos deleitó con una amena y aleccionadora charla que versó sobre "El punto de vista". En resumen, se habló sobre la importancia de tener siempre presente que somos Espíritus inmortales viviendo experiencias más o menos agradables, pero todas enriquecedoras, en esta encarnación, que todo pasa y después de la tormenta siempre sale el Sol. Hay que tener paciencia, humildad y certeza de que la Vida y la Verdad siempre triunfa para resisitir los embates de la vida.

 

EL PUNTO DE VISTA.


¿Qué actitud mental y forma de actuar, podría ayudarnos, en las distintas situaciones difíciles del día a día, que todos sufrimos?

 Algunos dirán, depende del punto de vista que le damos a cada situación, ¿verdad?

 Si tuviésemos una idea clara y precisa, de lo que nos espera en el futuro, podríamos tener la calma necesaria para resolver cada situación. Por eso....

 La idea clara y precisa que nos formamos acerca de la vida futura, nos puede dar una fe fuerte, firme, en el porvenir y esa fe, tiene inmensas consecuencias en los comportamientos morales de los seres humanos, ya que cambiará por completo - el punto de vista que tengamos, desde el cual, observaremos la vida terrenal -.

 Para la persona que pone su pensamiento en la vida espiritual, la cual es ilimitada, la vida corporal es como si fuera, un billete de viaje para una breve estancia en un país ingrato. Los acontecimientos y amarguras de la vida sólo son episodios que soporta con paciencia, porque sabe que “duran poco” y que luego habrá de venir una situación más dichosa.

 El acto de la muerte, para esa persona, con ese punto de vista adecuado espiritualmente hablando, deja de ser horrible o espantoso; porque comprende que no es una puerta hacia la nada, sino la puerta de la liberación, que permite al habitante de ese país extraño, atravesar esa puerta y entrar en una morada de felicidad y paz.

 Como sabe que vive en un lugar de tránsito, para nada definitivo, (nuestra vida corporal), esta persona se toma las preocupaciones que le llegan con más neutralidad y desapego, ésta actitud le proporciona gran calma a su espíritu y alivio a sus amarguras. Pero si....

 Por el contrario, la persona alberga dudas sobre la vida futura, concentra todos sus pensamientos y energías en las cosas de la vida terrenal. Se ve insegura en cuanto a ese futuro o porvenir, todo lo que hace, piensa y siente lo dedica al presente. ¡Es lógico que viva así!, el “atravesar esa puerta” le lleva a la nada.... Cualquier pérdida de sus bienes por pequeño que sea, le causa un gran disgusto. Una equivocación, una esperanza malograda, una ambición insatisfecha, una injusticia de la cual es víctima; el orgullo y la vanidad heridos, todo eso son como tormentos que hacen de su vida una angustia continuada, - de modo que sin pararse a pensar, se condena voluntariamente a una auténtica e incesante tortura -.

 Desde el punto de vista terrenal, en cuyo centro se encuentra, todo alcanza, para esa persona, inmensas proporciones; tanto el mal que le llega, como el bien que ve llegar para los demás, todo adquiere para esa persona una inmensa importancia. (Aquí es, cuando pensando en la muerte, siente terror, porque perderá todo lo importante que generó en esa vida).

 Todo ser humano, pertenece a un nivel evolutivo, sea cual fuere el grado de la escala de evolución de su espíritu, tiene el sentimiento innato del porvenir. Su intuición le dice que la muerte, no es la última palabra de la existencia, esa intuición le dice que, aquellos familiares, amigos... cuya memoria recordamos constantemente, no se han perdido para siempre. La creencia en el porvenir o en el más allá como muchos la conocen, es intuitiva y es mucho más generalizada que la del -Nihilismo-.

Esta palabra es un término que viene del latín y significa – nada - . Se trata de la negación de todo principio religioso, social o político.

Entonces...si la creencia en ese más allá, es intuitiva en una gran mayoría y mucho más general de lo que parece, ¿A que se debe, pues, que entre aquellos que creen en la inmortalidad del alma, se encuentre todavía tanto apego a las cosas materiales y tanto miedo a la muerte?

 El temor a la muerte es un efecto de la sabiduría de la Providencia y una consecuencia del instinto de conservación, común a todos los seres vivos. Por otra parte, es necesario, mientras tanto, que el ser humano no esté bastante enterado de las condiciones de la vida futura, como contrapeso a la tendencia que sin este freno, le impulsaría a interrumpir de forma prematura la vida terrestre, descuidando y despreciando el “trabajo” de vivir y las experiencias que deben servir para su adelanto moral y espiritual. De aquí se desprende la gran importancia de tener -el punto de vista- adecuado.

 A medida que la persona comprende mejor la vida futura, el temor a la muerte disminuye. Pero al mismo tiempo comprende mejor su misión en la Tierra y, espera su fin con más calma, más resignación y sin temor; se siente más tranquila y en paz.

 La seguridad de volver a encontrar a sus seres queridos después de la muerte, de continuar las relaciones con ellos que tuvo en la Tierra, de no perder el fruto de su esfuerzo por mejorar cada día, de aumentar sin cesar en inteligencia y en perfección, le da la paciencia necesaria de esperar y el valor para soportar las dificultades que se le presentan en el día a día de la vida en la Tierra.

 Se alegará que si todo el mundo pensara del mismo modo, nadie se ocuparía de las cosas de la Tierra y en ella todo sería un desbarajuste. No es así. El ser humano busca instintivamente su bienestar, como debe ser, y aunque tiene la certeza de que ha de permanecer por un tiempo más o menos largo, sabiendo que se agotará , quiere vivir lo mejor o menos mal que le sea posible. “No existe nadie que, teniendo una espina o pincho clavado en la palma de su mano, deje de hacer lo necesario para quitar esa molestia, buscando estar más cómodo”. Ahora bien, la búsqueda de bienestar obliga al ser humano a mejorar todaslas cosas, impulsado por el instinto del progreso y de la conservación, que forma parte de las leyes naturales de la naturaleza.

Trabaja, pues, por necesidad, por gusto y por deber, y de ese modo cumple los designios de la Providencia, que con ese fin lo ha ubicado en el planeta Tierra.

 

La persona que toma en consideración ese porvenir de bienestar espiritual, le da al presente una importancia relativa, y se consuela fácilmente de sus fracasos, pues piensa en el buen destino que le espera.

 El Maestro Jesús dijo:

“Más ahora, mí reino no es de aquí”. (Jesús en el evangelio de S. Juan, 18: 36)

 Estas palabras del Maestro Jesús, nos dan la seguridad de que hay un destino mejor, Un Gran Futuro.

 Aunque hay realidades incoherentes en las actividades de toda índole en la sociedad humana, es justo considerar que Jesucristo no ha desamparado a nuestro planeta. Al decir qué “ahora, su reino no es de aquí” no reforzó la negación absoluta de la felicidad celestial para la Tierra. Solamente puntualizó el paisaje existente en aquél entonces, en aquella sociedad, sin olvidar la esperanza en el porvenir. Semejante afirmación, “ahora, mí reino no es de aquí”, nos revela Su confianza y -el punto de vista- adecuado que debemos tener en ese futuro.

 Por lo tanto, Jesús no puede dar Su respaldo a la falsa actitud de los obreros en desaliento, que cruzando los brazos se abstienen frente a los trabajos de regeneración moral, tan sólo porque la sombra se hizo más densa alrededor de los problemas pasajeros, o porque las heridas humanas se hacen a veces más dolorosas.

 La actividad divina jamás se interrumpe y es justamente en la situación de la lucha humanitaria hacia todos y hacia uno mismo, que el hombre coherente con la enseñanza del Maestro, plasmará su propia victoria.

Por todo esto, no nos cabe desertar a través de la actitud de brazos cruzados y contemplativa, y sí avanzar confiadamente con -el buen punto de vista- hacia el Gran Futuro.

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 Conclusión

 La creencia en la vida futura nos lleva a luchar con fe, con esperanza de un porvenir mucho mejor ante los problemas y circunstancias difíciles de la vida terrena, ésta creencia nos consuela, teniendo la certeza de que debemos tener paciencia y serenidad, pues esas dificultades sólo tienen un origen y son pasajeras, comparadas a la grandeza y eternidad de la vida espiritual.