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Influencia de los Espíritus - ESDE

Influencia espiritus

INFLUENCIA DE LOS ESPÍRITUS EN NUESTROS PENSAMIENTOS Y ACTOS

OBJETIVOS ESPECÍFICOS

  • Explicar la naturaleza de las influencias que los Espíritus ejercen sobre las personas.
  • Distinguir un pensamiento propio de uno sugerido por los Espíritus.
  • Identificar los medios para neutralizar una influencia negativa provocada por un Espíritu atrasado." data-share-imageurl="">
Author: 
Javier Rodríguez
Date: 
Jueves, 8 Febrero, 2018 - 19:00
Body: 

Influencia espiritus

INFLUENCIA DE LOS ESPÍRITUS EN NUESTROS PENSAMIENTOS Y ACTOS

OBJETIVOS ESPECÍFICOS

  • Explicar la naturaleza de las influencias que los Espíritus ejercen sobre las personas.
  • Distinguir un pensamiento propio de uno sugerido por los Espíritus.
  • Identificar los medios para neutralizar una influencia negativa provocada por un Espíritu atrasado.

SÍNTESIS DEL ASUNTO

La influencia de los Espíritus sobre nuestros pensamientos y actos es tan grande que, habitualmente, son ellos los que nos dirigen. (2) Esta influencia puede ser buena o mala, oculta o evidente, fugaz o duradera. En cualquier situación queda claro que la influencia se concreta a través de la sintonía que se establece.

Es conveniente recordar que “... pensar es vibrar, es entrar en relación con el universo espiritual que nos envuelve y conforme con la especie de las emisiones mentales de cada ser, elementos similares se le imantaran, acentuando sus disposiciones y cooperando con él en sus esfuerzos ascendentes o en sus caídas y deslices. (...)”. (7)

No podemos descuidar nuestra casa mental ni seguir viviendo arrastrados por la acción maléfica de los espíritus atrasados. “Los Espíritus infelices, con la mente alterada, viven con los compañeros encarnados más de lo que se supone. Interfieren en las actividades habituales, deambulan por el nido doméstico, participan de las conversaciones, acompañan a los comensales, de quienes dependen como si fueran auténticos parásitos.

Se perturban y perturban.

Sufren y hacen sufrir.

Odian y generan odios.

Obstinados en su ruindad provocan la ruina de los otros.

Dominados por la desdicha, hacen desdichados a los demás.

Finalmente, la acción de los Espíritus Superiores es otra. “Los buenos Espíritus sólo aconsejan para el bien. (...)” (5) “... suscitan buenos pensamientos, desvían a los hombres de la senda del mal, protegen la vida de quienes se muestran dignos de protección y neutralizan la influencia de los Espíritus imperfectos en aquellos a quienes no es grato sufrirla. (...)” (1)

Si se toma conciencia de que “(...) el pensamiento se exterioriza y se proyecta formando imágenes y sugestiones que lanza sobre los objetivos que se propone alcanzar...” (9), nada más natural que se consiga armonía y felicidad cuando la emisión mental fuera equilibrada y edificante; o aflicción y caídas morales si el pensamiento fuera desequilibrado y enfermizo.

“... La química mental vive en la base de todas las transformaciones, porque realmente evolucionamos en profunda comunión telepática con todos aquellos Espíritus encarnados o liberados del envoltorio carnal que guardan afinidad con nosotros. (...)” (9).

Podemos neutralizar la influencia de los malos Espíritus, “(...) practicando el bien y poniendo en dios toda la (...) confianza. (...)” (6) y tratando de rechazar las sugestiones inferiores y de no atender a los malos pensamientos que generan la discordia, las luchas anti fraternas, los celos, la envidia y la exaltación del orgullo.

A medida que se persevera en el propósito firme de mejoría, desligándose del mal, la influencia provocada por las entidades inferiores dará lugar a los consejos y sugestiones edificantes de los benefactores espirituales.

Por lo expresado queda claramente reflejada la acción que los Espíritus ejercen, los unos sobre los otros, sobre todo entre los desligados del envoltorio físico y los encarnados, estableciéndose así una reciprocidad constante de intercambio. De ahí que sea difícil, sino imposible, en determinadas ocasiones, distinguir un pensamiento propio de uno que nos es sugerido. “(...) Generalmente, los pensamientos propios son los que acuden en primer lugar. (...) (3), según lo que consta en la pregunta 461 de “EI Libro de los Espíritus”; sin embargo, en esta misma pregunta los Espíritus dicen que no es de mayor importancia establecer la distinción entre un pensamiento propio y uno sugerido, agregando aún que en muchas ocasiones es útil que no sepamos distinguirlo. (3)

Evidentemente, fue al comprender el valor de esta cuestión que Kardec concluyó: “(...) Si fuera útil que pudiésemos distinguir claramente nuestros propios pensamientos de los que nos sugieren, Dios nos habría proporcionado los medios para conseguirlo, como nos permitió que diferenciemos el día de la noche. Cuando una cosa se mantiene imprecisa, es que conviene que así acontezca.” (3)

CONCLUSIÓN

  • La influencia ejercida por los Espíritus en nuestros pensamientos y actos, tanto
  • ·para el bien como para el mal, es tan grande que al respecto fue dicho por Kardec:
  • ·influyen “mucho más de lo que os imagináis. Influyen a tal punto que, en general, son
  • ·ellos quienes nos dirigen.” (2)
  • “Cuando un pensamiento os es sugerido, tenéis la impresión de que alguien os
  • ·habla. Generalmente, pensamientos propios son los que acuden en primer lugar.
  • ·Finalmente, no os es de gran importancia establecer esa distinción. Muchas veces es
  • ·útil que no sepáis hacerla. (...)” (3)
  • Podéis neutralizar la influencia de los malos Espíritus. “Practicando el bien y
  • ·poniendo en Dios toda vuestra confianza rechazareis la influencia de los Espíritus
  • ·inferiores y aniquilaréis el imperio que desean ejercer sobre vosotros. (...)” (6)

FUENTES DE CONSULTA

BÁSICAS

  1. Kardec, Allan. El Libro de los Espíritus. Trad. De Alberto Giordano. 3. ed. Buenos Aires, Editora Argentina «18 de Abril», 1983. Preg. 107.
  2. Preg. 459.
  3. Preg. 461.
  4. Preg. 462.
  5. Preg. 464.
  6. Preg. 469.

COMPLEMENTARIAS

  1. CALLIGARIS, Rodolfo. Somos Lo Que Pensamos. In: Páginas de Espiritismo Cristiano. ed. Rio de Janeiro, FEB, 1983.
  2. FRANCO, Divaldo Pereira. Perturbadores. In: Glosario Espírita Cristiano. 3. ed. Salvador (Ba) - Brasil, Librería “AIvorada”, 1976. p. 106.
  3. XAVIER, Francisco Cándido. Dominio Telepático. |n:_. En los Dominios de la Mediumnidad. Dictado por el Espíritu André Luiz. 11. ed. Rio de Janeiro, FEB, 1982. p. 3.186.

CASO 01

Cuando volví a encontrarme con mi amigo Custodio Saguarema en la Vida Espiritual, después de la efusión afectiva de compañeros separados desde mucho tiempo atrás, la charla se orientó naturalmente hacia comentarios relativos a la nueva situación.

Sabía que Custodio pertenecía a una familia espírita y seguramente, en esa condición, habría sacado el máximo de ventajas de la existencia que acababa de abandonar. Pensando en eso aventuré una pregunta, en la expectativa de saberlo con excelente bagaje para ingresar en habitaciones superiores. Sin embargo, Saquarema sonrió vagamente y me informó con la aguda autocrítica que le conocía en el mundo de los encarnados:

-Bien, mi querido, no aprecias lo que es una obsesión enmascarada, sin ninguna señal exterior. La tierra me mandó de vuelta para acá según el viejo principio de “ganó pero no se lo lleva”. Acumule mucha consideración y mucho dinero; sin embargo, retorné mucho más pobre que cuando partí rumbo a la reencarnación...

Como percibía que yo no estaba dispuesto a interrumpirlo, continúo:

-No ignoras que renací en un hogar espírita, pero como le sucede a la mayoría de los que reencarnan, llevaba conmigo, ligados a mi clima psíquico, a algunos socios de vicios y extravagancias del pasado, quienes al no tener el vehículo de carne, se valían de mí para vincularse a las sensaciones del plano terrestre, como si yo fuera una vaca en condiciones de cooperar en la alimentación y conducción de una pequeña familia... Debes creer que, por mi parte, había retomado el arado de la vida física, llevando un excelente programa de trabajo que, de haber sido atendido me aseguraría un valioso avance en dirección a las vanguardias de la luz. No obstante, mis parásitos espirituales, astutos e inteligentes, actuaban disimuladamente sin que ni en lo más mínimo presintiera su influencia...

Y, ¿sabes cómo lo hacían?

-¿…?

- Por medio de simples reflexiones íntimas - prosiguió Saquarema desilusionado.- Tan pronto salí de la adolescencia, con una buena dosis de razonamientos lógicos en la cabeza, los instructores amigos me exhortaban, por boca de mis padres, a cultivar el reino del espíritu, refiriéndose al estudio, a la abnegación, al perfeccionamiento, pero, dentro de mí las voces de mis compañeros surgían de mi mente como cursos de agua que fluyen de una vertiente, facilitándome la falsa idea de que hablaba conmigo mismo; “¿Cosas del alma, Custodio? Nade de eso. Este momento es para que vivas la juventud, la alegría, el sol... Deja la filosofía para después...”. Transcurrido algún tiempo me gradué como Bachiller. Las advertencias provenientes del hogar se hicieron sentir con más intensidad, convocándome al deber; sin embargo, mis seguidores, hasta entonces invisibles para mí, replicaban también con una burla que los demás no oían: “¿Ahora? No es el momento oportuno. ¿De que manera vas a armonizar la carrera que acabas de empezar con asuntos de religión? ¡Custodio, Custodio!... Respeta la opinión de la mayoría, ¡no te hagas el loco!...”. Me casé y poco después llamamientos a la espiritualización recrudecieron a mí alrededor. Mis hábiles explotadores, sin embargo, comentaron con vivacidad: “¡No cedas, Custodio! ¿Y las responsabilidades de familia? Es preciso trabajar, ganar dinero, obtener una posición, cuidar de la mujer y los hijos...”. La muerte me quitó a mis padres y yo, abogado y dedicado a las finanzas, ya en la madurez oía todavía a los Buenos Espíritus, por intermedio de compañeros aplicados, que me exigían dedicarme a la elevación moral poniendo en ejecución los compromisos asumidos; no obstante, dentro de mi casa interior se acrecentaban los argumentos de mis obsesores inflexibles: “Custodio, tienes muchas ocupaciones... ¿Cómo vas a dedicar menos tiempo a los negocios? ¿Y la vida social? Piensa en la vida social… No estás preparado para la siembre de la fe.” Enseguida, amigo mío, llegaron la vejez y la enfermedad, esas dos enfermeras del alma que vivían dándose la mano en la Tierra. Empecé a sufrir y a desengañarme. Algunos escasos amigos que me visitaban en mi ancianidad, me trasmitían las postreras invitaciones de la Espiritualidad Mayor, insistían conmigo, esperando que me consagrara a los sagrados asuntos del alma; sin embargo, desde entonces, los gritos de mis antiguos parásitos fueron más intensos, más irónicos, me inspiraban sarcasmo como si fuera yo mismo el que me ridiculizaba: ¡¿Tú, viejo Custodio?! ¿Qué vas a hacer con el Espiritismo? Es demasiado tarde... Profesión de fe, mensajes del otro mundo... ¿Qué se dirá de ti, mi viejo? Tus mejores amigos hablarán de locura, de senilidad... No tengas dudas... Tus propios hijos te privaran de derechos, como si fueras un enfermo mental, inepto para administrar ningún interés económico... Ya se te pasó el tiempo para eso...”

Saquarema me dirigió una significativa mirada y concluyó:

-Mis perseguidores no maltrataron mi cuerpo ni me turbaron la mente. Alimentaron tan sólo mi comodidad y con eso me impidieron todo avance renovador. Vuelvo de la Tierra, querido, imitando al labrador endeudado que regresa, con las manos vacías, de un campo fértil donde podría haber acumulado inimaginables tesoros... Sé que tú todavía escribes para los hombres, nuestros hermanos. Cuéntales mi pobre experiencia; cuando estés junto a ellos refierete a la obsesión pacífica, peligrosa, enmascarada... ¡Diles algo acerca del valor del tiempo, de la grandeza potencial de cada momento, dentro de la peregrinación humana!

Abracé a Saquarema que quedaba con la esperanza puesta en nuevas oportunidades, prometiendo atender su solicitud. Y aquí transcribo su enseñanza personal, que podrá servir a muchos, a pesar de que tengo la certeza de que si ahora yo estuviera reencarnado en la Tierra y recibiera de alguien semejante lección, tal vez estuviera muy poco dispuesto a aprovecharla. (1)

CASO 02

Marques, el expresidente del templo espirita hablaba a su compañero:

-Tendremos asamblea general pasado mañana y estoy recopilando los documentos. Veremos quién puede más. Desmoralizare a los holgazanes.

Y Osorio, el amigo fiel, alegaba:

-Tenga más calma. Ud. Fue presidente durante muchos años. Siempre respetado. Siempre querido. Recordemos nuestras reuniones. Nuestro amigo Dias da Cruz, al que Ud. conoció tan de cerca cuando todavía estaba en este mundo, prometió ayudarlo hasta el final...

-Sé que estoy protegido - decía Marques, mesándose nerviosamente la barba blanca - pero voy a poner las cosas en platos limpios. La dirección fue tomada por asalto. Son muchos los que quieren hacer de esta casa un plato sucio.

-Marques, la ironía es un veneno.

-Tengo fotocopias, fotografía, informaciones y muchos papeles importantes para mostrar el pasado de esos oportunistas. Todo el material será exhibido en la asamblea.

Algunos de esos compañeros descarriados pueden merecer la cárcel.

-¡Medite, Marques, medite! - pedía Osorio- Lo que pasó, pasó... Agitar el fondo de un pozo es hacer lodo. Ore. Pida el amparo de lo Alto.

Y, por invitación del amigo, los dos se pusieron a orar, rogando protección espiritual.

Luego regresaron a la casa de Marques, donde Osorio vería la forma de restar valor a las pruebas.

Al buscar el libelo, el dueño de casa oyó de la mucama[1], que había ingresado el día anterior, la extraña explicación:

-Señor Marques, todos los papeles que Ud. Dejó desparramados sobre las sillas, con fotografía y diarios viejos, se los entregué al basurero cuando pasó por aquí el camión.

-¡Dios mío! - gritó el anciano, cruzando las manos sobre su cabeza, ante Osorio que sonreía - ¡era el trabajo de ocho meses!

Y la joven replicó ingenuamente, sin saber que estaba dando la definición moral:

-¡Pero era mucha suciedad!... (3)

CASO 03

La charla se centraba en el estudio de las tentaciones y Jesús contó, sonriente:

-Un valeroso servidor del Padre trabajaba con desenvoltura en una populosa ciudad de pecadores, con tan grande devoción a la fe y a la caridad que los Espíritus del Mal perdieron la paciencia al contemplar tanta abnegación y desinterés. Después de haberle armado las más peligrosas celadas, sin ningún resultado, enviaron un delegado ante el Genio de las Tinieblas, a fin de escuchar su opinión al respecto.

Uno de ellos, de conciencia endurecida, recibió el encargo y partió.

El Gran Adversario escuchó el caso atentamente y solicitó al Diablo Menor que manifestase sus sugerencias.

El subordinado habló con énfasis:

-¿No podríamos despojarlo de todos sus bienes?

-Esto no- dijo el perverso orientador-; para un siervo de ese temple, la perdida de los recursos materiales es una liberación. De tal manera encontraría mil medios diferentes para aumentar sus tributos a la humanidad.

-Entonces, castigaremos a su familia, dispersándola y forzando a sus hijos a llenarlo de oprobio e ingratitud...- aventuró el pequeño perturbador, reticente.

El perseguidor mayor, mientras tanto, soltó una fuerte carcajada y objetó:

-¿No ves que de ese modo se integraría fácilmente con la familia total que es la multitud?

El embajador, contrariado, acentuó:

-Tal vez será conveniente que flagelemos su cuerpo; lo acribillaremos con heridas y tormentos.

-Nada de esto- agregó el genio satánico-, el encontraría medios para poner más fervor en su confianza y aprovecharía la ocasión para provocar la renovación íntima de mucha gente, mediante el ejercicio de la paciencia y la serenidad frente al dolor.

-¡Instigaremos la calumnia, la sospecha y el odio gratuito en contra de él! - clamó el

emisario.

-¿Para qué? - replicó el Espíritu de las sombras.- Se transformaría en un mártir, redentor de muchos. Se valdrá de cualquier persecución para enaltecerse mejor ante el Cielo.

Exasperado, entonces, el demonio menor adujo:

¿?

-¿Qué dices?- refutó la inteligencia perversa- la muerte le parecería la más dulce bendición, porque habrá de conducirlo a las glorias del Paraíso.

Y al ver que el aprendiz, vencido, se quedaba humildemente callado, el Adversario Mayor hizo un expresivo movimiento con los ojos y aconsejó, locuaz:

-No seas necio. Regresa y di a ese hombre que es un cero en la Creación, que no pasa de un miserable gusano ignorado... Oblígalo a conocer su propia pequeñez, para que jamás se engrandezca y veras...

El enviado regresó satisfecho y puso en práctica el método aconsejado.

Rodeó al valiente servidor con pensamientos de desvalorización, acerca de su pretendida insignificancia y le disparó preguntas mentales como las siguientes:

“¿Cómo te atreves a admitir algún valor en tus obras, si no sirven para nada?

¿No te sientes un simple juguete de las pasiones inferiores de la carne? ¡No te avergüenza la animalidad que traes en tu ser! ¿Qué puede un grano de arena perdido en el desierto? ¿No te das cuenta de que tu posición es como la de un anónimo fragmento de todo?”

El valiente colaborador interrumpió las actividades que le correspondían y luego de escuchar demoradamente las peligrosas insinuaciones, olvidó que el olivo frondoso comienza en el brote frágil y se recostó, desalentado, en el lecho del desánimo y la humillación, para despertar recién en el momento en que la muerte descubría ante el panorama de la vida infinita.

Jesús se quedó en silencio, contemplando la noche calma...

Simón Pedro pronunció una sentida oración y los apóstoles, en compañía de los demás, se despidieron, esa vez meditabundos y asustados. (2)

NEIO LUCIO

=BIBLIOGRAFÍA=

1. XAVIER, Francisco Cándido. Obsesión Pacífica. ln:_. Cartas y Crónicas. Dictadas por el Espíritu Hermano “X”. 4. ed. Rio de Janeiro, FEB, 1979. p. 38-42.

2. XAVIER, Francisco Cándido. El poder de las sombras. ln:_. Ideas e Ilustraciones. Diversos Espíritus. 2. ed. Rio de Janeiro, FEB, 1978. p. 111-113.

3.  XAVIER, Francisco Cándido & VIEIRA, Waldo. Protección Espiritual. ln:_. Almas en Desfile. Dictado por el Espíritu Hilario Silva. 3. ed. Rio de Janeiro, FEB, 1977. p. 32-33.

 

 

 

 

 

 

 




[1] mucamo, ma: Del port. brasileño mucamo, y este de or. inc. 1. m. y f. Arg., Chile, Cuba, Par. y Ur. criado (‖ persona empleada en el servicio doméstico). 2. m. y f. Arg. y Bol. En hospitales y hoteles, persona encargada de la limpieza. (Real Academia Española © Todos los derechos reservados)

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