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La Reencarnación y los Lazos de Familia II

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Enviado por javier el Dom, 24/04/2016 - 10:33
Reencarnación y Lazos familia II

Conferencia/Estudio

Buenas tardes a todos,

Nuestro objetivo de hoy, va a ser analizar, a la luz de la doctrina espírita, la presencia y la ausencia de afinidades entre personas que integran una misma familia, sus posibles causas, y establecer la relación entre la progresión gradativa de los espíritus y el incesante estrechamiento de los lazos de afecto entre ellos." data-share-imageurl="">

Author: 
J. Rodríguez
Date: 
Jueves, 21 Abril, 2016 - 20:00
Body: 

Reencarnación y Lazos familia II

Conferencia/Estudio

Buenas tardes a todos,

Nuestro objetivo de hoy, va a ser analizar, a la luz de la doctrina espírita, la presencia y la ausencia de afinidades entre personas que integran una misma familia, sus posibles causas, y establecer la relación entre la progresión gradativa de los espíritus y el incesante estrechamiento de los lazos de afecto entre ellos. Vamos a ver como la familia es el crisol donde se unen los espíritus para renovar y fortalecer viejos afectos, para deshacer viejos entuertos o bien incluso para acoger nuevos espíritus al círculo familiar.

19. La unión y el afecto que existen entre parientes, son indicio de la simpatía anterior que les ha aproximado; por esto se dice, hablando de una persona cuyo carácter, gustos e inclinaciones no tienen ninguna semejanza con sus allegados, que no es de la familia. Cuando se dice esto se dice más verdad de lo que se cree. (El Evangelio según el Espiritismo; cap. IV)

Los sentimientos de afecto y buen entendimiento que hay entre personas de una misma familia parecen revelar la existencia de una simpatía anterior que las unió en el pasado y las mantiene unidas en el presente. ¿Qué explica sino esos sentimientos que nos invaden al ver por primera vez un hijo recién nacido? ¿De donde provienen? ¿De la filiación exclusivamente carnal?  

Al contrario, la ausencia de afinidades entre familiares revela que en aquél grupo están reunidos espíritus extraños unos a otros, sin ningún vínculo de simpatía entre sí.

Recuerdo el caso de una pareja de hermanos, extraído de la Revista Espírita del año 1867 publicada por Allan Kardec, y recientemente traducido y publicado en la homóloga de la FEE de diciembre de 2015. Tiene por título “Expiación terrestre” y narra el caso de un jovencito fallecido con la edad de 12 años. Este joven padecía parálisis e hidropesía, tenía el cuerpo cubierto de llagas y la carne le caía a jirones. En los momentos de máximo dolor llegaba a preguntar a Dios el porqué de sus sufrimientos si él, con su corta edad, no había hecho mal a nadie. Inconscientemente presentía que su enfermedad se debía a alguna causa oculta, pero la falta de conocimiento de la ley de reencarnación no le permitía hallar la explicación.  A la edad de 3 años se le unió una hermana cuya presencia desde su nacimiento le provocaba un total rechazo. Fue también en esa época que le aparecieron los primeros síntomas de su enfermedad. No podía soportar su vista, tal era la repulsión que sentía pero, sin embargo, no consentía que se le hiciese daño, ni siquiera que se le riñese. Muchas veces le decía a su madre “¿Porque la vista de mi hermana me es tan penosa? Es muy buena conmigo, y a pesar mío no puedo impedir el detestarla.” Era evidente que dos sentimientos contrapuestos luchaban en su interior. Tras su muerte se manifestó en varias ocasiones en las que vino a explicar el porqué de esa antipatía instintiva. En una anterior encarnación había asesinado lentamente a su hija creyendo que no era suya, y esa hija era su hermana actual cuya vista le recordaba inconscientemente su culpabilidad y anterior odio. Lo que explica también el origen espiritual de su enfermedad: sufría en su propia carne el mal infligido a la hija/hermana.

Dios permite en las familias estas encarnaciones de espíritus antipáticos o extraños con el doble objeto de servir de prueba para los unos y de medio de adelanto para los otros. Además, los malos se mejoran poco a poco con el contacto de los buenos y por los cuidados que de éstos reciben; su carácter se suaviza, sus costumbres se purifican, las antipatías se deshacen, y así es como se establece la fusión entre las diferentes categorías de espíritus, como en la tierra se establece entre las razas y los pueblos. (El Evangelio según el Espiritismo; cap. IV)

La finalidad del ingreso de espíritus antipáticos o extraños, como miembros de una familia posibilita la ocasión de progreso para unos y prueba para otros, a través de la convivencia familiar. Así, los malos se mejoran poco a poco, al contacto con los buenos y por efecto de los cuidados que les dispensan, proporcionando la desaparición de la indiferencia y antipatía que los separaban y el fortalecimiento de los lazos de afecto.

20. El temor que se tiene por el aumento indefinido del parentesco a consecuencia de la reencarnación, es un temor egoísta, y prueba de que no se siente un amor bastante grande para tenerlo a un gran número de personas. Un padre que tiene muchos hijos, ¿acaso no les ama tanto como si tuviera uno? Pero tranquilícense los egoístas: ese miedo no es fundado. De que haya un hombre que haya tenido diez encarnaciones, no se seguirá por esto que ha de encontrar en el mundo de los espíritus diez padres, diez madres, diez mujeres y un número proporcionado de hijos y de nuevos parientes; encontrará siempre los mismos objetos de su afecto, que se le habrán unido en la tierra con títulos diferentes, y aun puede ser con el mismo. (El Evangelio según el Espiritismo; cap. IV)

Aunque se tengan sucesivas encarnaciones, el número de miembros de una familia no aumenta indefinidamente. El hecho de que un hombre haya tenido diez encarnaciones no significa que tenga diez madres o diez padres diferentes, ni diez mujeres, ni tantos hijos como tuviese en cada relación, en el mundo espiritual. Más allá encontrará siempre a los que fueron objeto de su afecto y a él se unirán en la Tierra en condiciones diferentes o en una misma condición.

Uno de los factores que contribuye para la aproximación de los espíritus y su nacimiento en una misma familia es la simpatía, decurrente de la afinidad de gustos e inclinaciones.

Los verdaderos lazos de familia son los del espíritu y no los de la carne.

En el mundo de los espíritus no hay padres, madres o hijos: allá somos todos hermanos.

21. Veamos ahora las consecuencias de las doctrinas de la no reencarnación. Esta doctrina anula necesariamente la preexistencia del alma, siendo las almas creadas al mismo tiempo que el cuerpo, no existe entre ellas ningún lazo anterior; son completamente extrañas unas a otras; el padre es extrañó a sus hijos; la filiación de las familias se encuentra de este modo reducida a la sola filiación corporal, sin ningún lazo espiritual. No hay, pues, ningún motivo para vanagloriarse de haber tenido por antepasados tales o cuales personajes ilustres. (El Evangelio según el Espiritismo; cap. IV)

La doctrina anti-reencarnacionista niega la preexistencia del alma y defiende el principio de que esta es creada al mismo tiempo que el cuerpo. Solo nos une unos pocos genes materiales con nuestros antepasados, no hay ninguna filiación espiritual, somos producto de la casualidad. No hay motivos para sentirse orgullosos de antepasados ilustres. Consecuencia de esta doctrina, es que hay sólo una ocasión material de convivencia entre los familiares, sin ningún lazo afectivo anterior ni posibilidad de reencuentro futuro.

Con la reencarnación, antepasados y descendientes pueden ser conocidos, haber vivido juntos, haberse amado y encontrarse reunidos más tarde para estrechar sus lazos simpáticos. (El Evangelio según el Espiritismo; cap. IV)

Con la reencarnación volvemos a reencontrarnos con viejos afectos a lo largo de nuestra existencia como espíritus.

22. Esto es en cuanto al pasado. En cuanto al porvenir, según uno de los dogmas fundamentales que se desprende de la no reencarnación, la suerte de las almas está irrevocablemente fijada después de una sola existencia; fijar definitivamente la suerte, implica la cesación de todo progreso, porque si hay algún progreso, no hay suerte definitiva, según vivieron bien o mal, van inmediatamente a la morada de los bienaventurados o al infierno eterno; de este modo están "separados para siempre y sin esperanza de unirse jamás", de tal modo, que padres, madres e hijos, maridos y mujeres; hermanos, hermanas y amigos, nunca están ciertos de volverse a ver; esta es la rotura más absoluta de los lazos de familia. (El Evangelio según el Espiritismo; cap. IV)

Según la doctrina anti-reencarnacionista no hay posibilidad de que los espíritus progresen.

Teniendo el espíritu sólo una encarnación, su progreso queda limitado a una única existencia, tras la cual su suerte estará irrevocablemente determinada, cesando cualquier posibilidad de perfeccionamiento.

Con la reencarnación y el progreso, que es su consecuencia, todos los que se han amado se encuentran en la tierra y en el espacio, y marchan juntos para llegar a Dios. Si hay algunos que tuercen el camino, retardan su adelanto y su felicidad, pero no se ha perdido toda la esperanza; ayudados, animados y sostenidos por los que les aman, saldrán un día del cenagal en donde se metieron. Con la reencarnación, en fin, hay solidaridad perpetua entre los encarnados y desencarnados y de aquí viene que se estrechan más los lazos de afecto. (El Evangelio según el Espiritismo; cap. IV)

Con la reencarnación volvemos a encontrarnos con los seres queridos y marchamos juntos hacia Dios. Si alguno se retrasa podemos esperarlo y ayudarlo en su progreso. Así, con ese contínuo reencuentro perpetuo los lazos fraternales se refuerzan cada vez más.

23. En resumen, cuatro alternativas se presentan al hombre para su porvenir de ultratumba; 1ª la nada, según la doctrina materialista; 2ª la absorción en el todo universal, según la doctrina panteista; 3ª la individualidad con fijación definitiva de la suerte; según la doctrina de la iglesia; y 4ª la individualidad con progresión indefinida, según la doctrina espiritista. Según las dos primeras los lazos de familia se rompen después de la muerte, y no queda ninguna esperanza de volverse a encontrar; con la tercera, pueden volverse a ver con tal que estén en un mismo centro, y este centro puede ser el infierno o el paraíso; con la cuarta, o sea con la pluralidad de existencias, que es inseparable del progreso gradual, hay certeza en la continuidad de relaciones entre los que se han amado, y esto es lo que constituye la verdadera familia.(El Evangelio según el Espiritismo; cap. IV)

Cuatro alternativas le son ofrecidas al hombre tras la muerte:

a) por la doctrina materialista, la nada;

b) por la doctrina panteísta, la absorción de su energía en el todo universal;

c) por las religiones tradicionales, la fijación definitiva de la suerte de cada uno;

d) por la doctrina espírita, la posibilidad infinita de progreso individual.

Podemos sacar una lección importante para nuestra vida:

Debemos ser siempre tolerantes con las personas de nuestra familia que revelen tendencias diferentes de las nuestras, procurando rodearlas de comprensión y cariño, pues sabemos que somos todos hijos del mismo Padre y hermanos de toda la humanidad.

Conclusión:

El ambiente familiar es, al mismo tiempo, escuela de fraternidad y oficio de progreso. A través de sucesivas encarnaciones, en que somos ahora padres ahora hijos, aprendemos a amar y perdonar y, en la condición de hermanos, aproximarnos a Dios.

Muchas gracias por vuestra atención y hasta el próximo jueves,

 

Y aquí tenéis la presentación por si os es útil: La Reencarnación y los Lazos de Familia

Reencarnación y Lazos familia II

Conferencia/Estudio

Buenas tardes a todos,

Nuestro objetivo de hoy, va a ser analizar, a la luz de la doctrina espírita, la presencia y la ausencia de afinidades entre personas que integran una misma familia, sus posibles causas, y establecer la relación entre la progresión gradativa de los espíritus y el incesante estrechamiento de los lazos de afecto entre ellos." data-share-imageurl="">