La Reencarnación I

Capullo de una planta
Información adicional sobre el podcast.
Fecha
31-03-2016
Duración
00:36:58
Descripción

La Reencarnación I

J. Rodríguez, compañero de la asociación, nos habla en La Reencarnación I de las afirmaciones vertidas por Jesús de Nazareth en los Evangelios canónicos, y explicadas a la luz del Espiritismo en El Evangelio según el Espiritismo de Allan Kardec.

Resurrección y Reencarnación

5. Había un hombre entre los fariseos, llamado Nicodemo, senador de los judíos, que vino a encontrar a Jesús de noche, y le dijo: “Maestro, sabemos que viniste de parte de Dios para instruirnos como un doctor; porque nadie podría hacer los milagros que tú haces, si Dios no estuviera con él”.

Jesús le respondió: “En verdad, en verdad te digo: Nadie puede ver el reino de Dios si no nace de nuevo”. Nicodemo le dijo: “¿Cómo puede un hombre nacer si ya es viejo? ¿Puede volver a entrar en el seno de su madre, para nacer una segunda vez?”.

Jesús le respondió: “En verdad, en verdad te digo: si un hombre no renace del agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios. Lo que es nacido de la carne, es carne; y lo que es nacido del Espíritu, es Espíritu. No te maravilles de que te haya dicho que es necesario nacer de nuevo. El Espíritu sopla donde quiere, y oyes su voz, pero no sabes de dónde viene, ni adónde va; así es todo hombre nacido del Espíritu”. Nicodemo le respondió: “¿Cómo puede suceder eso?” Jesús le dijo: “¡Cómo! ¿Tú eres maestro en Israel, e ignoras estas cosas? En verdad, en verdad te digo, que no decimos más que lo que sabemos, y que sólo damos testimonio de lo que hemos visto. Con todo, no aceptáis nuestro testimonio. Pero si no me creéis cuando os hablo de las cosas de la Tierra, ¿cómo me creeréis cuando os hable de las cosas del Cielo?” (San Juan, 3:1 a 12.)

6. La idea de que Juan el Bautista era Elías y que los profetas podían volver a vivir en la Tierra se encuentra en muchos de los pasajes de los Evangelios, particularmente en los que han sido transcriptos más arriba (§§ 1 a 3). Si esa creencia hubiese sido una equivocación, Jesús no habría dejado de combatirla, como combatió tantas otras. Lejos de ello, Él la sanciona con toda su autoridad y la coloca como un principio y como una condición necesaria cuando dice: Nadie puede ver el reino de los Cielos si no nace de nuevo. E insiste, al agregar: No te maravilles de que te haya dicho que es NECESARIO nacer de nuevo.

7. Estas palabras: si un hombre no renace del agua y del Espíritu, han sido interpretadas en el sentido de la regeneración mediante el agua del bautismo. No obstante, el texto primitivo dice simplemente: no renace del agua y del Espíritu, en tanto que en algunas traducciones las palabras del Espíritu han sido sustituidas por del Santo Espíritu, lo que ya no se corresponde con el mismo pensamiento. Este punto fundamental se destaca en los primeros comentarios hechos sobre el Evangelio, lo que un día se verificará sin posibilidad de equívocoi.

8. Para que se comprenda el verdadero sentido de esas palabras, es preciso referirse a la significación de la palabra agua, que no se empleaba en la acepción que le es propia.

Los conocimientos que los antiguos tenían acerca de las ciencias físicas eran muy imperfectos. Creían que la Tierra había salido de las aguas, y por eso consideraban al agua como el elemento generador absoluto. En ese sentido, en el Génesis se lee: “El Espíritu de Dios era llevado sobre las aguas; flotaba sobre la superficie de las aguas”; “Que el firmamento sea hecho en medio de las aguas”; “Que las aguas que están debajo del cielo se junten en un solo lugar, y que el elemento seco aparezca”; “Que las aguas produzcan animales vivientes que naden en el agua, y pájaros que vuelen sobre la tierra y bajo el firmamento”.

Según esa creencia, el agua se había convertido en el símbolo de la naturaleza material, así como el Espíritu era el símbolo de la naturaleza inteligente. Estas palabras: “Si el hombre no renace del agua y del Espíritu”, o “en agua y en Espíritu”, significan, pues: “Si el hombre no vuelve a nacer con su cuerpo y su alma”. En ese sentido fueron comprendidas al principio.

Por otra parte, esa interpretación queda justificada con estas otras palabras: Lo que es nacido de la carne, es carne; y lo que es nacido del Espíritu, es Espíritu. Jesús hace aquí una distinción positiva entre el Espíritu y el cuerpo.

Lo que es nacido de la carne, es carne indica claramente que sólo el cuerpo procede del cuerpo, y que el Espíritu es independiente del cuerpo.

9. La frase El Espíritu sopla donde quiere, y oyes su voz, pero no sabes de dónde viene, ni adónde va, puede entenderse como una referencia al Espíritu de Dios, que da la vida a quien quiere; o bien, al alma del hombre. En esta última acepción, la frase “no sabes de dónde viene, ni adónde va” significa que no se conoce lo que ha sido el Espíritu, ni lo que será. Si el Espíritu, o alma, fuese creado al mismo tiempo que el cuerpo, se sabría de dónde vino, puesto que conoceríamos su comienzo. Sea como fuere, ese pasaje es la consagración del principio de la preexistencia del alma y, por consiguiente, del de la pluralidad de las existencias.

A. Kardec. El Evangelio según el Espiritismo. Cap. IV, ítems 5 al 9.

i La traducción de Ostervald está conforme al texto primitivo; dice: no renace del agua y del Espíritu. La de Sacy dice: del Santo Espíritu. La de Lammenais: del Espíritu Santo. (N. de Allan Kardec.) En la primera edición de Le Nouveau Testament de Sacy, publicado en 1667, uno de cuyos ejemplares se conserva en la Biblioteca Nacional de Francia, se lee: de l’Esprit (“del Espíritu”), sin la palabra Saint, es decir, tal como figura en la transcripción del § 5. (N. del T.)

Portada de El Evangelio según el Espiritismo - La reencarnación I

 

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