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Devolver Bien Por Mal - EESE

Devolver bien por mal

RETRIBUIR EL MAL CON EL BIEN

EL EVANGELIO SEGÚN EL ESPIRITISMO. CAP. XII

1. “Habéis oído que se dijo: `Amarás a tu prójimo y odiarás a tus enemigos. Pues yo os digo: Amad a vuestros enemigos; haced el bien a los que os odian, y orad por los que os persiguen y calumnian, para que seáis hijos de vuestro Padre que está en los Cielos, que hace que salga el sol sobre los malos y los buenos, y que llueva sobre los justos y los injustos." data-share-imageurl="">

Author: 
SEA
Date: 
Jueves, 17 Mayo, 2018 - 21:00
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Devolver bien por mal

RETRIBUIR EL MAL CON EL BIEN

EL EVANGELIO SEGÚN EL ESPIRITISMO. CAP. XII

1. “Habéis oído que se dijo: `Amarás a tu prójimo y odiarás a tus enemigos. Pues yo os digo: Amad a vuestros enemigos; haced el bien a los que os odian, y orad por los que os persiguen y calumnian, para que seáis hijos de vuestro Padre que está en los Cielos, que hace que salga el sol sobre los malos y los buenos, y que llueva sobre los justos y los injustos. Porque, si sólo amáis a los que os aman. ¿Qué recompensa tendréis? ¿No hacen también lo mismo los publicanos? Y si saludáis solamente a vuestros hermanos, ¿qué hacéis con eso más que los otros? ¿No hacen lo mismo los gentiles? - Os digo que si vuestra justicia no es mayor que la de los escribas y los fariseos, no entraréis en el reino de los Cielos." (San Mateo, 5:43 a 47 y 20.)

2. “Si amáis a los que os aman, ¿qué mérito tenéis? Puesto que los pecadores también aman a quienes los aman. Si solamente hacéis el bien a los que os lo hacen a vosotros, ¿qué mérito tenéis? Puesto que los pecadores también hacen lo mismo. Si sólo prestáis a aquellos de quienes esperáis recibir el mismo favor. ¿Qué mérito tenéis? Puesto que también los  pecadores se prestan ayuda unos a otros, para recibir otro tanto. Mas, en cuanto a vosotros, amad a vuestros enemigos: haced el bien a todos, y prestad sin esperar nada a cambio.  Entonces, vuestra recompensa será muy grande, y seréis hijos del Altísimo, porque Él es bueno aun con los ingratos y los malvados. Sed, pues, misericordiosos, como también vuestro Dios es misericordioso." (San Lucas. 6:32 a 36.]

3. Si el amor al prójimo es el principio de la caridad, amar a los enemigos es su aplicación sublime, porque esa virtud es una de las más grandes victorias obtenidas contra el egoísmo y el orgullo.

Sin embargo, en esta circunstancia, por lo general se comete una equivocación en cuanto al sentido de la palabra amar. Jesús no pretendió, mediante esas palabras, que tengamos para con el enemigo la misma ternura que para con un hermano o un amigo. La ternura presupone confianza. Ahora bien, no podemos confiar en una persona cuando sabemos que nos quiere mal. No podemos tener para con ella las expansiones de la amistad, porque sabemos que sería capaz de abusar de esa actitud. Entre las personas que desconfían recíprocamente no pueden existir los impulsos de simpatía que hay entre los que mantienen una comunión de pensamientos. En fin, nadie puede experimentar, al encontrarse con un enemigo. el mismo placer que se siente en compañía de un amigo.

Incluso, ese sentimiento es el resultado de una ley física: la de la asimilación y la repulsión de los fluidos. El pensamiento malévolo emite una corriente fluida cuya impresión es penosa. El pensamiento benévolo nos envuelve en un efluvio agradable. De ahí resulta la diferencia de las sensaciones que se experimentan ante la proximidad de un amigo o de un enemigo. Por lo tanto, no es posible que "amar a los enemigos" signifique que no debemos hacer ninguna diferencia entre ellos y los amigos. Este precepto sólo parece difícil, y aun imposible de practicar, porque se considera falsamente que prescribe dar a ambos, amigos y enemigos, el mismo lugar en el corazón. Si la pobreza de las lenguas humanas nos obliga a servirnos de la misma palabra para expresar los diversos matices de un sentimiento, corresponde a la razón establecer la diferencia, según los casos.

Amar a los enemigos no significa, pues, dispensarles un afecto que no está en nuestra naturaleza, porque el contacto con un enemigo nos hace latir el corazón de muy diferente modo que el contacto con un amigo. Amar a los enemigos es no sentir por ellos ni odio, ni rencor, ni deseos de venganza; es perdonarles sin segundas intenciones e incondicionalmente  el mal que nos hacen; es no poner ningún obstáculo para la reconciliación; es desearles el bien en lugar del mal; es alegrarse, en vez de afligirse, con el bien que les sucede; es tenderles una mano caritativa en caso de necesidad; es abstenerse tanto en palabras como en acciones de todo lo que pudiera perjudicarlos; es, en definitiva, retribuirles el mal con el bien, sin intención de humillarlos. Cualquiera que haga esto reúne las condiciones del mandamiento: “Amad a vuestros enemigos".

4. Para los incrédulos, amar a los enemigos es un absurdo. Aquel para quien la vida presente lo es todo, sólo ve en su enemigo un ser pernicioso que perturba su tranquilidad, y cree que sólo la muerte puede librarlo de él. De ahí proviene su deseo de venganza. No tiene ningún interés en perdonar, salvo que sea para satisfacer su orgullo ante el mundo. Perdonar, en ciertos casos, le parece incluso una debilidad indigna de él. Si no responde con la venganza, no dejará por eso de guardarle rencor y de alimentar un secreto deseo de perjudicarlo.

Para el creyente, pero sobre todo para el espirita, la manera de ver es muy diferente, porque fija su mirada en el pasado y en el porvenir, entre los cuales la vida presente es apenas un punto. Sabe que, por el destino mismo de la Tierra, no habrá de encontrar en ella más que hombres malvados y perversos; que las maldades a que está expuesto forman parte de las pruebas que debe sufrir, y el punto de vista elevado en que se coloca contribuye a que las vicisitudes le resulten menos amargas, ya sea que estas provengan de los hombres o de las cosas. Si no se queja de las pruebas, tampoco debe quejarse de aquellos que les sirven de instrumento. Si, en vez de quejarse, da gracias a Dios porque lo puso a prueba, también debe dar gracias a la mano que le proporciona la ocasión de demostrar su paciencia y su resignación. Ese pensamiento lo predispone naturalmente al perdón. Siente, además, que cuanto más generoso es, más se engrandece ante sí mismo y se ubica fuera del alcance de los dardos malévolos de su enemigo.

El hombre que en el mundo ocupa una posición elevada no toma como una ofensa los insultos de aquel a quien considera inferior. Lo mismo sucede con el que se eleva, en el mundo moral, por encima de la humanidad material. Comprende que el odio y el rencor lo envilecerían y lo rebajarían. Ahora bien, para que sea superior a su adversario, es preciso que tenga el alma más grande, más noble y más generosa.

Devolver bien por mal

RETRIBUIR EL MAL CON EL BIEN

EL EVANGELIO SEGÚN EL ESPIRITISMO. CAP. XII

1. “Habéis oído que se dijo: `Amarás a tu prójimo y odiarás a tus enemigos. Pues yo os digo: Amad a vuestros enemigos; haced el bien a los que os odian, y orad por los que os persiguen y calumnian, para que seáis hijos de vuestro Padre que está en los Cielos, que hace que salga el sol sobre los malos y los buenos, y que llueva sobre los justos y los injustos." data-share-imageurl="">