Reencarnación y Lazos de Familia II

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Fecha
21-04-2016
Duración
00:45:26
Descripción

Reencarnación y Lazos de Familia II

Javier Rodríguez, trabajador ad honorem de la Sociedad Espiritista Alicantina, nos comenta en Reencarnación y Lazos de Familia II sobre unas consideraciones que Allan Kardec vertió en el libro El Evangelio según el Espiritismo, cap. IV, ítems 19 al 23.

La Reencarnación y los Lazos de Familia

19. La unión y el afecto que existen entre los parientes son un indicio de la simpatía anterior que los aproximó. Por eso se suele decir, cuando se habla de una persona cuyo carácter, gustos e inclinaciones no tienen ninguna semejanza con los de sus allegados, que esa persona no es de la familia. Al decir eso, se enuncia una verdad más grande de lo que se supone. Dios permite, en las familias, esas encarnaciones de Espíritus antipáticos o extraños, con el doble objetivo de servir de prueba para unos y de medio de progreso para otros. Además, los malos mejoran poco a poco al establecer contacto con los buenos y por efecto de los cuidados que de ellos reciben. Su carácter se suaviza, sus costumbres se depuran, las antipatías se disipan. Así se establece la fusión entre las diferentes categorías de Espíritus, del mismo modo que se da en la Tierra entre las razas y los pueblos.

20. El temor al aumento ilimitado de la parentela como consecuencia de la reencarnación es un temor egoísta, que demuestra en quien lo experimenta una falta de amor suficientemente amplio para abarcar a un gran número de personas. Un padre que tiene muchos hijos, ¿los ama menos de lo que amaría a uno de ellos, si fuese único? No obstante, tranquilícense los egoístas, pues ese temor no tiene sustento. El hecho de que un hombre haya tenido diez encarnaciones, no significa que en el mundo de los Espíritus habrá de encontrar diez padres, diez madres, diez esposas y un número proporcional de hijos y de nuevos parientes. Allá encontrará siempre a los que han sido objeto de su afecto y que estuvieron ligados a él en la Tierra, con grados de parentesco diferentes, o tal vez con el mismo.

21. Veamos ahora las consecuencias de la doctrina de la no-reencarnación. Esta doctrina anula necesariamente la preexistencia del alma. Al ser creadas al mismo tiempo que los cuerpos, no existe entre las almas ningún lazo anterior; son completamente extrañas unas a otras. El padre es extraño a su hijo. Así, la filiación de las familias se encuentra reducida exclusivamente a la filiación corporal, sin ningún lazo espiritual. Por consiguiente, no hay motivo alguno para vanagloriarse de haber tenido por antepasados a tales o cuales personajes ilustres. Con la reencarnación, en cambio, antepasados y descendientes pueden haberse conocido, haber vivido juntos, haberse amado y, más tarde, reunirse a fin de estrechar sus lazos de simpatía.

22. Eso en cuanto al pasado. En cuanto al porvenir, según uno de los dogmas fundamentales que se deducen de la no-reencarnación, el destino de las almas queda irremediablemente determinado después de una sola existencia. La fijación definitiva del destino implica la cesación de todo tipo de progreso, porque si existe algún progreso, ya no hay destino definitivo. Conforme hayan vivido bien o mal, las almas van de inmediato a la morada de los bienaventurados o al infierno eterno. De ese modo, quedan inmediatamente separadas, para siempre, sin la esperanza de volver a unirse nunca más. Padres, madres e hijos, maridos y esposas, hermanos, hermanas y amigos, ya no pueden tener la certeza de volverse a ver. Eso constituye la ruptura inexorable de los lazos de familia.

Con la reencarnación, en cambio, y con el progreso que es su consecuencia, los que se han amado vuelven a reunirse en la Tierra y en el espacio, y marchan juntos para llegar a Dios. Si algunos desfallecen en el camino, retrasan su adelanto y su felicidad, pero la esperanza no está perdida. Mediante el auxilio, el estímulo y el amparo de los que los aman, habrán de salir un día del cenagal en que se sumergieron. Con la reencarnación, por último, existe solidaridad perpetua entre los encarnados y los desencarnados y, por consiguiente, los lazos de afecto se estrechan.

23. En resumen, cuatro alternativas se presentan al hombre en relación con su porvenir de ultratumba: 1.ª) la nada, según la doctrina materialista; 2.ª) la absorción en el todo universal, según la doctrina panteísta; 3.ª) la individualidad con fijación definitiva del destino, según la doctrina de la Iglesia; y 4.ª) la individualidad con progreso ilimitado, según la doctrina espírita. Conforme a las dos primeras, los lazos de familia se rompen al producirse la muerte, sin que haya esperanza alguna de que las almas se vuelvan a encontrar en el porvenir. Con la tercera, pueden volverse a ver, siempre que estén en la misma región, que tanto puede ser el Infierno como el Paraíso. Finalmente, con la pluralidad de las existencias, que es inseparable del progreso gradual, existe la certeza de la continuidad de las relaciones entre los que se han amado, y eso es lo que constituye la verdadera familia.

Portada de El Evangelio según el Espiritismo

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