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La Vida Futura

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Vida futura 

LA VIDA FUTURA

EL EVANGELIO SEGÚN EL ESPIRITISMO. CAP. II

Hoy vamos a profundizar en unas palabras de Jesús que nos habla veladamente de esavida futura, la que nos aguarda a todos, seamos ateos o deístas, seamos negacionistas o creyentes. Esa certeza positiva o no en la vida espiritual tras la vida física es tan importante, que va a marcar toda nuestra vida en un sentido u otro. Y esas palabras las encontramos en Juan, 8:33 al 37.

Para situarnos en el contexto vamos a recordar brevemente lo que ocurre antes del momento que vamos a narrar. Jesús, el Cristo, está cerca del desenlace de su misión, ha sido apresado en el huerto de Getsemaní por los soldados del Gran Sanedrín (Corte suprema o asamblea de los judíos) y es llevado por los dirigentes religiosos del pueblo judío ante Pilato, gobernador romano de Judea para, que lo juzgue y condene por sedición y alzamiento contra el Imperio de Roma. Los judíos no entran en el palacio de Pilatos para no contaminarse, ya que era la Pascua y debían de cumplir ciertas normas prescritas por su religión para poder celebrar la fiesta. Así que Pilato sale a recibirles, les pregunta qué tienen contra ese hombre y les conmina que lo juzguen ellos mismo ya que no es competencia suya. Pero los judíos querían su muerte y no les estaba permitido ejercer tal derecho, por lo que presionan amenazando con llevar el caso a Roma. Con lo que:

33 Volvió, pues, a entrar Pilato en el pretorio y llamó a Jesús y le dijo: ¿Eres tú el rey de los judíos? 34 Jesús le respondió: ¿Dices tú esto por ti mismo, o te lo han dicho otros de mí?

“La pregunta de Cristo a Pilatos tiene una  significación más extensa. Comprendámosla, aplicada a nuestras experiencias religiosas.

Cuando atribuimos al Maestro la personalidad del Salvador, ¿porque lo afirmamos? ¿Estaremos actuando como discos fonográficos, en la repetición pura y simple de palabras oídas?

Es necesario conocer el motivo por el cual atribuimos títulos amorosos respecto al Señor. No basta repetir encantadoras lecciones de los demás, sino vivir sustancialmente la experiencia íntima en la fidelidad al programa divino.

Cuando alguien se refiere nominalmente a un hombre, ese hombre puede indagar en cuanto a los orígenes de la referencia.

Jesús no es un símbolo legendario; es un Maestro Vivo.

Las preocupaciones superficiales del mundo llegan, educan el Espíritu y pasan, mas la experiencia religiosa permanece.

En ese capítulo, por tanto, es lógico recurramos, sistemáticamente, a los patrimonios ajenos.

Es útil a todo aprendiz testificar de sí mismo, iluminar el corazón con las enseñanzas de Cristo, observarle la excelsa influencia en los días tranquilos y en los tormentosos.

Reconozcamos, pues, la actitud loable en el esfuerzo del hombre que se inspira en la ejemplificación de los discípulos fieles; con todo, no olvidemos de que es contraproducente reposar en edificaciones que no nos pertenece, olvidando el servicio que nos es propio.” (Testimonio-Camino, verdad y vida-Chico Xavier)

A continuación,

35 Pilato le respondió: ¿Soy yo acaso judío? Tu nación, y los principales sacerdotes, te han entregado a mí. ¿Qué has hecho? 36 Respondió Jesús: "Mi reino no es de este mundo".

En primera instancia, Pilato no se compromete y, como coloquialmente se dice, echa balones fuera.

Luego vemos como Jesús no niega la pregunta de Pilato, al contrario la afirma al decir que su reino no es de este mundo, luego tiene reino y es Rey, pero sus dominios no están confinados en la Tierra material, de momento, sino que son dominios espirituales. Nos enseña de forma velada que todos nosotros somos Espíritus inmortales, destinados a vivir dichosos en ese reino al cual estamos todos destinados. Porque si tiene reino, Él viene de ese reino y vive en el, luego todos nosotros que somos Espíritus, como Él lo es, vamos también hacia ese reino en un futuro más o menos lejano.

Sigue Jesús:

“Si de este mundo fuese mi reino, mis ministros sin duda pelearían, para que no fuera yo entregado a los judíos;”

Vemos como vuelve a recalcar lo dicho señalando que si su reino fuese de este mundo tendría un ejército de soldados listos para defenderlo y salvarlo. Así, predicó con el ejemplo, lo que  a lo largo de su vida siempre predicó con la palabra: la mansedumbre, y el acatamiento de los designios Divinos. La verdad que él predica no se impone por la fuerza, sino por la dulzura y persuasión.

Ańade aún:

“mas ahora mi reino no es de aquí.”

Y, aunque reconoce que su reinado ahora mismo no está establecido entre los hombres y mujeres de ahora, nos anuncia que algún día se hará realidad, que en el futuro reinará en los corazones y mentes de los hombres y mujeres de esta humanidad. Ello ocurrirá cuando los valores espirituales se eleven por encima de los intereses puramente materiales, entonces el hombre conocerá en la Tierra el reino anunciado por el Cristo.

“Desde los comienzos del Cristianismo, observamos aprendices que se retiran deliberadamente del mundo, alegando que el Reino del Señor no pertenece a la Tierra.

Se arrodillan, por tiempo indeterminado, en las casas de adoración, y creen efectuar en la fuga la realización de la santidad.

Muchos cruzan los brazos frente a los servicios de regeneración y, cuando son interrogados expresan revuelta por los cuadros chocantes que la experiencia terrena les ofrece, reportándose a Cristo, delante de Pilatos, cuando el Maestro aseveró que su reino aún no se instalara en los círculos de la lucha humana.

No obstante, es justo ponderar que Cristo no desheredó el planeta.

La palabra de Él no afianzó la negación absoluta de la felicidad celeste para la Tierra, sino que definió solamente el paisaje existente entonces, sin olvidar la esperanza en el porvenir.

El Maestro esclareció: – "Mas ahora mi reino no es de aquí."

Semejante afirmativa le revela la confianza.

Jesús, por tanto, no puede endosar la falsa actitud de los operarios en desaliento, tan solo porque la sombra se hizo más densa en torno a problemas transitorios o porque las heridas humanas se hacen, a veces, más dolorosas. Tales ocurrencias, muchas veces obedecen a pura ilusión visual.

La actividad divina jamás cesa y justamente en el cuadro de la lucha benéfica es que el discípulo esculpirá su propia victoria.

No nos cabe, pues, la deserción por la actitud contemplativa y, sí, avanzar, confiados, hacia el gran futuro.” (El gran futuro - El Pan Nuestro - Chico Xavier)

37 “Entonces Pilato le dijo: ¿Luego Rey eres tú? - Respondió Jesús: Tú dices que yo soy Rey.”

Pero Pilato insiste, quiere confirmar lo que ha escuchado: “¿Luego tú eres Rey?”- a lo que Jesús contesta: “Tú lo dices.” Una vez más, no niega las palabras del Gobernador, tal como actuó cuando Pedro afirmó que él era el Cristo anunciado por las escrituras, tras preguntarle Jesús a sus discípulos quién era él.

“Yo para esto nací, y para esto vine al mundo, para dar testimonio a la verdad; “

Aquí vemos como anuncia cuál es su misión aquí en la Tierra: “...dar testimonio a la verdad”- es decir ser un ejemplo vivo de la verdadera vida, orientar a la humanidad sobre las leyes divinas, esclarecer sobre las conductas que se adecuan a la Ley eterna e inmutable que rige el Universo, la Ley de Amor, ley que resume por entero la Ley de Dios. E instruir sobre el destino eterno del hombre, conquistado cada día por la práctica del bien.

“todo aquel que es de la verdad, escucha mi voz. “

Finaliza con una frase enigmática: “Aquél que pertenece a la verdad, escucha mi voz.”- ¿Qué quiso decir con eso? ¿Que aquellos que no lo escuchan están sordos? Quizás sí, ya que es sabido que no hay mayor sordo que aquel que no quiere escuchar. Pero sobre todo que los orgullosos y vanidosos, los que se creen superiores, rechazan sus palabras, ya que esos sentimientos apartan al hombre de la verdad y lo distancian de Dios, y al revés los corazones sencillos y humildes la aceptan con gozo y alegría. La verdad del hombre es su condición de Espíritu; y el verdadero sentido de la vida material es auxiliarlo a progresar, por el esclarecimiento y la práctica del bien.

LA VIDA FUTURA

2. Con estas palabras Jesús designa claramente la vida futura, que presenta en todas las circunstancias como el término a donde va a parar la humanidad, el cual debe ser objeto de las principales ocupaciones del hombre en la tierra; todas sus máximas se refieren a este gran principio.

Bien, pero ¿Qué debemos entender con la vida futura? Pues que es una vida que trasciende los límites de la existencia material y continúa más allá de la muerte del cuerpo físico. Esta vida de naturaleza espiritual, tiene comienzo cuando estamos en la Tierra, preparando nuestro mañana, por la práctica constante del bien, y continúa por toda la eternidad. Esta es “la meta que la humanidad tendrá y debiendo constituir objeto de las mayores preocupaciones del hombre en la Tierra.”

En efecto, sin la vida futura, la mayor parte de sus preceptos de moral no tendrían ninguna razón de ser; por esto aquellos que no creen en la vida futura y se figuran que sólo habla de la vida presente, no los comprenden o los encuentran pueriles. Este dogma puede ser considerado como el eje de la enseñanza de Cristo; por esto está colocado entre los primeros, al principio de esta obra (El Evangelio según el Espiritismo) porque debe ser el punto de mira de todos los hombres, el solo puede justificar las anomalías de la vida terrestre y concordar con la justicia de Dios.

Sin esta enseñanza de la vida futura, de la inmortalidad del alma, no sería posible comprender con claridad y totalidad las enseñanzas de Cristo. Por ello los fuertes de espíritu, los que no necesitan de la certeza en una vida futura, los que solo se fijan en esta vida presente, consideran que son cuentos para niños sin ninguna base real.

Porque aunque sea rica en contenido moral, facilitando la armonía entre los hombres, ella sólo puede ser entendida e interpretada a la luz de la inmortalidad del alma; solamente este dogma puede explicar la existencia de hombres dichosos e infelices, e incluso así asegurar la comprensión de la misericordia y justicia divina.

¿Y cuál es la gran enseñanza que Jesús nos trae en este pasaje? La certeza de la vida futura donde, de acuerdo con nuestras acciones giradas al bien, tendremos acceso al reino de paz y amor, por Él anunciado. Nuestro futuro espiritual comienza cada día, por la práctica de las buenas obras, del estudio y de la oración, orientados por el Evangelio de Jesús.

3. Los judíos tenían ideas muy inciertas de la vida futura; creían en los ángeles, a quienes miraban como seres privilegiados de la creación, pero no sabían que los hombres pudieran ser un día ángeles y participar de su felicidad. Según ellos, la observancia de las leyes de Dios era recompensada con los bienes de la tierra, con la supremacía de su nación y las victorias alcanzadas sobre sus enemigos; las calamidades públicas y las derrotas, eran el castigo de su desobediencia. Moisés no podía decir otra cosa a un pueblo pastor e ignorante que debía conmoverse, ante todo, por las cosas de este mundo. Más tarde vino Jesús a revelarles que hay otro mundo en el que la justicia de Dios sigue su curso; este es el mundo que promete a los que observan los mandamientos de Dios, y en donde los buenos encontrarán su recompensa; este es su reino; allí es donde está en toda su gloria, y a donde regresará al dejar la tierra.

Sin embargo, Jesús, acomodando su enseñanza al estado de los hombres de su época, no creyó deber darles una luz completa que les hubiera deslumbrado sin iluminarles, porque no la hubieran comprendido; de cierto modo se limitó a anunciar en principio la vida futura como una ley de la naturaleza, la cual nadie puede evitar. Todo cristiano cree, pues, en la vida futura forzosamente; pero la idea que muchos se forman de ella es vaga, incompleta, y por lo mismo, falsa en muchos puntos; para un gran número, ésta sólo es una creencia sin certidumbre absoluta: de aquí se siguen las dudas, la incredulidad.

El espiritismo ha venido a completar en este punto, como en muchos otros, la enseñanza de Cristo, cuando los hombres han estado en disposición de comprender la verdad. Con el Espiritismo la vida futura ya no es un simple artículo de fe, una hipótesis; es una realidad material demostrada por los hechos, porque son testigos oculares los que vienen a describirla en todas sus fases y con todas sus peripecias, de tal modo que no sólo no es posible la duda, sino que la inteligencia más vulgar puede representársela bajo su verdadero aspecto, como nos representamos al país del que se lee una descripción detallada; así, pues, esta descripción de la vida futura es de tal modo circunstanciada, y las condiciones de existencia feliz o desgraciada de los que se encuentran en ella son tan racionales, que es forzoso decir que no puede ser de otro modo, y que esta es la verdadera justicia de Dios.