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La Melancolía

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Enviado por javier el Sáb, 30/07/2016 - 21:01

Los objetivos de hoy van a ser esclarecer a los participantes sobre cuál es la causa de la melancolía y cómo resistir a ese sentimiento, que sólo nos debilita la voluntad.

“¿Sabéis por qué una vaga tristeza se apodera a veces de vuestros corazones y os hace encontrar la vida tan amarga? Es vuestro espíritu que aspira a la felicidad y a la libertad, y pegado al cuerpo que le sirve de prisión, hace vanos esfuerzos para salir de él." data-share-imageurl="">

Author: 
J. Rodríguez
Date: 
Jueves, 28 Julio, 2016 - 20:00
Body: 

Melancoli-Munch

Los objetivos de hoy van a ser esclarecer a los participantes sobre cuál es la causa de la melancolía y cómo resistir a ese sentimiento, que sólo nos debilita la voluntad.

“¿Sabéis por qué una vaga tristeza se apodera a veces de vuestros corazones y os hace encontrar la vida tan amarga? Es vuestro espíritu que aspira a la felicidad y a la libertad, y pegado al cuerpo que le sirve de prisión, hace vanos esfuerzos para salir de él.”

¿No os ocurre a veces que os invade un sentimiento indefinido de tristeza, sin motivo aparente? Estamos bien, no tenemos ningún problema serio, nos va bien económicamente, nos sentimos bien con la pareja, con la familia, tenemos trabajo aunque no sea una maravilla, tenemos buena salud, en definitiva, nada serio que nos impida estar bien, y, sin embargo, nos sentimos tristes. No sabemos porqué, pero estamos tristes. Pues bien, según parece y nos informan los espíritus esclarecidos, somos nosotros, nuestro espíritu inmortal, quien siente anhelos de libertad y felicidad. Inconscientemente, nos remontamos a épocas pasadas en el mundo espiritual en el cual nos encontrábamos felices y libres de este cuerpo que nos agobia, y nos asaltan añoranzas de aquellos tiempos que no recordamos conscientemente pero que intuimos. Este cuerpo está sujeto a imperativos de la materia, como el frío, el calor, el hambre, la sed, el sexo, si, el sexo, cuando no está desvirtuado por desviaciones de nuestra personalidad enfermiza que lo exacerba, es una necesidad de la reproducción y salvaguarda de la especie como lo puede ser el hambre o la sed en el individuo. Imperativos que ya no existen, o por lo menos no con tanto apremio y necesidad, en el mundo espiritual en el que estamos libres del cuerpo físico. Allí tenemos otro cuerpo, el cuerpo espiritual tal como lo llamaba Pablo de Tarso, un cuerpo más liviano e imperecedero que ya no está sujeto a las vicisitudes de la materia más grosera, el periespíritu como lo llamó Allan Kardec.

Pero viendo que son inútiles, cae en el desaliento, e influyendo en el cuerpo, se apodera de vosotros la languidez y el abatimiento y una especie de apatía, que hace que os consideréis desgraciados.

Nuestro espíritu se esfuerza en deshacer los lazos que le unen al cuerpo, quiere liberarse de las ataduras que le mantienen unido a este mundo material, recordemos que nuestro verdadero estado es el de espíritus libres viviendo en el mundo espiritual. Pero pronto se da cuenta que todos sus esfuerzos son vanos, no se puede desprender, esos lazos son muy fuertes y hasta que no llegue la época en que las fuerzas del cuerpo decaigan por ancianidad, enfermedad o accidente fatal seguirá prendido a él. Entonces nos invade una tristeza indefinida, una apatía que nos desanima fruto del desánimo de nuestro espíritu que ve que no consigue su objetivo.

Creedme, resistid con energía esas impresiones que debilitan en vosotros la voluntad.

Debemos luchar contra esa sensación negativa, no es sano dejarse llevar por ella, busquemos alternativas, distracciones como una buena lectura, un paseo, una buena compañía que nos levante el ánimo, una sentida oración. Hagamos el esfuerzo de salir de ese estado, en nosotros está la decisión y la solución. Sino, puede suceder que caigamos en estados más profundos de depresión, de los cuales nos costará aún más salir. Sabemos que los pensamientos atraen pensamientos similares y se convierten en una retroalimentación del estado en el cual nos encontremos, es en un bucle del cual cuesta mucho salir.

Esas aspiraciones hacia una vida mejor, son innatas en el espíritu de todos los hombres, pero no las busquéis en la tierra, y ahora que Dios os envía a sus espíritus para instruiros en la felicidad que os reserva, esperad con paciencia al ángel de la libertad que debe ayudaros a romper los lazos que tienen cautivo vuestro espíritu.

Ya hemos visto en anteriores ocasiones que la búsqueda de una vida mejor, de la felicidad en definitiva, es una actitud común e innata a todos los seres humanos. Aquí nos lo vuelven a repetir, no busquemos la felicidad aquí en la Tierra que no la encontraremos, por lo menos no busquemos la felicidad absoluta sino la relativa que está a nuestro alcance. Además, nos recuerda que ahora tenemos los testimonios de los espíritus desencarnados que se comunican a través de los diversos médiums diseminados por la Tierra. Testimonios que nos inducen a ser fuertes, pacientes, humildes, resignados que no conformados, que nos muestran el glorioso destino de los que vencen las adversidades de la vida física. Testimonios que nos emplazan a esperar con paciencia y resignación la hora de nuestra muerte natural, la de nuestra liberación, en la que seremos ayudados por espíritus benefactores para desligarnos de ese cuerpo que ha cumplido la digna función de alojarnos en nuestro destierro terrestre.

Pensad que tenéis que cumplir durante vuestra prueba en la tierra una misión que no sabéis, ya consagrados a vuestra familia, ya llenando diversos deberes que Dios os ha confiado.

Nos recuerda que aún no hemos acabado con lo que hemos venido a hacer aquí en la Tierra, sea lo que sea es importante acabar lo que se comienza. Así que, por muy desagradable que sea la misión que nos ha encomendado Dios, o la prueba que nos hemos impuesto voluntariamente, debemos persistir hasta el final. Final donde nos espera la gloria del que llega a la meta marcada. Da igual que uno llegue el primero o el último, aquí no hay primeros que se llevan la gloria ni últimos que caen en el olvido, para Dios somos todos iguales y nos llevamos el mismo salario seamos primeros o últimos, recordad la parábola de los últimos trabajadores enseñada por Jesús el Cristo, lo importante es llegar al final del día.

Y si en el curso de esta prueba y cumpliendo vuestra tarea, véis caer sobre vosotros los problemas, las inquietudes y los pesares, sed fuertes y valerosos para soportarlos. Enfrentaos a ellos valientemente; son de corta duración y deben conduciros junto a los amigos que añoráis, que se alegrarán de vuestra llegada entre ellos, y os extenderán los brazos para conduciros a un lugar en el que no tienen acceso los pesares de la tierra. (François de Genève. Bordeaux).

Puede suceder incluso que, aunque estemos cumpliendo fielmente con la prueba o misión encomendada ya de por sí penosa, nos vengan problemas sobreañadidos que vienen a cargar aún más la cruz que soportamos. Debemos afrontarlos como el corredor de fondo o el ciclista afronta las dificultades del recorrido de la carrera, como la sed, el hambre, el cansancio, los calambres, los fuertes desniveles, el frío, el calor, la lluvia, las caídas. Cierto es que esos deportistas se preparan entrenando antes de enfrentar ese reto, pero es que nosotros también nos entrenamos antes de nacer. En el más allá, como espíritus errantes que somos, solemos preparar concienzudamente las vicisitudes de nuestra próxima reencarnación, recibimos los consejos y advertencias de los espíritus más elevados que nos ayudan a delinear las líneas maestras y nos fortalecemos con profundas determinaciones.

Debemos de ser fuertes y animosos, más sabiendo que esas pruebas, esas dificultades son pasajeras, se acaban con esta vida. Y si salimos victoriosos de ellas, nos esperan al otro lado del velo nuestros amigos y parientes, de esta vida y de las otras, que nos recibirán con los brazos abiertos y cantando loas al vencedor de la vida. Allí podremos disfrutar de un descanso merecido donde nos recuperaremos de nuestras heridas espirituales.

Bien, pero ¿Como enfrentarnos a esas dificultades y salir victoriosos de ellas?

Aquí tenemos algunas reflexiones de Emmanuel y André Luiz extraídos del libro Estudie y Viva psicografiado por Chico Xavier, el mensaje se titula así:

Resignación y Resistencia

Es un hecho, hay que estudiar la resignación para que la paciencia no venga a traer resultados contraproducentes.

Un labrador soportará con coraje aguaceros y granizos en su plantación, pero no se acomodará con la plaga de langostas.

Habitualmente, hablamos con indolencia como quien procura esconder su propia ociosidad. Si nosotros nos solazamos en el confort y en las ventajas inmediatas, en el imperio de la materialidad pasajera, ¿qué nos importa infortunio y desventajas para los demás?

Nos olvidamos de que el vecino incendio es una amenaza de fuego en nuestra casa y, de imprevisto, irrumpen llamas cerca de nosotros, comprometiendo nuestra seguridad y fulminando la ilusoria tranquilidad.

Todos necesitamos ajustar la resignación en su justo lugar.

Si la Ley nos presenta un desastre inevitable, no es justo que nos deshagamos en griterío e inconformismo. Es preciso la decisión para tomar los remanentes y urdimbres para el bien, en el telar de la vida.

Si las circunstancias revelan la incursión del tifus, no es comprensible el cruzarse de brazos y dejar campo libre a los bacilos.

Siempre es aconsejable la revisión de nuestras actitudes en el sector del conformismo.

¿Como reaccionamos ante el sufrimiento y el mal?

Si aceptamos la penuria, detestando el trabajo, nuestra pobreza resulta de obligado merecimiento.

Civilización significa trabajo contínuo contra la barbarie.

Higiene expresa actividad infinitamente repetida contra la inmundicia.

En los dominios del alma, todas las conquistas del ser, en el rumbo de la sublimación, piden armonía con acción persistente para que se preserven.

Paz pronta para la alarma. Construcción del bien con dispositivo de seguridad.

La serenidad es la constancia operando; la esperanza es el ideal con servicio.

Nadie cultive la resignación ante el mal declarado y removible, so pena de agravarlo y sufrir su herida mortal.

Estudiemos la resignación en Jesús-Cristo. La cruz del Maestro no es un símbolo de pasividad frente a la astucia y la crueldad, y si un mensaje de resistencia contra la mentira y la criminalidad enmascarada de las religiones, en una protesta firme que perdura hasta hoy.

Para concluir diremos que la melancolía es el ansia del espíritu por una vida mejor, pues este no fue creado por Dios para vivir preso al cuerpo en el suelo terrestre. Esa vida mejor vendrá para todos, después de cumplir las diversas obligaciones que Dios confió a cada uno. Mientras tanto debemos y podemos apoyarnos en el Evangelio de Jesucristo, de donde sacaremos fuerzas para resistir y aguantar hasta el final.

Muchas gracias por vuestra atención,

J. Rodríguez

Los objetivos de hoy van a ser esclarecer a los participantes sobre cuál es la causa de la melancolía y cómo resistir a ese sentimiento, que sólo nos debilita la voluntad.

“¿Sabéis por qué una vaga tristeza se apodera a veces de vuestros corazones y os hace encontrar la vida tan amarga? Es vuestro espíritu que aspira a la felicidad y a la libertad, y pegado al cuerpo que le sirve de prisión, hace vanos esfuerzos para salir de él." data-share-imageurl="">