Motivos de Resignación

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Fecha
26-05-2016
Duración
00:29:14
Tema
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Descripción

Motivos de Resignación

Comentarios sobre el tema Motivos de Resignación, incluido en el libro El Evangelio según el Espiritismo de Allan Kardec.

Motivos de resignación

12. Con estas palabras: Bienaventurados los afligidos, porque serán consolados, Jesús indica, al mismo tiempo, la compensación que aguarda a los que sufren, y la resignación que hace bendecir al sufrimiento como preludio de la curación.

Esas palabras también pueden traducirse de este modo: “Debéis consideraros felices de sufrir, porque vuestros dolores en este mundo son el pago de la deuda que habéis adquirido mediante vuestras faltas pasadas, y esos dolores, cuando se soportan con paciencia en la Tierra, os ahorran siglos de padecimientos en la vida futura. Así pues, debéis sentiros felices de que Dios reduzca vuestra deuda y os permita que la saldéis ahora, pues eso os garantizará tranquilidad en el porvenir”.

El hombre que sufre es semejante al deudor de una cantidad importante, y a quien su acreedor propone: “Si hoy mismo me pagas la centésima parte de tu deuda, te condonaré el resto y quedarás libre. Si no lo haces, te perseguiré hasta que hayas pagado el último centavo”. El deudor, ¿no se sentiría feliz de soportar toda clase de privaciones para liberarse mediante el pago de tan sólo la centésima parte de lo que debe? En vez de quejarse de su acreedor, ¿no le daría las gracias?

Ese es el sentido de estas palabras: “Bienaventurados los afligidos, porque serán consolados”. Son felices porque pagan sus deudas, y porque después de hacerlo quedarán libres. No obstante, si por un lado pagan y por el otro vuelven a endeudarse, nunca se liberarán. Ahora bien, cada nueva falta aumenta la deuda, puesto que no hay una sola, sea cual fuere, que no lleve consigo su castigo necesario e inevitable. Si no es hoy, será mañana. Si no es en esta vida, será en otra. Entre esas faltas es preciso colocar en primer lugar la ausencia de sumisión a la voluntad de Dios. Entonces, si en las aflicciones nos quejamos, si no las aceptamos con resignación y como algo que tenemos merecido, si acusamos a Dios de ser injusto, contraemos una deuda nueva, que nos hace perder el beneficio que habríamos podido obtener del sufrimiento. Por esa razón tendremos que empezar de nuevo, como si a un acreedor que nos presiona, le pagásemos una cantidad a cuenta, y la tomáramos en préstamo de nuevo.

A su ingreso en el mundo de los Espíritus, los hombres aún se encuentran como los obreros que se presentan el día de pago. A unos dirá el patrón: “Aquí tenéis el pago de vuestros días de trabajo”. A otros, a los felices de la Tierra, a los que hayan vivido en la ociosidad y que hayan cifrado su felicidad en la satisfacción del amor propio y en los goces mundanos, les dirá: “Nada os queda por recibir, porque ya habéis recibido vuestro salario en la Tierra. Id y comenzad de nuevo la tarea”.

13. El hombre puede disminuir o aumentar la amargura de sus pruebas según el modo como encare la vida terrenal. Sufre tanto más cuanto más prolongada considera la duración del sufrimiento. Ahora bien, el que se coloca desde el punto de vista de la vida espiritual, abarca con una sola mirada la vida corporal. La ve como un punto en el infinito, comprende su brevedad y reconoce que ese momento penoso pasa muy pronto. La certeza de un porvenir próximo, que será más feliz, lo sostiene y lo anima, y en lugar de quejarse da gracias al Cielo por los dolores que lo hacen adelantar. En cambio, para aquel que sólo toma en cuenta la vida corporal, esta le parece interminable, y el dolor pesa sobre él con toda su fuerza. El modo espiritual de considerar la vida corporal disminuye la importancia de las cosas de este mundo, incita al hombre a moderar sus deseos y a conformarse con su posición sin envidiar la de los otros, al mismo tiempo que atenúa la impresión moral de los reveses y los desengaños que experimenta. Con ello se obtiene la calma y la resignación, tan útiles para la salud del cuerpo como para la del alma, mientras que con la envidia, los celos y la ambición, el hombre se entrega voluntariamente al tormento y, de ese modo, incrementa las miserias y las angustias de su corta existencia.

Allan Kardec. El Evangelio según el Espiritismo. Cap. V, ítems 12 y13.

Portada de El Evangelio según el Espiritismo - Motivos de resignación

 

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