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Motivos de Resignación

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Enviado por javier el Vie, 27/05/2016 - 20:21

"El hombre que sufre se parece a un deudor que debe una fuerte cantidad y a quien su acreedor dice: "Si hoy mismo me pagáis la centésima parte, os perdono el resto; quedaréis libre; si no la hacéis, os perseguiré hasta que hayáis pagado el último céntimo"." data-share-imageurl="">

Date: 
Jueves, 26 Mayo, 2016 - 20:00
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"El hombre que sufre se parece a un deudor que debe una fuerte cantidad y a quien su acreedor dice: "Si hoy mismo me pagáis la centésima parte, os perdono el resto; quedaréis libre; si no la hacéis, os perseguiré hasta que hayáis pagado el último céntimo". ¿No sería feliz el deudor, aun cuando sufriese toda clase de privaciones para librarse, pagando solamente la centésima parte de lo que debe? En vez de quejarse de su acreedor, ¿no le daria las gracias?"

MOTIVOS DE RESIGNACIÓN

El Evangelio Según el Espirtismo; cap. V ítem 12 y 13

 

En este capitulo V de El Evangelio según el Espiritismo, Jesús nos dice en el punto 12: “Bienaventurados los afligidos, porque serán consolados”. Con estas palabras, Jesús indica el equilibrio que les espera a los que sufren con resignación, esa resignación que de algún modo, les “hace bendecir” el sufrimiento porque saben que es como el inicio de la curación.

El sentido que le demos a estas palabras dependerá de la forma en que se acepten esas aflicciones. Si entendemos que las aflicciones que nos llegan y que sufrimos, son como la moneda de cambio para el pago de las “deudas” que hemos adquirido por nuestros errores del pasado, es entonces cuando aceptaremos con resignación y paciencia esas aflicciones.

Al aceptar, de forma resignada las dificultades, dejaremos de asumir el concepto erróneo, que se nos ha transmitido durante generaciones a lo largo de los siglos, de un Dios injusto y castigador; cuando “borremos” (voluntariamente por supuesto) de nuestra mente ese concepto, del Dios injusto, con el buen pensamiento y luego actuando consecuentemente en las distintas situaciones que se nos presentarán, esa acción de “borrar”, nos servirá para comprender en lo más profundo de nuestro ser, que se nos da, como si de una recompensa se tratase, una disminución proporcionable hacia esas “deudas” adquiridas en nuestra forma de vivir, muchas veces, con gran desproposito del que todavía no nos hemos librado.

Si por el contrario, acusamos a Dios de nuestras desdichas, nos estamos haciendo daño, pues nos cargamos con una deuda más, ya qué sólo nosotros mismos somos los responsables de nuestras desgracias, porque son nuestros pensamientos distorsionados respecto a las cosas y a la gente del entorno en el cual vivimos, lo que nos hace infelices atrayendo a nuestra vida el desconsuelo y la desesperación.

Hay muchísimas definiciones de lo que es el amor sincero y altruista; he copiado de un libro estupendo que me recomendaron ésta definición que leeré ahora mismo, me parece muy real y actual y nos puede servir para asumir y comprender mejor la clase de amor que Dios nos da. Es una sugerencia para dar al amor una definición de las tantas que existen, tantas como personas hay para definirlo. El Amor es también:

La capacidad y la buena disposición para permitir que los seres queridos sean lo que ellos elijan para sí mismos, sin insistir en que hagan lo que a ti te complaciese o te gustase. Dios, Energía Suprema del universo, en su Amor puro, incomprensible para nosotros, nos ama de esa forma y mucho más, permite que seamos libres de elegir, de esa manera estamos seguros de ser nosotros mismos, con la valoración que nos ha sido dada por Él, la valoración de que cada cual es único/a, sin que nadie deba valorarnos por lo que hagamos o dejemos de hacer a su gusto o capricho.

Estamos aprendiendo, entre otras cosas, que la Tierra es un lugar adecuado para reajustar las discordancias morales que todos llevamos en nuestro “equipaje” de esta existencia corporal.

El Espíritu Emmanuel, en el libro Justicia Divina nos dice y aconseja:

Todos tenemos una función personal e intransferible en relación con los engranajes del mundo.

No afirmes que estás al margen ni te consideres inútil.

No declares impedimentos ni huyas de las actividades que la vida te ha reservado.

Observa las lecciones que fluyen silenciosamente del libro de la naturaleza.

Si los gusanos (lombrices) dejaran de trabajar porque se reconocieran insignificantes, el suelo se resecaría y dejaría de ser fecundo, sin capacidad para solucionar los problemas humanos.

Apreciemos el puesto de acción donde hemos sido colocados.

Las manos que firman decretos no viven sin las que les preparan las mesas”.

 

El Espíritu de S. Agustín, en el Evangelio según el Espiritismo, nos anima a pensar... algo que nos molesta bastante... pensar..

¿Hasta cuándo vuestras miradas se detendrán en los horizontes delineados por la muerte?

 

La comprensión y asimilación de la vida espiritual alivia el sufrimiento. Sí. Aquella persona que hace frente a las dificultades bajo la óptica de la vida espiritual, pasa a ver el sufrimiento como algo pasajero y por tanto más soportable.

A esas personas que extienden su vista más allá de ese “horizonte” que nos habla S. Agustín, les importará más el futuro esperanzador que la Espiritualidad les ofrece y menciona constantemente, de ese modo podrán estar motivadas con una mejor resignación para afrontar las dificultades que se les presenten.

Ahora, es el momento ideal y preciso para decidir poner en práctica todo lo que aprendemos, ¿cómo....?

Mostrando amor del que hemos hablado antes, sin insistir en los demás para que sean y hagan lo que a nosotros nos conviene o gusta.

Moderando nuestros deseos feos, de orgullo, vanidad.... envidia, celos, ambición desmesurada en lo material, maledicencia, quejas constantes, vicios....etc.

¡Dando a la vida material el valor relativo que le es peculiar y por encima de todo, aceptándola con resignación y practicando el bien en todo lo que esté a nuestro alcance.

Con el esfuerzo justo y equilibrado podremos comprender y asimilar cuáles son nuestros Motivos para una buena Resignación.

Teresa

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"El hombre que sufre se parece a un deudor que debe una fuerte cantidad y a quien su acreedor dice: "Si hoy mismo me pagáis la centésima parte, os perdono el resto; quedaréis libre; si no la hacéis, os perseguiré hasta que hayáis pagado el último céntimo"." data-share-imageurl="">