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Pérdida de Seres Queridos - Muertes Prematuras

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Enviado por javier el Vie, 01/07/2016 - 22:11

Conferencia/Estudio

Buenas tardes y bienvenidos,

Lo objetivos de hoy van a ser:

Esclarecer sobre el porqué de las muertes prematuras y cómo debemos actuar ante ellas.

Cuento budista sobre la muerte:

Cuentan que una madre llorosa se acercó a Buda con su hijo muerto en brazos." data-share-imageurl="">

Author: 
J. Rodríguez
Date: 
Jueves, 30 Junio, 2016 - 20:00
Body: 

La Pieta -Miguel A.

Conferencia/Estudio

Buenas tardes y bienvenidos,

Lo objetivos de hoy van a ser:

Esclarecer sobre el porqué de las muertes prematuras y cómo debemos actuar ante ellas.

Cuento budista sobre la muerte:

Cuentan que una madre llorosa se acercó a Buda con su hijo muerto en brazos. “¡Por favor, iluminado, ayúdame!” le dijo con el rostro cubierto de lágrimas. “¿Qué puedo hacer por ti?” preguntó Buda extendiéndole la mano. “Cura a mi hijo, no puedo vivir sin él. Tú eres un hombre de grandes poderes, devuélvele la vida”.

Buda esbozó una sonrisa compasiva y le dijo “con gusto haré lo que me pides y sólo te pediré algo a cambio: debes traerme tres semillas de mostaza que obtengas de un hogar al que jamás haya visitado la muerte”. La madre se alegró, y con el niño sin vida aún en brazos, corrió rumbo a la aldea para cumplir su parte.

En la primera puerta que tocó una mujer se ofreció a entregarle las semillas. “Seguramente que en esta casa nadie ha muerto” dijo la madre. “Los que vivimos bajo este techo somos pocos, comparado con todos los que murieron aquí” dijo la mujer, así que la madre debió rechazar las semillas. En la segunda puerta se enteró que hacía un año el hermano del dueño había muerto a causa de un accidente. Lo mismo le sucedió el resto del día: si no había sido un hermano, era un hijo o algún otro familiar el que había fallecido en el pasado.

Al atardecer volvió al bosque, aún con el niño sin vida en sus brazos. “Así que no hay cura para la muerte, después de todo” pensó y enseguida dejó al pequeño sobre una cama de flores. Luego regresó al lugar donde se encontraba Buda y le dijo con resignación “es imposible, no existe el hogar que jamás haya conocido la visita de la muerte”.

“No eres la única que ha perdido un hijo frente a la muerte” dijo Buda.

“Por favor, admíteme como tu discípula” pidió.

La mujer fue inmediatamente aceptada. Una tarde que meditaba observando una lámpara de aceite vio como las llamas se apagaban una tras otra. “La vida es como esta llama. Algunas arden, otras se agitan y se van” pensó. Y cuentan que pasadas las horas seguía observando la lámpara, hasta que alcanzó la iluminación.

Cuando la muerte visita a nuestro entorno, y se lleva a un ser querido, indefenso, en la flor de la vida, suele dejar tras de sí dolor y rebeldía ante la fatalidad. Cuando padres desconsolados lloran la pérdida de un hijo tras una enfermedad o accidente. Cuando la enamorada es separada violentamente por el fallecimiento de su enamorado. Cuando esto sucede, a menudo nos preguntamos ¿Porqué? ¿Porqué la muerte siega estas tiernas vidas y no se lleva la de estos ancianos que ya han vivido mucho? No es justo, y si Dios existe ¿Porqué lo permite?

Es en esos precisos momentos cuando debemos acordarnos de las enseñanzas recibidas para ponerlas en práctica. Es en esas difíciles pruebas donde se mide nuestra fe en la vida eterna, en Dios y en sus designios. Si no tenemos una fuerte convicción en que la vida sigue tras la muerte del cuerpo físico, fe apoyada en sólidos argumentos y hechos demostrados como ciertos, seremos víctimas de la desesperación y la rebeldía, tal como hemos visto en estudios pasados.

Además, ¿quienes somos nosotros para juzgar la justeza de esa fatalidad?, menos que una hormiga cuyo horizonte apenas alcanza unos pocos metros alrededor de su colonia, y pretendemos tener la verdad y la razón sobre la vida y la muerte. La Inteligencia Suprema, Gobernadora del Universo, Regidora de lo inmensamente grande y de lo infinitamente pequeño, no actúa al azar, ni imparte justicia arbitrariamente tal como lo hacen a menudo los hombres. Así que esa dura experiencia de separación física provocada por la muerte, tiene por finalidad un aprendizaje, una lección, sobretodo para los que quedan aquí, a este lado del velo. Para el que se ha ido es una vuelta, anunciada desde su nacimiento aquí en la Tierra, a la patria de donde salió. También será para él una experiencia, renovada una vez más, de la cual sacará valiosas enseñanzas.

Muchas veces es preferible la muerte en la juventud, a vivir una vida cuyo desarrollo desconocemos pero que, tal vez, hubiese traído vergüenza, dolor y tristeza en el corazón de los padres. Esa muerte “antes de tiempo”, según nuestros baremos, tal vez haya librado al fallecido de las miserias y estrecheces de la vida o de las múltiples tentaciones que le hubiesen hecho tropezar. Esa muerte temprana es entonces una bendición que le es útil en su evolución como espíritu.

¡Pero era tan joven!, tenía toda una vida por delante, una vida llena de esperanza y de éxito, como solemos decir. Otra vez medimos las cosas y acontecimientos según nuestro mezquino entendimiento y limitado conocimiento. Tenemos miedo a la muerte, no nos fiamos de los mensajeros de la “buena nueva”, y nos convencemos que es mejor vivir lo malo conocido que lo bueno por conocer. Preferimos los tormentos y sinsabores de este mundo efímero, mundo que podemos sentir con nuestros sentidos corporales, que podemos palpar, oler, saborear, a las delicias de la vida eterna del espíritu. Nos falta esa certeza en la vida espiritual que solo se adquiere con el conocimiento milenario, transmitido en todas las edades por los que sí han podido asomarse a ese mundo desconocido. Pero nada, preferimos las glorias y falsos honores terrenales a las posibles bondades espirituales, somos como esas hormigas que he nombrado antes que solo aprecian lo que alcanza sus sentidos.

Así que cuando ocurre un fatal desenlace en la familia, en vez de entristecernos, debemos alegrarnos cuando parte para el más allá un ser querido. Si escudriñamos en lo profundo de nuestro corazón, veremos que lo que nos produce tristeza es nuestro egoísmo que nos dice que ya no volveremos a verle, que ya no gozaremos de su presencia que nos hacía tan feliz. Si tuviésemos menos egoísmo y más fe en Dios, en su promesa de vida eterna, estaríamos seguros que esa separación es momentánea y que nos volveremos a encontrar en el más allá.

Y nosotros espíritas ¿Acaso no tenemos las pruebas de que ello es así? Pruebas aportadas por los propios espíritus que se comunican a diario en todo el mundo. Espíritus que nos cuentan como se acercan a nosotros, como sus pensamientos nos envuelven, como gozan de nuestras alegrías y como sufren cuando les alcanza en lo íntimo de su ser nuestros lamentos de rebeldía contra Dios.

Así que escudriñemos en nuestro corazón y arranquemos las malas hierbas que ahogan nuestro buenos sentimientos. Oremos bendiciendo a esos seres queridos y pidiendo a Dios por ellos, y sentiremos como nos envuelve un aura de paz y sosiego que nos devolverá la tranquilidad perdida. Confiemos en la sabiduría infinita del Altísimo, de la Inteligencia Suprema del Universo que todo lo sabe y todo lo ve y sabe que es lo mejor para cada uno de nosotros.

Para terminar os voy a leer un poema extraído de la Revue Spirite de marzo de 1863, poema recibido a través de la mediumnidad de un tal Sr. Ricard de la Societé Spirite de Burdeos.

La madre y el hijo.

(Société spirite de Burdeos, 6 de julio de 1862. – Médium, Sr. Ricard.)

Revue Spirite – marzo 1863

 

Dentro de una cuna reposaba un bello ángel

Todo rosa y blanco, que cantando acunaban ;

Su joven madre, de dulce mirar de Arcángel,

¡Ebria de amor sobre ese infante velaba!...

Oh ! ¡Que bello es el hijo de mis cariños!...

Duerme, querido hijo, tu madre está cerca de ti...

¡Al despertar tus primeras caricias

Y tus besos, amigo, serán para mi!...

Oh !¡Que bello es!... Dios mío, tomad mi vida

Si debéis arrebatarme este hijo...

¡Guardadmelo, Señor, os lo ruego!...

Ya su boca a murmurado: ¡¡¡Mamá!!!...

Esa palabra tan tierna... esa palabra que se espía,

Como a la primavera un rayo de sol...

Esa palabra de amor cuya suave armonía

¡Cuando se escucha nos hace soñar con el cielo!...

¡Oh! De sus brazos cuando me rodean;

Cuando sobre mi seno siento batir su corazón,

Soy feliz, y mi alma ebria

De vuestros electos comparto el bienestar...

Lo es todo para mi... ¡Este hijo, es mi sueño!

Vivir por él... toda en el, es mi destino.

De mi amor la vivificante savia

¡¡¡De esa cuna debe alejar la muerte!!!...

Pronto, Dios mío, sostenido por su madre

¡Lo veré dar sus primeros pasos!...

¡Oh! Día dichoso... que impaciente, espero...

¡Temo siempre que no llegue!

Y además, en mi dulce esperanza,

Lo veo grande, homenajeado, virtuoso,

Habiendo guardado de su tímida infancia

La pureza que debe tornarlo feliz.

¡Oh!¡que bello es!... ¡Dios mío, tomad mi vida

Si la desgracia debe golpear este niño!

A mi amor, dejadlo, os lo ruego,

Ya su boca a murmurado: ¡¡Mamá!!...

¡Pero está frío... y sus labios han palidecido!

¡Despiértate, querido hijo de mi corazón!

Ven sobre el seno que te dio la vida...

¡¡Está helado... tiemblo y tengo miedo!!

¡Ah!¡ya está!¡ha dejado de vivir!

¡Desgracia sobre mí!¡porque ya no tengo hijo!

Dios sin piedad... de rabia estoy ebria...

¡No sois un Dios justo y poderoso!

Qué os ha hecho este ángel de inocencia

¿Para arrebatarlo tan pronto a mi amor?...

¡Abjuro aquí toda santa creencia!

Y bajo vuestra mirada voy a morir a mi vez...

. . . . . . . . . . .

“¡Madre!...¡soy yo!... es mi alma desprendida

Que el Eterno devuelve a tu lado.

Maldice, madre mía, una rabia insensata;

¡Vuelve a Dios... te traigo la Fe!

Inclinate ante la decisión del Maestro.

Madre culpable, en un pasado lejano...

Hiciste morir al hijo que diste a nacer:

¡Dios te pune!... doblegate bajo su mano!

Toma, coge este libro; calmará tu pena.

Este libro santo... dictado por los Espíritus,

Si lo lees... oh madre, puedes estar segura

¡¡¡Que un día en el cielo volverás a ver tu hijo!!!”

TU ÁNGEL DE LA GUARDA.

 

Conclusión.

La muerte prematura es un designio divino y el Evangelio de Jesús es la fuente donde encontramos la preparación y el fortalecimiento para soportar ese triste acontecimiento. La cuna y el túmulo son puertas de entrada y salida de la escuela de la vida física, en la caminata evolutiva rumbo a la felicidad definitiva del espíritu inmortal.

Gracias por vuestra atención,

J. Rodríguez

Conferencia/Estudio

Buenas tardes y bienvenidos,

Lo objetivos de hoy van a ser:

Esclarecer sobre el porqué de las muertes prematuras y cómo debemos actuar ante ellas.

Cuento budista sobre la muerte:

Cuentan que una madre llorosa se acercó a Buda con su hijo muerto en brazos." data-share-imageurl="">