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Fecha
17-05-2017
Duración
00:41:24
Categoría
Descripción

Existencia de Dios

En Existencia de Dios se muestran pruebas de la existencia de Dios y se expica como se manifiesta la providencia Divina.

PRUEBAS DE LA EXISTENCIA DE DIOS

OBJETIVOS

- Citar pruebas de la existencia de Dios.

- Explicar como se manifiesta la Providencia Divina.

  1. PRUEBAS DE LA EXISTENCIA DE DIOS

Allan Kardec colocó en el inicio de El Libro de los Espíritus un capítulo que trata exclusivamente de Dios. Con eso pretendió significar que el Espiritismo se basa, en primer lugar, en la idea de la existencia de un Ser Omnipotente.

Para los Espíritus Superiores, Dios es la inteligencia suprema, causa primera de todas las cosas. (2) Esto quiere decir que, por encima de ese inmenso conjunto de seres, mundos y cosas que constituyen el Universo, está la Inteligencia Suprema, denominada Dios, Padre y Creador de todas las cosas.

El hombre imperfecto, aunque esté desencarnado, disponiendo de facultades perceptivas menos materiales, no consigue percibir la esencia divina. Puede, entre tanto, tener convincentes pruebas de que Dios existe.

Racionalmente, no es posible admitir un efecto sin una causa. Mirando el Universo inmenso, la extensión infinita del espacio cósmico, entendemos el orden y la armonía a que obedece la marcha de los innumerables mundos; observando los seres que constituyen la Naturaleza, identificamos en los minerales las admirables formas de los cristales y las inmensas reservas de agua existentes en el planeta; percibiendo palpitar la vida en las minúsculas formas microscópicas, entendemos los innumerables beneficios que la mayoría trae a la existencia terrestre; analizando la exhuberancia y la belleza del reino vegetal, comprendemos el papel fundamental que representa en la garantía de la vida planetaria; contemplando la variedad de tipos de animales – desde las formas más rudimentarias de los invertebrados, hasta las elaboradas morfologías de los primates y del hombre –, percibimos con nitidez la existencia de Dios, el Creador de la Humanidad, de los seres y de todos los universos.

Es, no obstante, por el sentimiento, más que por el raciocinio, que el hombre puede comprender a Dios. Hay en el hombre, desde el más primitivo hasta el más civilizado, la idea innata de Su existencia. Por encima, pues, del raciocinio lógico, nos prueba que Él existe la intuición que de Él tenemos. Y Jesús, enseñándonos a orar, nos Lo reveló como Padre Nuestro.

He aquí por qué el Espiritismo tiene en la existencia de Dios un principio básico. Sin pretender dar al hombre el conocimiento de la naturaleza íntima de Dios, podemos comprobar que Él existe por la realidad palpitante y viva del Universo que, existiendo, ha de tener un Divino Autor. (3)

  1. LA PROVIDENCIA DIVINA

La providencia es la solicitud de Dios para con sus criaturas. Él está en todas partes, todo lo ve, a todo preside, incluso en las cosas más pequeñas. Es en esto que consiste la acción providencial. (1)

Dios, en relación a sus criaturas, es la propia Providencia, en su más alta expresión, infinitamente por encima de todas las posibilidades humanas. La Providencia Divina se manifiesta en todas las cosas; está inmanente en el Universo y se ejerce por medio de leyes admirables y sabias. Todo fue dispuesto por el amor del Padre, soberanamente bueno y justo, para el bien de sus hijos, desde las más elementales acciones para la manutención y la transmisión de la vida orgánica, garantizando la perpetuidad de las especies, hasta la concesión de la facultad superior del libre albedrío, que da al hombre el mérito de la conquista consciente de la felicidad, por la práctica voluntaria del bien y por la libre búsqueda de la verdad. Dios a todo provee en beneficio de sus criaturas, imprimiéndoles en la conciencia las leyes morales.

Por la observación de esas leyes, el hombre ejercita el libre albedrío de forma adecuada y, en consecuencia, aprende a hacer elecciones más acertadas a lo largo de su jornada evolutiva, una vez que desarrolla la capacidad de distinguir el bien del mal.

La acción providencial queda claramente evidenciada cuando, por el uso de su libre albedrío, el alma construye su propio destino, prepara sus alegrías o dolores. Jamás, no obstante, en el curso de su marcha – en la prueba amarga o en el seno de la lucha ardiente de las pasiones –, le será negado el socorro divino. Nunca debe desanimarse, pues, por más indigna que se juzgue; desde que en sí despierta la voluntad de volver al buen camino, la Providencia le dará auxilio y protección. (4)

Finalmente, la Providencia Divina, en relación a la Humanidad terrestre, también se manifiesta cuando Dios nos confía a Jesús, como discípulos a un maestro y como ovejas a un pastor, dándonos la certeza de que no estamos en ningún momento desamparados a nuestra propia suerte.

FUENTES

  1. Kardec, Allan. La providencia. La Génesis. Trad. De Guillón Ribeiro. 32. ed. Río de Janeiro: FEB, 1995. cap. II. Item 20, p. 60.

  2. ______ Dios y el Infinito. El Libro de los Espíritus. Trad. De Guillón Ribeiro. 79.ed Río de Janeiro: FEB, 1997. Parte 1ª. Cap. I, preg. 1, p. 51.

  3. ______ Preg. 4-9 y comentario, p. 53.

  4. DENIS, León. Libre albedrío y la providencia. Después de la Muerte. Trad. De Juan Lourenzo de Souza. 19. ed. Río de Janeiro: FEB, 1996, p. 243.

*    *    *

Esperanza

Porque todo lo que antes fue
escrito, para nuestra enseñanza fue
escrito, para que por la paciencia y
consolación de las Escrituras
tengamos esperanza.”

– Pablo (Romanos, 15:4)

La esperanza es la luz del cristiano.

No todos consiguen, por el momento, el vuelo sublime de la fe, mas la fuerza de la esperanza es tesoro común.

No todos pueden ofrecer, cuando quieren, el pan del cuerpo y la lección espiritual, pero nadie en la Tierra está impedido de esparcir los beneficios de la esperanza.

El dolor acostumbra agitar a los que se encuentran en el “valle de la sombra y de la muerte”, donde el miedo establece atrición y donde la aflicción percibe el “rugir de dientes”, en las “tinieblas exteriores”, pero existe la luz interior que es la esperanza.

La negación humana declara falencias, labra atestados de imposibilidad, traza inextricables laberintos, no obstante, la esperanza viene de arriba, a la manera del Sol que ilumina desde lo alto y alimenta las simientes nuevas, despierta propósitos diferentes, crea modificaciones redentoras y abre visiones más altas.

La noche espera el día, la flor el fruto, el gusano el porvenir... El hombre, aunque se sumerja en la incredulidad o en la duda, en la lágrima o en la dilaceración, será socorrido por Dios con la indicación del futuro.

Jesús, en la condición del Maestro Divino, sabe que los aprendices no siempre podrán acertar enteramente, que los errores son propios de la escuela evolutiva y, por esto mismo, la esperanza es uno de los cánticos sublimes de su Evangelio de Amor.

Inmensas han sido, hasta hoy, nuestras caídas, pero la con fianza de Cristo es siempre mayor. No nos perdamos en lamentaciones. Todo momento es instante para oír a Aquél que pronunció el “Venid a mí”…

Levantémonos y prosigamos, convencidos de que el Señor nos ofreció la luz de la esperanza, a fin de que encendamos en nosotros mismos la luz de la santificación espiritual.

FEDERACIÓN ESPÍRITA BRASILEÑA.
ESTUDIO Y EDUCACIÓN DE LA MEDIUMNIDAD. PROG. I, 1ª PARTE, GUÍA 1.

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