Suicidio y Locura

Hombre sobre una vía de tren con un cartel pidiendo ayuda
Información adicional sobre el podcast.
Fecha
02-06-2016
Duración
00:51:14
Tema
Categoría
Descripción

Suicidio y Locura

Comentarios a la luz del Espiritismo sobre el Suicidio y Locura, un tema tratado en el libro El Evangelio según el Espiritismo de Allan Kardec.

El suicidio y la locura

14. La calma y la resignación que se logran mediante el modo espiritual de considerar la vida terrestre, así como la fe en el porvenir, otorgan al Espíritu una serenidad que es la mejor prevención contra la locura y el suicidio. En efecto, es cierto que la mayor parte de los casos de locura se deben a la conmoción producida por las vicisitudes que el hombre no tiene coraje para soportar. Por consiguiente, si por la manera como el espiritismo le hace considerar las cosas de este mundo, el hombre toma con indiferencia, y aun con alegría, los reveses y los desengaños que en otras circunstancias lo habrían llevado a la desesperación, es evidente que esa fuerza, que lo coloca por encima de los acontecimientos, preserva su razón de las conmociones que, a no ser por dicha fuerza, lo habrían perturbado.

15. Lo mismo ocurre con el suicidio. Si exceptuamos los suicidios que tienen lugar en estado de embriaguez o de locura, a los que se puede denominar inconscientes, es evidente que, cualesquiera que sean los motivos particulares alegados, la causa del suicidio siempre es el descontento. Ahora bien, aquel que está convencido de que sólo es desdichado por un día y que los días siguientes serán mejores, fácilmente se armará de paciencia. Sólo se desespera en caso de que no vea el término de sus padecimientos. Pero ¿qué es la vida humana con respecto a la eternidad, sino mucho menos que un día? Aquel que no cree en la eternidad, aquel que considera que todo en él concluye junto con la vida, y además está agobiado por la tristeza y el infortunio, sólo ve en la muerte la solución para sus desventuras. Como no espera nada, encuentra muy natural, e incluso muy lógico, abreviar sus miserias mediante el suicidio.

16. La incredulidad, la simple duda acerca del porvenir, en una palabra, las ideas materialistas, son las más grandes instigadoras del suicidio, pues engendran la cobardía moral. Cuando vemos a algunos hombres de ciencia, que apoyados en la autoridad de su saber se esfuerzan en demostrar, los afligidos a quienes los escuchan o leen, que el hombre nada tiene que esperar después de la muerte, ¿no están tratando de convencerlos de que, si son desdichados, lo mejor que pueden hacer es matarse? ¿Qué podrían decirles para desviarlos de esa consecuencia? ¿Qué compensación pueden ofrecerles? ¿Qué esperanza pueden darles? Ninguna, sino la nada. De donde es preciso concluir que si la nada es el único remedio heroico, la única perspectiva, más vale caer en ella cuanto antes y no más tarde, y de ese modo sufrir durante menos tiempo.

La propagación de las ideas materialistas es, por consiguiente, el veneno que inocula la idea del suicidio en una gran cantidad de personas, y aquellos que se convierten en sus apóstoles asumen una tremenda responsabilidad. Dado que con el espiritismo no queda lugar para la duda, el concepto acerca de la vida cambia. El creyente sabe que la vida se prolonga indefinidamente más allá de la tumba, pero en muy diferentes condiciones. De ahí la paciencia y la resignación, que lo desvían naturalmente de la idea del suicidio. De ahí, en una palabra, el valor moral.

Allan Kardec. El Evangelio según el Espiritismo. Cap. V, ítems 14 al 16.

Portada de El Evangelio según el Espiritismo - Suicidio y Locura

 

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